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La relación entre el PSOE y el BNG en A Coruña durante la legislatura 2023-2027 no se rompió de golpe. No hubo un único pleno, un solo proyecto o una discusión concreta que explicase el divorcio político entre las dos formaciones. Lo que ha ocurrido en María Pita durante estos tres años se parece más a un desgaste progresivo: un acuerdo que nació con voluntad de entendimiento, varios momentos de colaboración, cada vez más reproches y una confianza que se fue deteriorando hasta que ambas partes dejaron de encontrar motivos para seguir sentándose juntas.

Cuando Inés Rey fue reelegida alcaldesa en junio de 2023, el PSOE no tenía mayoría absoluta. Los socialistas habían conseguido 11 concejales, que en la práctica son 10 por la ausencia de Diana Cabanas, frente a los 12 del PP y los cuatro del BNG, por lo que necesitaban los votos nacionalistas para que Rey pudiese continuar al frente del Ayuntamiento. PSOE y BNG alcanzaron entonces un acuerdo de investidura con medio centenar de compromisos, pero hubo desde el principio una diferencia importante respecto a lo que había sucedido en otros mandatos: el BNG no entró en el Gobierno municipal. Francisco Jorquera permitió la investidura, pero dejó claro que su formación seguiría en la oposición y que su apoyo estaría condicionado al cumplimiento de lo pactado.

Aquella fórmula fue la que marcó toda la legislatura. Inés Rey tenía que gobernar en minoría y buscar acuerdos para sacar adelante sus principales decisiones, mientras el BNG podía facilitar determinados asuntos sin asumir responsabilidades de gobierno. Sobre el papel, era una fórmula que permitía a ambas partes mantener su autonomía. En la práctica, significaba que cada desacuerdo podía convertirse en una prueba sobre la capacidad del PSOE para cumplir sus compromisos y sobre la disposición del BNG a seguir facilitando la gobernabilidad.

El comienzo fue tranquilo: el presupuesto de 2024 como primera prueba

Durante los primeros meses, la relación funcionó razonablemente bien. En noviembre de 2023, apenas medio año después de las elecciones, PSOE y BNG alcanzaron un acuerdo para sacar adelante los presupuestos municipales de 2024. Las cuentas rondaban los 375 millones de euros e incorporaban varias de las reivindicaciones planteadas por los nacionalistas en materias como los barrios, la vivienda, la movilidad, los servicios públicos o determinados proyectos estratégicos para la ciudad.

Fue la primera demostración de que aquella fórmula podía funcionar. El PSOE conservaba el Gobierno y el BNG ejercía la oposición, pero los cuatro concejales nacionalistas tenían capacidad suficiente para introducir medidas en las cuentas municipales. Ambas partes podían presentar el acuerdo como un ejercicio de negociación política: Inés Rey conseguía estabilidad para sus primeros presupuestos y el BNG podía atribuirse parte del contenido de unas cuentas que consideraba mejoradas gracias a sus propuestas.

El problema es que el acuerdo presupuestario no solucionaba la cuestión de fondo. El pacto de investidura contenía numerosos compromisos y varios de ellos tenían plazos concretos. Conforme avanzaron los meses, el BNG empezó a considerar que el Gobierno socialista no estaba ejecutando lo pactado con la rapidez suficiente. El PSOE, mientras tanto, defendía su gestión y recordaba que muchas de las medidas requerían trámites administrativos, presupuestos o acuerdos con otras administraciones. Ahí comenzó a aparecer una palabra que acabaría siendo determinante en la relación entre ambas formaciones: confianza.

2024: del entendimiento a los primeros reproches

En marzo de 2024, el BNG comenzó a elevar públicamente el tono sobre el cumplimiento del acuerdo de investidura. Los nacionalistas reclamaban avances en los compromisos asumidos por el Gobierno local y advertían de que su apoyo a Inés Rey no podía interpretarse como un cheque en blanco. Para el PSOE, en cambio, la situación era diferente: el Gobierno estaba desarrollando su programa y no todos los compromisos podían ejecutarse al mismo tiempo.

Puede parecer una discusión administrativa, pero políticamente era mucho más importante. Cada proyecto pendiente se convertía en un argumento para el BNG y cada avance era utilizado por el PSOE para defender que sí estaba cumpliendo. La relación comenzó así a entrar en una dinámica en la que las dos formaciones hablaban de los mismos acuerdos, pero hacían una lectura diferente de su grado de cumplimiento.

