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Casi dos meses después de abandonar precipitadamente Ceuta junto a su hija de dos años, Silvia Suárez ha regresado a casa. La coruñesa, que reside desde hace ocho años en la ciudad autónoma, volvió el pasado martes, hace justo una semana, después de permanecer temporalmente en A Coruña y se ha reencontrado con una realidad que, asegura, todavía dista mucho de la normalidad que conocía.

Silvia había salido de Ceuta el pasado 31 de julio, después de que su empresa enviara a los trabajadores a casa y la guardería de su hija cerrara por seguridad. Cogió entonces "el primer barco" que pudo y regresó a Galicia, donde continuó trabajando a distancia desde casa de sus padres. Su pareja, también coruñés y agente de la Policía Nacional, permaneció vinculado a Ceuta por su trabajo.

Ya entonces tenía claro que su intención era regresar. "Mi vida está allí", explicaba a Quincemil a finales de agosto.

Una de las imágenes que más le ha impresionado desde su regreso a Ceuta es la presencia de militares en espacios que hasta hace unos meses formaban parte de su rutina cotidiana. "Me chocó mucho el tema de los militares en el supermercado. Me impresionó verlos por la calle", explica.

Silvia vive en el centro y reconoce que esa ubicación le permite mantener una vida relativamente normal, algo que la convierte en "una privilegiada".

Cansancio en la población ceutí

Sin embargo, asegura haber percibido un aumento considerable de migrantes marroquíes en las calles respecto a la situación habitual anterior a finales de julio. Según su relato, se desplazan en grupos y algunos todavía llevan chanclas, bañadores o pantalones cortos.

"La semana pasada, que me fui de la oficina a casa, tenía que ir a buscar a la niña a la guardería. Había un montón", relata. La situación ha cambiado incluso la manera en la que se mueve por la ciudad: "La gente está en alerta constante. Es en plan: cuidado con el móvil, cuidado con el ordenador".

Aun así, desde que volvió ha acudido con su hija al parque y asegura que no ha tenido ningún incidente. "Había tres o cuatro de esas personas sentadas allí. No dijeron nada. Había muchos niños en el parque. De momento, eso bien".

Silvia considera que el cansancio se ha extendido entre sus conocidos después de semanas conviviendo con una situación excepcional. "La gente está hasta las narices, agotada, cansada. Muchos replanteándose si se quedan aquí o no", afirma.

Antes de marcharse, defendía que Ceuta era una ciudad caracterizada por la convivencia entre culturas y recalcaba que sus críticas no debían confundirse con un rechazo generalizado hacia la población musulmana. "Es una ciudad que sabe respetar todas las culturas", explicaba entonces, reclamando que el debate se centrase en la seguridad y en la gestión del incidente.

Ahora diferencia igualmente entre los musulmanes que forman parte de la sociedad ceutí y los migrantes llegados desde Marruecos durante las últimas semanas. Su sensación es que la presencia de estos últimos resulta mucho más visible que antes de marcharse.

Una rutina que aún no ha recuperado

La vuelta tampoco ha significado recuperar todas sus antiguas costumbres. Hay lugares a los que, asegura, ya no se plantea acudir sola con su hija. "Lo que sí sé es que no puedo ir sola a comprar cuando me iba al puerto. Eso ya sé que no lo puedo hacer", explica.

También le han llamado la atención pequeños cambios en el paisaje cotidiano. Junto a la guardería de su hija hay una tienda en la que compra habitualmente y que ahora ha incorporado un cartel en árabe para anunciar sus bocadillos.

A ello se suma, según relata, el sonido de las sirenas durante las tardes. "Parece que estamos en plena Quinta Avenida de Nueva York", describe. En los alrededores del Ayuntamiento también asegura observar numerosos vehículos de la Guardia Civil y presencia militar.

Esa imagen le provoca sensaciones contradictorias. Por una parte, reconoce que la presencia de las fuerzas de seguridad le proporciona tranquilidad; por otra, le recuerda constantemente que la ciudad a la que ha regresado no es todavía la misma de antes. "Yo no me he criado con esto, con los militares en el parque. No quiero que mi hija se críe así", concluye.