Publicada

Hay pocas cosas más propias de Galicia que esperar a que deje de llover. Pero este otoño la situación se ha dado la vuelta. Los ríos gallegos llevan semanas con niveles de caudal más bajos de lo habitual. Durante el verano, muchos municipios se vieron obligados a limitar el uso del agua. Prohibido regar a partir de equis horas, llenar las piscinas o incluso lavar los coches. Por suerte, ahora algunas de esas medidas ya no están, pero eso no quita que asuste ver los ríos todavía vacíos. Sobre todo teniendo en cuenta la temporada del año en la que nos encontramos. Octubre y apenas se ve una gota caer del cielo.

Y es que el agua está tardando en llegar a Galicia. La Xunta declaró a finales de septiembre la situación de sequía prolongada en los sistemas de los ríos Ulla-Tambre y Costa Norte, que abarcan 74 municipios de A Coruña y Lugo, después de constatar una reducción importante de las precipitaciones y de los recursos hídricos naturales.

Esta declaración no significa que los vecinos de estos municipios tengan restricciones de agua. La sequía prolongada y la escasez son situaciones diferentes y las medidas de ahorro dependen de la fase en la que se encuentre cada sistema.

A finales de septiembre, la Xunta mantenía en alerta por escasez los sistemas del río Lérez, en Pontevedra, y del río Anllóns y Costa de A Coruña hasta Arteixo, además de medidas equivalentes en Baiona. Otros sistemas, entre ellos el Mandeo, el Tambre, Ferrol o el río Mero, Arteixo y la ría de A Coruña, se encontraban en situación de prealerta.

En total, el mapa de seguimiento de Augas de Galicia incluía entonces 32 concellos en alerta o con medidas equivalentes y otros 95 en prealerta. Una fotografía que puede haber cambiado en los últimos días, especialmente después de las lluvias registradas en distintos puntos de la comunidad.

Un verano de restricciones

Los efectos de esta falta de agua sí se dejaron notar durante el verano. En Pontevedra, por ejemplo, la situación de alerta en la cuenca del Lérez llevó a aplicar las restricciones correspondientes, como limitar los riegos y baldeos y prohibir llenar piscinas o lavar coches.

Ahora, desde el Concello explican que la situación se vive con normalidad, aunque "las lluvias registradas hasta el momento no han cambiado demasiado los datos". También apuntan a las oscilaciones que se han ido registrando en el caudal del Lérez durante los últimos meses.

En Curtis, la situación es más tranquila. El Mandeo ha recuperado bastante caudal después de unas semanas complicadas en las que la falta de agua llegó incluso a condicionar la actividad en el polígono de Teixeiro. El embalse de A Castellana también llegó a presentar niveles muy bajos, pero actualmente el río está recuperando la normalidad.

En Cerceda tampoco ven una situación alarmante. El caudal bajó algo más de lo habitual y algunos arroyos llegaron a quedarse secos, pero esperan que las lluvias permitan recuperar los niveles. Algo parecido ocurre en Cedeira, donde durante el verano también tuvieron que tomar medidas para limitar el uso del agua, pero ahora aseguran estar tranquilos.

En general, todos los Concellos esperan con buenos ojos la llegada de lluvias.

Galicia vuelve a mirar al cielo

La situación, por tanto, no es igual en todos los puntos de Galicia. Algunos ríos han comenzado a recuperar parte de su caudal y las restricciones que se aplicaron durante el verano ya no están vigentes en los municipios consultados. Pero la lluvia sigue haciendo falta.

Los datos facilitados por la Xunta a finales de septiembre situaban los embalses de abastecimiento de Galicia-Costa en el 52,34% de su capacidad, casi 13 puntos menos que en las mismas fechas de 2025. Un dato que sirve para hacerse una idea del escenario de hace unos días, aunque la situación puede haber variado con las últimas precipitaciones.

Ahora la mirada está puesta en el cielo. La DANA prevista para estos días puede dejar lluvias importantes en Galicia y ayudar a que los ríos recuperen parte del caudal perdido.

Después de un verano en el que algunos municipios llegaron a pedir que se redujera el consumo de agua, Galicia encara el otoño esperando precisamente lo contrario: que vuelva la lluvia. Esa que durante tantos meses parece que sobra y que ahora los ríos gallegos necesitan para recuperar su imagen habitual.