Una mujer bebiendo agua embotellada

Una mujer bebiendo agua embotellada EFE

Tecnología

El invento que acabará con la sequía: una chaqueta pionera que extrae casi un litro de agua potable al día del aire

Un grupo de ingenieros desarrolla un tejido inteligente con hidrogeles capaz de generar agua de forma pasiva, sin baterías y usando solo energía solar.

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El acceso al agua potable se mantiene como uno de los desafíos más críticos del siglo XXI, impulsando a la ciencia a buscar soluciones urgentes ante crisis hídricas cada vez más severas a nivel global. En este contexto, el último invento es una chaqueta portátil capaz de generar agua potable utilizando únicamente la humedad presente en el aire.

Un equipo de ingenieros de la Universidad de Texas, en Austin (EEUU), ha desarrollado una innovadora chaqueta que marca un hito sin precedentes al miniaturizar una tecnología que, hasta ahora, requería de grandes infraestructuras estáticas, costosas y complejas para poder operar.

Durante años, los sistemas diseñados para la captación atmosférica de agua han estado severamente limitados por su excesivo tamaño y su alto coste energético. Habitualmente, se trataba de equipos voluminosos instalados en azoteas de edificios o complejos industriales con nula aplicación en la vida diaria de una persona en movimiento.

Sin embargo, el equipo de investigación liderado por el profesor Guihua Yu decidió replantear por completo este enfoque, optando por no diseñar una máquina más eficiente, sino por integrar la función de captación directamente en las fibras textiles de prendas de ropa común.

El resultado de este cambio de paradigma es un tejido inteligente y ligero capaz de absorber el vapor de agua ambiental de forma totalmente pasiva.

La chaqueta que extrae agua potable del aire.

La chaqueta que extrae agua potable del aire. Revista Science Omicrono

El mecanismo funciona atrapando la humedad, conduciéndola a través de las fibras hacia pequeñas unidades de recolección desmontables y, posteriormente, liberándola para su condensación y consumo inmediato.

Según los datos arrojados por las pruebas y reflejados en Science, la chaqueta desarrollada por estos ingenieros texanos logró producir entre 400 y 900 mililitros de agua potable al día, variando la cantidad según las condiciones de humedad del entorno.

Si bien estas cantidades extraídas de la atmósfera no cubren por sí solas las necesidades hídricas totales de un adulto, representan una diferencia fundamental en escenarios críticos de supervivencia. Esta tecnología podría ser vital para aficionados a las actividades al aire libre, equipos de rescate en zonas remotas, situaciones de emergencia tras desastres naturales o para poblaciones en regiones áridas donde el acceso al agua segura es una lucha diaria.

El invento no busca sustituir las redes de suministro tradicionales, sino aportar una capa extra de resiliencia descentralizada allí donde las infraestructuras convencionales fallan o son inexistentes.

Uno de los mayores obstáculos técnicos que enfrentaban los materiales captadores desarrollados anteriormente era la dificultad para trasladar eficazmente el líquido una vez absorbido. Muchos materiales prometedores mostraban un gran rendimiento en el entorno controlado del laboratorio, pero fallaban en el mundo real debido a la rápida saturación del tejido.

Para solucionar esto, los investigadores diseñaron una estructura molecular específica que favorece el movimiento ultrarrápido del agua desde el aire hasta los puntos de recolección, logrando rendimientos entre tres y diez veces superiores a los de tecnologías competidoras.

Agua extraída con la chaqueta.

Agua extraída con la chaqueta. Revista Science Omicrono

El corazón tecnológico de esta innovación es un hidrogel avanzado fabricado a partir de materiales derivados de biomasa, lo que añade una valiosa sostenibilidad medioambiental al proyecto. Estos hidrogeles absorben la humedad del aire durante las horas más favorables, generalmente por la noche, y liberan el agua líquida cuando reciben el calor de la energía solar.

Al depender exclusivamente del sol para completar el proceso, el sistema elimina por completo la necesidad de baterías o fuentes eléctricas externas, garantizando su viabilidad en comunidades completamente aisladas o campamentos humanitarios.

Los investigadores texanos consideran que la aplicación en prendas de vestir es solamente el principio de una nueva generación de equipamiento autosuficiente. Las mismas fibras podrían integrarse fácilmente en mochilas, tiendas de campaña de despliegue rápido, refugios temporales o lonas agrícolas, ampliando enormemente las posibilidades de obtención de recursos hídricos en cualquier parte del mundo.

Paralelamente, el equipo probó un dispositivo estático basado en el mismo material en el desierto de Chihuahua que consiguió generar 1,3 litros de agua al día, demostrando que esta tecnología está lista para dar el salto al mercado comercial.