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Galicia ha cerrado el verano de 2026 con un nuevo récord de temperaturas. Los meses de junio, julio y agosto han conformado el verano más cálido de la serie histórica de la comunidad, que arranca en 1961, superando incluso al que hasta ahora ostentaba ese registro, el de 2025. El balance de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) refleja así dos veranos consecutivos de récord en una tendencia de temperaturas cada vez más elevadas.

El delegado de la AEMET en Galicia, Francisco Infante, ha explicado que el verano fue "extremadamente cálido" en el conjunto de la comunidad y que el comportamiento de los tres meses fue desigual. "Junio y julio fueron extremadamente cálidos y agosto muy cálido", ha resumido. La última decena de agosto, con temperaturas más bajas y precipitaciones generalizadas, permitió rebajar ligeramente la media del trimestre.

El calor no fue el único elemento destacado del verano. Galicia también registró una elevada insolación: fue el segundo verano de la serie con más horas de sol, únicamente por detrás de 2016. La combinación de una situación anticiclónica persistente y una mayor presencia de aire cálido contribuyó a explicar tanto las temperaturas como la escasez de lluvias durante buena parte de la estación.

En cuanto a las precipitaciones, el verano terminó siendo seco, aunque con diferencias muy importantes entre meses. Junio y julio fueron muy secos, mientras que agosto resultó muy húmedo y permitió compensar parcialmente el déficit acumulado durante los dos primeros meses.

Un verano de récord marcado por tres olas de calor

Durante el verano se produjeron tres olas de calor que afectaron, con distinta intensidad y duración, a Galicia. En el conjunto de la Península Ibérica fueron episodios mucho más prolongados e intensos, hasta el punto de acumular cerca de 60 días de ola de calor durante los tres meses en diferentes zonas.

La primera se desarrolló entre el 20 y el 27 de junio, la segunda entre el 2 y el 24 de julio y la tercera comenzó a finales de julio y se prolongó durante agosto. Aunque Galicia no sufrió estas situaciones con la misma intensidad que otras zonas peninsulares, sí estuvo afectada por las tres.

Uno de los momentos más llamativos del verano llegó incluso antes de algunas de las jornadas más intensas. El 13 de junio, A Coruña alcanzó los 35,9 grados, la segunda temperatura más alta registrada en la ciudad desde que existe la serie histórica, que comienza en 1931. Solo queda por encima el récord registrado en agosto de 1961.

Además, las temperaturas mínimas fueron especialmente elevadas. Las denominadas noches tropicales, con mínimas de al menos 20 grados, fueron frecuentes durante el verano, una circunstancia especialmente relevante en una comunidad en la que las noches habitualmente permiten aliviar el calor acumulado durante el día.

Junio: calor extremo y poca lluvia

Junio fue uno de los grandes responsables del récord del verano. El mes resultó extremadamente cálido y muy seco, con temperaturas especialmente elevadas alrededor del día 13 y durante los últimos días.

En numerosos puntos de Galicia se superaron los 40 grados en los episodios de mayor calor. La costa tampoco quedó al margen y registró temperaturas anormalmente elevadas para lo habitual en estas zonas.

En A Coruña, los 35,9 grados del día 13 constituyeron el segundo valor más alto de toda la serie histórica de la ciudad. El récord continúa correspondiendo a agosto de 1961.

La precipitación, por el contrario, fue escasa. Aunque se produjeron tormentas en diferentes puntos de Galicia, el balance general del mes fue seco.

Julio: el segundo gran episodio extremo

Julio volvió a situarse en niveles excepcionalmente altos. Fue también extremadamente cálido, hasta el punto de convertirse en el julio más cálido de la serie histórica gallega, por delante incluso del de 2022.

Durante el mes se produjo buena parte de la segunda ola de calor y comenzó la tercera. Las temperaturas nocturnas volvieron a ser especialmente llamativas.

Infante puso como ejemplo el caso de Vigo, donde el 4 de julio la temperatura mínima no bajó de los 25,1 grados. Se trata de un valor extraordinariamente elevado incluso dentro de la categoría de noches tropicales.

Julio fue también muy seco en cuanto a precipitaciones, aunque las tormentas aparecieron de manera puntual en diferentes zonas.

