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El 16 de julio no es una fecha cualquiera para quienes vivien del mar. En A Coruña, el Día del Carmen transciende la celebración religiosa para convertirse en una jornada cargada de simbolismo, tradición y emoción. Es el día en el que marineros, armadores, pescadores y sus familias agradecen un año más de trabajo en el mar, recuerdan a quienes ya no están y vuelven a encomendarse a la patrona de los marineros antes de afrontar una nueva campaña.

La devoción a la Virgen del Carmen, conocida también como Estrella del Mar, se remonta a varios siglos atrás. Su figura se convirtió con el paso del tiempo en la gran protectora de quienes hacen del mar su medio de vida, una tradición especialmente arraigada en Galicia, donde numerosos municipios costeros celebran este día con procesiones terrestres y marítimas.

En A Coruña, la jornada comenzará con la tradicional procesión desde la iglesia de San Jorge, en pleno casco histórico. La imagen recorrerá las calles de la ciudad hasta llegar al puerto, donde será embarcada para navegar por la bahía acompañada por embarcaciones engalanadas con banderas y flores.

El encargado de transportar la imagen será, un año más, el Rías Altas Dos. "Esperamos a que salga la imagen de la parroquia de San Jorge y, una vez que la Virgen sube al barco, recorremos el puerto, el muelle pesquero, el petrolero, salimos hacia Oza y regresamos de nuevo para realizar la ofrenda", explica Francisco Fernández, patrón del barco encargado de la procesión marítima.

La embarcación puede transportar hasta 150 personas, aunque habitualmente viajan alrededor de 90 invitados, entre autoridades, representantes de la Cofradía y personas vinculadas a la organización.

Una jornada marcada por la tradición marinera

Rita Chans, propietaria del barco Ritaly, conoce bien el significado de esta jornada. Aunque tiene su embarcación en Corme, vende el pescado que capturan en la lonja de A Coruña, por lo que mantiene una estrecha relación con la ciudad y con el sector pesquero coruñés. Asegura que la celebración del Carmen apenas cambia de un puerto a otro. La festividad comienza incluso antes del 16 de julio. La víspera, los marineros limpian y engalanan sus embarcaciones con banderas y gallardetes para que luzcan preparadas durante la procesión del día siguiente.

La jornada arranca con la misa en honor a la Virgen del Carmen, tras la que la imagen es trasladada hasta el puerto para ser embarcada. A partir de ese momento comienza la procesión marítima, en la que decenas de barcos acompañan a la patrona de los marineros mientras recorren la costa haciendo sonar sus bocinas como muestra de respeto y devoción.

Durante la travesía, uno de los momentos más emotivos es la ofrenda floral al mar. En muchos puertos se lanza una corona de flores en memoria de los marineros fallecidos y, además, numerosas embarcaciones arrojan también ramos como gesto de agradecimiento por la protección recibida durante el último año y para pedir a la Virgen que continúe velando por quienes cada día salen a faenar.

Para quienes viven del mar, la celebración tiene un significado que va mucho más allá del aspecto religioso. "Es nuestro día grande", resume Rita Chans. La cormelana explica que, tras meses de trabajo y de afrontar temporales, incertidumbre y largas jornadas en el mar, el 16 de julio es un momento para detenerse, recordar a quienes ya no están y dar las gracias por haber regresado a puerto un año más.

"El invierno aquí es muy duro. Tenemos días buenos, pero también muy malos, y en esos momentos siempre nos acordamos de la Virgen del Carmen. Cuando llega su día, casi todos le damos las gracias por haber llegado hasta aquí sin que nos haya pasado nada", afirma.

La emoción, reconoce, acaba imponiéndose cada año. "Es raro que antes de que termine la procesión no se nos escape alguna lágrima", concluye.