A esa tensión se fueron sumando otros asuntos. La polémica alrededor de las obras realizadas en la vivienda del entonces portavoz socialista José Manuel Lage generó un nuevo enfrentamiento con la oposición, incluido el BNG. El asunto terminó archivado, pero durante aquellas semanas contribuyó a aumentar la presión sobre el Gobierno municipal y a deteriorar todavía más el clima político en María Pita.

El IMCE y el primer aviso serio de que el BNG podía bloquear al PSOE

En mayo de 2024 llegó otro episodio relevante con la situación económica del Instituto Municipal Coruña Espectáculos, el IMCE. El BNG reclamó al Gobierno local que solucionase la deuda del organismo y llegó a anunciar que no apoyaría nuevos asuntos municipales mientras el problema no quedase resuelto.

El mensaje tenía una importancia que iba mucho más allá de la propia deuda. Por primera vez durante el mandato, el BNG enseñaba claramente que estaba dispuesto a utilizar sus cuatro concejales para condicionar la acción del Gobierno. Los socialistas ya no podían dar por hecho que los nacionalistas facilitarían determinadas iniciativas por el simple hecho de haber permitido la investidura de Inés Rey.

La relación entraba así en una nueva fase. El BNG quería que el PSOE entendiese que los acuerdos tenían consecuencias y que los cuatro concejales nacionalistas podían ser decisivos. El PSOE, por su parte, tenía que gobernar con 11 concejales y buscar apoyos asunto por asunto, algo que inevitablemente hacía más complicada la gestión de una ciudad como A Coruña.

Durante unos meses todavía hubo capacidad para reconducir las diferencias, pero el problema de fondo seguía sin solucionarse: ambas partes tenían una idea distinta de lo que debía significar el acuerdo de investidura.

El problema era decidir juntos

A medida que avanzaba 2024, los desencuentros comenzaron a afectar también a los grandes proyectos de ciudad. El BNG criticó que el Gobierno de Inés Rey anunciase determinadas actuaciones sin alcanzar previamente un consenso con los nacionalistas, mientras el PSOE defendía su capacidad para ejercer las competencias que le correspondían como Gobierno municipal.

La diferencia parece pequeña, pero es fundamental para entender el posterior divorcio. El PSOE entendía que haber recibido los votos del BNG para la investidura no significaba que los nacionalistas tuviesen derecho a participar en todas las decisiones del Ejecutivo. El BNG, sin embargo, entendía que gobernar en minoría obligaba a Inés Rey a buscar acuerdos políticos antes de impulsar determinadas actuaciones.

Esa discusión apareció en proyectos como As Xubias, el Mundial de 2030 o el plan estratégico de la ciudad, pero se extendía también a cuestiones mucho más cotidianas. El problema dejó de ser simplemente si un compromiso concreto se había ejecutado o no. Poco a poco empezó a convertirse en una cuestión sobre qué papel debía tener el BNG en un Ayuntamiento gobernado por el PSOE en minoría.

Noviembre de 2024: el BNG rompe la negociación de los presupuestos de 2025

El momento que cambió definitivamente la relación llegó en noviembre de 2024. Después de meses de reproches, el BNG anunció que no iba a negociar los presupuestos municipales de 2025 con el PSOE. El argumento nacionalista era que la confianza se había deteriorado y que antes de hablar de nuevas cuentas había que cumplir los compromisos anteriores.

La decisión tuvo una consecuencia inmediata: Inés Rey perdía al socio que había permitido aprobar los presupuestos de 2024. El Gobierno socialista seguía teniendo que gobernar con 11 concejales, pero ahora ya no podía confiar en que los cuatro votos del BNG estuviesen disponibles para alcanzar acuerdos presupuestarios.

El rechazo a negociar las cuentas de 2025 abrió además una situación especialmente incómoda porque el BNG y el PP, aunque desde posiciones políticas muy diferentes, coincidieron en votar contra la propuesta socialista. No era un acuerdo entre nacionalistas y populares para gobernar juntos, pero sí significaba que el PSOE se quedaba sin apoyos suficientes para aprobar sus cuentas por la vía ordinaria.

La crisis terminó llevando a Inés Rey a utilizar una cuestión de confianza vinculada al presupuesto. La alcaldesa consiguió superar aquel escenario porque la oposición no presentó una alternativa de gobierno, pero el episodio dejó una imagen que ya no se volvería a borrar: el BNG había pasado de hacer posible la investidura de Inés Rey a votar en contra de uno de los instrumentos fundamentales de su Gobierno.