Agosto: las lluvias y el fresco frenan el récord

Agosto mantuvo temperaturas por encima de lo habitual, pero tuvo un comportamiento diferente. La AEMET lo clasifica como muy cálido, aunque claramente menos extremo que junio y julio.

La clave estuvo en los últimos diez días del mes. "La última decena del mes de agosto fue fresquita", explicó Infante. Ese descenso de las temperaturas permitió compensar parcialmente el calor acumulado durante los primeros veinte días.

También llegaron las lluvias. Las precipitaciones fueron bastante generalizadas y algunas zonas recibieron cantidades importantes, convirtiendo agosto en un mes muy húmedo. Esa situación fue determinante para que el verano no terminase siendo todavía más seco.

Septiembre vuelve a dejar calor y pocas lluvias

El cambio de tendencia de finales de agosto no ha tenido continuidad completa durante el comienzo de septiembre. La primera quincena del mes está siendo notablemente más cálida y seca de lo normal.

Tras el pequeño paréntesis de temperaturas más bajas y lluvias de los últimos días de agosto, Galicia ha recuperado una situación más parecida a la predominante durante buena parte del verano.

Aunque las temperaturas han bajado ligeramente durante estos últimos días, la previsión apunta a una recuperación del calor a corto plazo. "Irán subiendo, volverán a subir y llegaremos al fin de semana ya con temperaturas más altas de lo normal", explicó el delegado de la AEMET.

La previsión para los próximos días tampoco apunta a un cambio importante en las precipitaciones. Según Infante, no se esperan lluvias relevantes ni durante lo que queda de esta semana ni durante buena parte de la siguiente.

El invierno mantiene todavía el balance hídrico en positivo

El balance de precipitaciones requiere, sin embargo, mirar más allá del verano. El año hidrológico termina el próximo 30 de septiembre y Galicia llega a este cierre con una situación que, a primera vista, no resulta especialmente preocupante.

El motivo es el invierno. La estación fue muy lluviosa y dejó una importante reserva de precipitación acumulada. De hecho, el balance de los últimos doce meses permanece todavía en valores próximos a la normalidad.

Pero la situación cambia radicalmente cuando se analiza únicamente el periodo más reciente. La primavera fue extremadamente seca y el verano volvió a ser seco. El índice de precipitación estandarizado de seis meses muestra precisamente ese deterioro.

"Estamos viviendo de las rentas del invierno", señaló Infante. El responsable de la AEMET explicó que, si se elimina del análisis el invierno lluvioso, "las cosas cambian radicalmente".

El déficit acumulado durante primavera y verano ya ha provocado problemas de disponibilidad de agua en algunos puntos de Galicia. No se trata de una situación generalizada en toda la comunidad, pero sí de un fenómeno que ha afectado a determinadas zonas.

¿Por qué ha hecho tanto calor? El "domo de calor"

Una de las explicaciones aportadas por la AEMET para entender la persistencia de los episodios de calor es la presencia de una configuración atmosférica conocida como "domo de calor" o "heat dome".

Esta situación está relacionada con una potente dorsal anticiclónica en altura y la entrada de masas de aire muy cálido procedentes del norte de África. Durante este verano, la dorsal llegó a extenderse hacia el norte de Europa, afectando también a países como Francia, Reino Unido, Países Bajos y otras zonas del centro y norte del continente.

La presencia prolongada de altas presiones favorece además el movimiento descendente del aire. Al descender, el aire se comprime y aumenta su temperatura, un proceso que, combinado con la intensa insolación, contribuye a mantener las temperaturas muy elevadas durante varios días.

La persistencia de esta situación ayuda también a explicar las temperaturas nocturnas. Con poca renovación de las masas de aire, el calor acumulado durante el día no se pierde con facilidad y las mínimas permanecen elevadas.

Menos nordestes, menos nieblas y un mar más cálido

La configuración atmosférica del verano tuvo además consecuencias especialmente visibles en la costa gallega. Uno de los fenómenos que escaseó fueron los vientos del nordeste, habituales durante el verano y responsables de buena parte del refrescamiento de las zonas litorales.

"Este año ya hemos tenido tan pocos nordestes en Galicia", explicó Infante. La ausencia de estos vientos también contribuyó a mantener elevada la temperatura del agua del mar.

Habitualmente, el viento del nordeste favorece el afloramiento de aguas profundas y frías frente a las costas gallegas. Al reducirse este mecanismo, el agua superficial permaneció más cálida. La misma configuración atmosférica ayuda a explicar otro fenómeno llamativo: la escasez de nieblas durante el verano.

