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A las diez de la mañana del 10 de septiembre de 1996, A Coruña vivió una de las mayores catástrofes medioambientales de su historia. Una enorme masa de residuos se desprendió del vertedero de Bens y descendió por la ladera hacia O Portiño, arrasando todo lo que encontró a su paso. Hoy se cumplen 30 años de aquel desastre que transformó para siempre esta zona de la ciudad y obligó a replantear el modelo de gestión de la basura.

Se calcula que alrededor de 200.000 toneladas de residuos urbanos se precipitaron montaña abajo. La avalancha alcanzó vehículos, embarcaciones, instalaciones pesqueras, casetas y otras construcciones situadas en O Portiño. Parte de los residuos llegaron hasta el mar, provocando un grave episodio de contaminación.

La tragedia se cobró la vida de Joaquín Serantes, un coruñés de 58 años que se encontraba en las inmediaciones cuando se produjo el derrumbe. Quedó sepultado bajo la montaña de residuos y, pese a los trabajos realizados posteriormente, su cuerpo nunca pudo ser recuperado.

Dos décadas acumulando los residuos de A Coruña

El vertedero de Bens había comenzado a utilizarse a finales de los años 70. Durante aproximadamente dos décadas recibió los residuos generados en A Coruña y su entorno, hasta convertirse en una enorme acumulación de capas de basura y tierra sobre la vaguada situada por encima de O Portiño.

Según recuerda Greenpeace coincidiendo con el 30 aniversario, la acumulación masiva de residuos, las filtraciones y los gases acabaron provocando el colapso. La organización ecologista señala además que posteriormente salieron a la luz informes técnicos que habían advertido de problemas de drenaje y del riesgo de derrumbe.

Las consecuencias del desastre fueron mucho más allá de la propia ladera. La llegada de residuos al mar provocó contaminación en el entorno costero y un intenso olor se extendió por A Coruña durante semanas, hasta el punto de que numerosos ciudadanos recurrieron a mascarillas para protegerse.

Mientras continuaban los trabajos en Bens, existía además el temor de que pudieran producirse nuevos desprendimientos y se abrió un intenso debate sobre las responsabilidades y sobre el modelo que había permitido acumular durante años semejante cantidad de residuos en la zona.

El Sirius de Greenpeace llegó hasta O Portiño

Greenpeace tuvo entonces una presencia directa en A Coruña. En los días posteriores al desastre, el Sirius, por aquel entonces buque insignia de la organización ecologista, se desplazó hasta las inmediaciones de O Portiño.

Desde el mar, sus activistas desplegaron frente a la montaña de residuos una pancarta con un mensaje que resumía el cambio de modelo que reclamaban: "Reduce, Reutiliza, Recicla".

Representantes de la organización se reunieron además con el entonces alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, para exigir una transformación de la gestión de los residuos.

De un vertedero a un parque de 600.000 metros cuadrados

Bens se convirtió en un punto de inflexión. La recuperación del espacio requirió años de trabajos y una inversión de más de 10.000 millones de pesetas, según los datos recopilados por Greenpeace.

El antiguo vertedero fue sellado y recuperado ambientalmente hasta dar paso al actual Parque de Bens, un gran espacio verde de alrededor de 600.000 metros cuadrados que poco tiene que ver con el paisaje que ocupaba esta parte de la ciudad hace tres décadas.

La catástrofe también aceleró los cambios en el tratamiento de la basura. Posteriormente se aprobó la Ordenanza de Gestión de Residuos Municipales y en 1999 se impulsó la planta de tratamiento de Nostián, concebida con un modelo basado en la separación, el reciclaje y el compostaje.

Nostián, tres décadas después

La situación actual de la planta es precisamente una de las cuestiones sobre las que Greenpeace pone el foco al recordar lo sucedido en 1996. La organización considera que el modelo que nació como alternativa a la incineración ha sufrido en los últimos años una falta de inversión y modernización.

Greenpeace apunta a las bajas tasas de recuperación de materiales, la cantidad de residuos que terminan rechazados y enviados a vertedero y los problemas operativos y laborales registrados durante estos años. "Para Greenpeace, el estado actual de Nostián evidencia que no basta con tener una planta en el papel: sin voluntad política, modernización continua y reducción drástica de basura en origen, el sistema queda obsoleto e incapaz de responder al reto ecológico actual", señala Manoel Santos, coordinador de Greenpeace en Galicia.

La organización confía en que el nuevo concurso para la gestión de la planta permita afrontar esta situación.

Greenpeace volverá a Bens 30 años después

Tres décadas después de aquella avalancha, Greenpeace regresará este sábado 12 de septiembre a Bens para conmemorar el aniversario y recordar las consecuencias que puede tener una gestión inadecuada de los residuos.

La organización ha convocado una recogida comunitaria de basura y una auditoría de residuos en la playa de Bens, abierta a la ciudadanía y que se desarrollará entre las 11:00 y las 14:00 horas.

Durante la jornada, los residuos recogidos no solo serán retirados del arenal, sino también clasificados y cuantificados para analizar su composición, procedencia y volumen.

Greenpeace quiere aprovechar el 30 aniversario para conectar lo ocurrido en A Coruña en 1996 con uno de los principales problemas actuales relacionados con los residuos: la contaminación por plásticos. La organización reclama reducir la producción mundial de plástico, acabar progresivamente con el modelo de usar y tirar y apostar por sistemas de reutilización y rellenado.

Entre sus demandas se encuentran también la implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), una mayor responsabilidad de las empresas sobre los envases que introducen en el mercado y medidas más estrictas contra los microplásticos.

La jornada del sábado servirá así para volver al escenario de la catástrofe 30 años después, recordar a Joaquín Serantes y reivindicar que las lecciones que dejó aquel 10 de septiembre de 1996 no caigan en el olvido.