Nuevo entendimiento

Durante 2025, PSOE y BNG volvieron a acercarse. Después de la batalla de los presupuestos de ese año, ambas formaciones retomaron las conversaciones y comenzaron a negociar las cuentas de 2026. Hubo de nuevo reuniones, propuestas y concesiones hasta alcanzar un acuerdo a finales de diciembre.

El presupuesto de 2026 volvió a superar los 375 millones de euros y el BNG consiguió introducir algunas de sus principales reivindicaciones, entre ellas la recuperación de los presupuestos participativos y un mayor control del pleno sobre la ejecución presupuestaria. Las dos formaciones volvieron a votar juntas y durante un momento pareció que la crisis del año anterior podía haber quedado atrás.

Pero aquella reconciliación ya no era la de 2023. Había una diferencia fundamental: la confianza había dejado de ser el punto de partida y se había convertido en algo que había que reconstruir continuamente. Cada nuevo acuerdo estaba acompañado de una lista de compromisos, plazos y condiciones, y cualquier retraso podía volver a abrir la herida anterior.

Cambia el escenario y el tono

El año 2026 introdujo además un elemento político nuevo. Francisco Jorquera dejó paso a Avia Veira como candidata del BNG a la Alcaldía para 2027, en un momento en el que quedaban menos de doce meses para las elecciones municipales.

El relevo no explica por sí solo la ruptura, porque los problemas entre PSOE y BNG venían de mucho antes. Pero sí coincidió con una etapa en la que los nacionalistas endurecieron su posición y comenzaron a exigir al Gobierno socialista respuestas sobre cuestiones como las cuentas municipales, los residuos, Nostián, el transporte urbano, la movilidad, el personal del Ayuntamiento, las instalaciones deportivas o las escuelas infantiles.

La relación volvió a entrar en una dinámica conocida. El BNG reclamaba avances en los compromisos pendientes y el PSOE defendía que estaba cumpliendo lo acordado. La diferencia es que esta vez quedaba mucho menos tiempo para las elecciones y había menos margen para seguir prorrogando una relación basada en acuerdos parciales.

En los meses anteriores, cada crisis había terminado con una negociación. En 2026 empezó a resultar cada vez más difícil encontrar un punto de encuentro.

Avia Veira dio por terminado el pacto

El 21 de julio llegó el desenlace. Avia Veira anunció que el BNG daba por rotos los acuerdos que mantenía con el PSOE, incluido el pacto de investidura que había permitido a Inés Rey continuar como alcaldesa.

La portavoz nacionalista justificó la decisión por la acumulación de compromisos que, según el BNG, seguían pendientes de cumplir. La lista incluía cuestiones relacionadas con Nostián y los residuos, el transporte urbano, la movilidad, la plantilla municipal, las instalaciones deportivas, las escuelas infantiles, la accesibilidad y la memoria democrática, entre otras materias.

La respuesta de Inés Rey fue contundente. La alcaldesa rechazó la interpretación del BNG y defendió que el Gobierno municipal había cumplido los compromisos asumidos. También acusó a los nacionalistas de acercarse políticamente al PP y cuestionó que la ruptura se produjese a pocos meses de las elecciones municipales.

Un último intento sin respuesta

La alcaldesa todavía intentó recuperar el diálogo. Con el inicio del curso político y la preparación de los presupuestos de 2027, Inés Rey invitó al BNG a sentarse a negociar las nuevas cuentas. El argumento socialista era que el propio acuerdo de investidura establecía la negociación presupuestaria como una vía de entendimiento y que todavía había tiempo para alcanzar acuerdos. La respuesta nacionalista fue no acudir.

El BNG considera que no tiene sentido negociar unas cuentas nuevas mientras continúen pendientes, según su interpretación, compromisos incluidos en los acuerdos anteriores. La reunión que debería haber servido para iniciar las conversaciones terminó convirtiéndose en una nueva demostración pública de la ruptura: el Gobierno socialista convocó al que durante buena parte de la legislatura había sido su socio prioritario y los nacionalistas decidieron no presentarse.

La imagen es especialmente significativa porque resume perfectamente el viaje político de estos tres años. En 2023, los cuatro concejales del BNG eran imprescindibles para que Inés Rey pudiese ocupar la Alcaldía. En 2024 aprobaron con el PSOE los primeros presupuestos. En 2025 votaron contra las cuentas y obligaron a la alcaldesa a recurrir a una cuestión de confianza. En 2026 volvieron a pactar el presupuesto y, apenas unos meses después, dieron por roto el acuerdo de investidura.