Qué se espera para lo que queda de 2026

La previsión de la AEMET para el último trimestre del año, octubre, noviembre y diciembre, mantiene la tendencia de temperaturas superiores a lo habitual, aunque introduce una expectativa diferente en cuanto a las precipitaciones.

Para el conjunto de España existe una alta probabilidad de que el trimestre sea más cálido de lo normal, una previsión que incluye Galicia y que prolonga la tendencia observada durante los últimos meses.

En cuanto a la lluvia, el escenario cambia. Existe una mayor probabilidad de que el trimestre sea más húmedo de lo normal en la vertiente atlántica de la Península, zona en la que se encuentra Galicia.

Infante considera que, si se cumple, sería una buena noticia después de la primavera y el verano secos. Sin embargo, la predicción no permite determinar todavía cuándo llegarán esas lluvias ni cómo se distribuirán.

"No podemos decir" en qué momento concreto comenzarán, explicó. De hecho, la previsión indica que lo que queda de septiembre será previsiblemente seco, aunque la situación podría cambiar durante los primeros días de octubre.

El delegado de la AEMET puso además el foco en una cuestión importante: que un trimestre más húmedo no significa necesariamente que vaya a llover de forma regular. "A ver si resulta que las lluvias se nos concentran en cuatro días, con lo cual puede ser tremendo", señaló.

Por eso, más allá de que aumente la cantidad total de precipitación, será relevante su distribución temporal. Para Galicia, unas lluvias repartidas durante semanas tendrían un efecto muy diferente al de varios episodios concentrados en pocos días.

Octubre: posible cambio de tendencia

Octubre aparece como el primer momento en el que podría producirse un cambio respecto al patrón seco de septiembre. La predicción trimestral apunta a una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de lo normal en la vertiente atlántica, aunque la AEMET no puede precisar todavía en qué fechas concretas llegarán.

En temperaturas, el escenario general sigue apuntando a valores superiores a la media. Por tanto, el comienzo del otoño podría combinar temperaturas relativamente altas con un aumento de las precipitaciones.

Noviembre: continúa el escenario más cálido de lo habitual

Para noviembre, la predicción trimestral mantiene la señal de temperaturas superiores a los valores normales. En precipitaciones, Galicia permanece dentro de la zona atlántica para la que existe una mayor probabilidad de un trimestre húmedo.

No obstante, la AEMET insiste en que estas predicciones tienen carácter probabilístico y no permiten establecer ahora un calendario concreto de lluvias.

Diciembre: un final de año previsiblemente cálido

El último mes de 2026 se incluye igualmente en un trimestre para el que la AEMET observa una elevada probabilidad de temperaturas por encima de lo normal en buena parte del país.

En cuanto a precipitaciones, diciembre forma parte del mismo escenario atlántico favorable a una mayor humedad. El comportamiento real dependerá, en todo caso, de cómo evolucionen las situaciones meteorológicas durante el otoño.

¿Qué puede ocurrir en 2027?

Durante la comparecencia también surgió la situación de El Niño, un fenómeno climático de escala global que puede modificar los patrones de temperatura y precipitación en diferentes regiones del planeta.

Infante explicó que el episodio está adquiriendo una intensidad destacada y recordó que sus efectos más importantes no tienen por qué producirse inmediatamente, sino que pueden manifestarse posteriormente.

Entre los posibles impactos asociados a un episodio de El Niño especialmente intenso se encuentran temperaturas extremas en distintas zonas del planeta, episodios de sequía y precipitaciones muy intensas capaces de provocar inundaciones.

El delegado de la AEMET quiso, sin embargo, marcar distancias con algunas predicciones más categóricas sobre el próximo verano. "No voy a decir que sí, que no, porque no lo sabemos", señaló al ser preguntado sobre la posibilidad de que 2027 vuelva a batir el récord de calor.

Sí reconoció que existen análisis que apuntan a esa posibilidad, pero subrayó que todavía no puede determinarse cómo afectará exactamente el fenómeno a Galicia.

"Fuera de la franja tropical, en las zonas nuestras, por ejemplo, en latitudes medias, ya es más difícil precisar", explicó. En cualquier caso, añadió que las temperaturas globales tenderán a mantenerse elevadas.