Any es la 240, Irinel la 315. En el sector del taxi los conductores se identifican o se conocen por el número de su licencia. En A Coruña, Any e Irinel se conocen el uno al otro mucho mejor: son familia. "La única madre e hijo de Rumanía que son taxistas y conducen en España", asegura ella.
Además, Irinel Voinea, de 29 años, es de los pocos taxistas jóvenes que hay en la ciudad. Cogió el volante durante cinco años para ayudar a su madre en el servicio mientras estudiaba Administración y Finanzas, luego trabajó en una oficina pero volvió al taxi, y desde hace algo más de un año tiene licencia en propiedad.
"Empecé por las noches, que me gustaban. Ese servicio es movido pero a veces peligroso. En la oficina las ocho horas pasaban muy despacio y como me gusta el taxi volví. Ahora, con pareja y dos hijos, conduzco de día", repasa.
Any Voinea es taxista desde hace ocho años. Cuando su hijo, al que obligaba a estudiar mientras la ayudaba en el taxi, le dijo que quería seguir la misma dedicación, ella no dudó en apoyarlo. Con los ahorros de uno y el respaldo de otra adquirieron el permiso.
Irinel trabaja con la asociación Teletaxi. Su coche no tiene mampara para separar los asientos delanteros de los traseros, pero el de su madre, que es independiente desde que se convirtió en la titular de su licencia, sí.
"La necesitas si conduces de noche. Porque hay clientes que elevan el tono, se confunden o se alteran y hay contestaciones que no les darías si no tuvieras la mampara como elemento de protección", dice él. "Si mi hijo quería ayudarme de noche, tenía que tener mampara sí o sí. Algunos compañeros han sufrido agresiones por un poco de dinero que tienen en el taxi", recuerda ella.
El placer de conducir
En los meses de pandemia, Any personalizó su vehículo, siempre con iniciativas, adornos y complementos llamativos, rompedores. Instaló la mampara, cámaras, entretenimiento para clientes mayores y menores, una guía con atractivos turísticos de A Coruña, Ferrol y Santiago. Ofrece agua fría en los días de calor y café de una cafetera bajo el capó, que a veces decora con imágenes y lemas reivindicativos.
Delante tiene ahora otro cristal que la separa del copiloto. Todos los días viste camisa blanca y chaqueta azul, "como el color del Dépor", el uniforme con el que se ha distinguido del resto de compañeros de sector y que la ha hecho reconocible.
Any Voinea con un juguete educativo en la parte trasera de su taxi.
Llegó hace 26 años a A Coruña y después de trabajar en la hostelería, encontró en el taxi un motivo de "esfuerzo diario" y el "placer por la conducción". En dos meses aprendió de memoria el mapa de A Coruña, desplegado en el suelo de su piso, y ahora no necesita usar navegador.
Su hijo Irinel, que sí lo utiliza "a veces", comparte las mismas motivaciones: "El taxi es ameno todo el rato. Cambias de persona y de historia, conoces gente amable y lugares. Te da libertad. Te tiene que gustar mucho conducir, como a mí. Y a veces ves el amanecer bonito de la ciudad mientras todos duermen".
Convivencia en el sector: VTC y APC
Madre e hijo admiten que la demanda por el uso del taxi en la ciudad es muy grande, "cada vez mayor". Por eso entienden que un servicio como el de los vehículos de transporte con conductor (VTC) haya irrumpido como competencia al taxi tradicional. "Es que si Radio Taxi y Teletaxi tardan en responder al teléfono, el cliente se busca la vida", dice Any.
Irinel Voinea y el taxi que conduce en A Coruña.
Cuestionan en cambio que actúe "sin respetar la autorización interurbana" que le corresponde según la ley gallega; su actividad en A Coruña ha de quedar regulada por una ordenanza municipal específica, pero se desconoce cuándo comenzará a elaborarse.
La familia de taxistas también ve comprensible la creación de un área de prestación conjunta (APC) metropolitana del servicio, aunque, a la espera de cómo se definiría su funcionamiento, dudan sobre la armonía que exista entre profesionales de distintos municipios a la hora de recoger a usuarios.
