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Cañita Brava y sus cinco compañeros de piso podrían enfrentarse a un desahucio del piso en el que residen en el Barrio de las Flores desde hace años. El motivo está en que quien creían que era el propietario en realidad tiene un contrato de alquiler con el verdadero dueño y acumula varios impagos.

Esta persona ha sido denunciada precisamente por no haber abonado las cantidades pendientes, tanto de alquiler como de facturas, y en los próximos días se enfrentará a una vista verbal por desahucio. En caso de que no pague la deuda, se le expulsará de un piso en el que, en realidad, no reside. Detrás de los impagos podría haber una disputa por una herencia.

Mientras, el coruñés y sus compañeros de piso se encuentran en un limbo, sin saber con certeza si podrán seguir viviendo en su casa o no.

"El dueño no era el dueño y se quedó con toda la pasta. Nos cobraba todos los meses, pero no pagaba", comenta Cañita al teléfono. Él recibe una pensión escasa que ahora limita sus posibilidades de encontrar un alquiler que pueda pagar.

En este piso, donde Cañita lleva viviendo unos 9 años, de media cada uno de los inquilinos paga unos 280 euros, un precio difícil de encontrar hoy en día.

Varios de ellos se han juntado en la búsqueda de un nuevo lugar donde vivir, pero Cañita calcula que no encontrarán nada hasta dentro de uno o dos meses. "Hoy fui a ver uno pero era para una persona y no puedo dejar a mis compañeros plantados", asegura.

No saben quién es el verdadero dueño del piso

Uno de ellos, Marcos Álvarez, explica además que desconocen quién es el verdadero propietario de la casa en la que residen. Ya han redactado un escrito para presentar en los juzgados y reclamar más tiempo para seguir en el piso mientras buscan una alternativa. "Pediremos una prórroga porque aquí casi nadie cobra mucho", aclara. Entre los inquilinos, varios de ellos son pensionistas.

También reconoce que "no sabemos quién es el verdadero propietario. Nos dijo que el piso era de él. Aquí con la gente que vivimos estamos bien, lo que menos nos esperábamos era esto".

Marcos, que lleva más de cinco años viviendo aquí, añade que "el piso no está mal del todo, pero no pasa las revisiones de las bombonas y lleva tiempo sin pagar el agua, aunque a nosotros nos la pasa. Nosotros pagamos religiosamente pero él no trasladaba los pagos".

"Solo saca provecho de nosotros, se ha aprovechado durante años. Pensé que era alguien decente, pero es un timador", denuncia.

Además, en el piso —que tiene un salón reconvertido en habitación y solamente una ducha para los seis compañeros—, aunque todos ellos se reparten las tareas de limpieza hay graves problemas de mantenimiento en las tuberías o debido al mal estado de la pintura.

José Ramón García, otro de los residentes afectados y que antes ya vivió en una residencia para mayores, subraya que "si no llega a ser por nosotros, no sé cómo estaría. La casa la cuidamos nosotros". Lamenta además que "hay gente que se aprovecha de la situación que hay. Después de cotizar toda una vida... No hay plazas públicas en las residencias y no hay dónde vivir".

Ante esta situación, independientemente de lo que se vaya a determinar en el juicio, los seis compañeros están buscando ya otro lugar en el que residir. Por el momento, podrán seguir en el piso hasta que se determine una sentencia sobre el supuesto estafador.

Una vez encuentren algo, valorarán si llevar a cabo una denuncia. "Primero vamos a ver cuánto podemos quedarnos. Vamos a hablar con un abogado de oficio y luego ya veremos si podemos denunciarlo", resume Marcos.