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Veinte años después, Obdulia Taboadela vuelve al mismo lugar. La socialista ha tomado posesión este lunes como nueva subdelegada del Gobierno en A Coruña, un cargo que ya ocupó entre 2004 y 2007 y al que regresa ahora después de dejar su puesto como diputada en el Congreso.

Lo hace, según reconoció durante su discurso de toma de posesión, "con más experiencia" y con "más certidumbre sobre lo que de verdad importa", pero también consciente de la responsabilidad que supone volver a ponerse al frente de la representación del Gobierno en la provincia.

El acto se celebró esta mañana en el edificio de la Delegación del Gobierno y reunió a numerosos representantes políticos, entre ellos alcaldes de diferentes municipios de la provincia de A Coruña, además del vicepresidente de la Xunta, Diego Calvo, el delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, y Julio Abalde, que este lunes le cedió el puesto a Taboadela.

Abalde pone así punto final a una etapa que ha durado apenas un año y que él mismo definió como "corta pero intensa". Durante su despedida, agradeció el tiempo al frente de la Subdelegación y recordó algunos de los proyectos impulsados durante su mandato, entre ellos la recuperación de la ría do Burgo, una actuación que, según destacó, permitió acercar "la ciudadanía a las administraciones".

También resumió la función del subdelegado como la de "trasladar al Gobierno las preocupaciones de aquí", una tarea que ahora queda en manos de Taboadela.

"La tarea no es sencilla"

El delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, destacó precisamente el perfil de la nueva subdelegada para afrontar esta nueva etapa. "No se me ocurre mejor perfil para afrontar este momento", aseguró, al tiempo que reconoció que "la tarea no es sencilla".

Blanco señaló que Taboadela tendrá que ejercer como "reflejo del Gobierno para las administraciones" y confió en su experiencia para afrontar los retos que tiene por delante, así como para "incluir fórmulas para garantizar la transformación".

Un reto que la propia Taboadela asumió durante su discurso desde la responsabilidad y el sentido del deber. "La confianza que recibo con emoción, pero también con un sentido del deber", afirmó, defendiendo la necesidad de estar "a la altura" y trabajar con rigor sin olvidar cuál es el sentido de las instituciones públicas.

Veinte años después, las mismas convicciones

En su intervención, Taboadela echó la vista atrás para recordar aquel primer paso por la Subdelegación, pero también para reivindicar que, pese al paso del tiempo, hay ideas que permanecen.

"Vuelvo 20 años después", señaló. Dos décadas en las que, dijo, ha descubierto que hay "convicciones que no cambian" y que algunas ideas "no se debilitan, sino que están más profundas".

Entre ellas situó su defensa de lo público y del Estado como herramienta para garantizar derechos y oportunidades. "El Estado es el patrimonio de quienes no tienen patrimonio", defendió, reivindicando su papel en ámbitos como la protección social, las becas, la justicia, la seguridad o la posibilidad de tener una oportunidad.

En este sentido, advirtió frente a quienes presentan los servicios públicos "como un problema", porque, a su juicio, "sin eso no hay igualdad real ni una democracia sólida".

También puso el foco en la igualdad entre hombres y mujeres. Una igualdad que, según sostuvo, "se juega en las leyes", pero también en las oportunidades, los salarios y en quién tiene que demostrar más para poder llegar a determinados puestos.

Para Taboadela, la política solo tiene sentido cuando consigue "mejorar la vida de las personas". Una idea que vinculó con la necesidad de mantener la confianza en que el futuro puede ser mejor que el presente.

Del Congreso a la Subdelegación

La nueva subdelegada llega al cargo después de una etapa en el Congreso de los Diputados que calificó de "intensa". Precisamente desde su experiencia como parlamentaria habló de la dificultad de que el ruido político termine ocultando los avances que se producen en el país.

"¿Hasta qué punto el ruido puede ocultar los avances del país y lo que estamos haciendo bien?", planteó durante su intervención.

Taboadela reconoció que negar los problemas sería un error, pero defendió otra manera de afrontarlos: intentar comprenderlos y ofrecer "seguridad y confianza", frente a quienes optan por "señalar y convertir en miedo".

Y cerró su intervención emocionada con una referencia personal a su familia y a quienes no pudieron disfrutar de la libertad, reivindicando la necesidad de "cuidar aquello" que se ha conseguido y que, recordó, no siempre estuvo garantizado.