María Teresa Puente lleva 65 años viendo cómo cambia O Castrillón. Nunca ha vivido en otro lugar. Primero lo hizo con sus padres y después sola, siendo testigo de la transformación de un barrio que pasó de parecer una aldea a convertirse en la zona residencial que es hoy. "Las calles estaban sin asfaltar, no había alumbrado público y todo eran casas unifamiliares", recuerda para Quincemil.
Desde su niñez, el barrio no ha dejado de evolucionar. "Ahora está desconocido", comenta entre risas. "Antes había caminos de tierra, los buses no llegaban hasta aquí y los taxistas no te querían subir porque las calles estaban sin asfaltar", cuenta.
Aun así reconoce que lo mejor de aquella época era la gente: "Lo más bonito es que éramos como una gran familia. Nos conocíamos todos. Los niños jugábamos en la calle y íbamos unos a casa de los otros".
Ahora, O Castrillón cuenta con bloques de edificios y muchos servicios fruto de las reivindicaciones de la Asociación de Vecinos: un colegio, un instituto, una guardería, supermercados, centro de salud, tiendas de pequeño comercio, centro cívico, biblioteca municipal, centro deportivo, parques infantiles y cafeterías y restaurantes.
"Le dan mucha vida al barrio, siempre tenemos un concierto estelar que reúne a mucha gente. Un año vinieron las Azúcar Moreno y la plaza estaba hasta arriba de gente"
María Teresa, vecina de O Castrillón
A pesar de esa transformación, María Teresa cree que todavía quedan asignaturas pendientes, especialmente en los accesos al barrio: "Estamos situados en un alto, subas por donde subas, hay cuesta. La gente mayor y los padres con los niños tienen que subir una cuesta enorme para llegar al centro de salud y a la escuela municipal infantil Carricanta, que están al lado, por eso pedimos al Concello que instale algo mecanizado para hacerlo más fácil, sobre todo para la gente enferma".
También echa de menos la presencia de servicios como sucursales bancarias: "Antes teníamos dos bancos, ahora los dos han cerrado y quedó un cajero que cuando se queda sin dinero se acabó".
Tranquilo y bien conectado
María Teresa destaca que, a su juicio, lo mejor de vivir en O Castrillón es la sensación que transmite de "pausa" y de "tranquilidad", al contrario de otras áreas de la ciudad como Juan Flórez o el Agra del Orzán por las que transcurre más densidad de tráfico y de personas: "Hay zonas verdes y es fenomenal que no sea todo cemento y ladrillo".
"Es un barrio muy familiar", afirma. "También está muy bien conectado. Tenemos el parque de Oza y el de Eirís cerca, que la verdad le da vida a la gente, y el CHUAC está al lado. Tanto si vas andando por Os Castros o por Eirís, en diez minutos estás en él", añade la gallega.
Esta vecina tiene claro que sus zonas preferidas son las plazas de Pablo Iglesias y de la Concordia: "Tienen más ambiente de gente y hay más cafeterías, puedes quedar con alguna amiga para tomar algo o llevar a los niños al parque".
"Cuando era niña, las calles estaban sin asfaltar, no había alumbrado público y todo eran casas unifamiliares"
María Teresa, vecina de O Castrillón
Fiesta y tortilla
Si hay algo por lo que es conocido O Castrillón en A Coruña es por sus fiestas y el emblemático Concurso de Tortilla Española, que se celebra siempre a mediados de agosto. "El jurado está formado por personas importantes dentro de la hostelería coruñesa y ya está bastante consolidado. La gente suele estar pendiente de cuándo caen las fiestas para acercarse".
Este año las fiestas se celebrarán los días 19, 20 y 21, durante los que se reunirán centenares de personas que se acercarán para disfrutar de las actividades infantiles, como la fiesta de la espuma, el concurso de la tortilla y los conciertos.
"Le dan mucha vida al barrio, siempre tenemos un concierto estelar que reúne a mucha gente. Aún recuerdo el año que vinieron las Azúcar Moreno, no recuerdo la plaza de Pablo Iglesias tan llena y hasta arriba de gente como aquel día", concluye María Teresa.
