Richard Liu, fundador y presidente de JD.com.

Richard Liu, fundador y presidente de JD.com. World Economic Forum/Flickr Omicrono

Tecnología

Richard Liu, empresario: "Tarde o temprano los robots reemplazarán a 700.000 repartidores humanos"

La transición hacia los robots repartidores amenaza con transformar el mercado laboral y destruir miles de empleos en la economía colaborativa.

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N.C.
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Mientras Corea del Sur protagoniza una huelga histórica contra la invasión de máquinas en las fábricas, el verdadero apocalipsis laboral se decreta en los despachos. El reemplazo humano ha dejado de ser ciencia ficción y, ahora, Richard Liu, el fundador y presidente del gigante del comercio electrónico JD.com, ha puesto una fecha de caducidad ineludible a su fuerza laboral.

En unas recientes y polémicas declaraciones recogidas por Financial Times, el directivo fue brutalmente honesto sobre el futuro de la logística al confirmar que la compañía terminará sustituyendo a todos sus mensajeros tradicionales por máquinas.

Durante su intervención en un foro de directores ejecutivos de la Cooperación Económica Asia-Pacífico en Pekín (China), Liu no dejó lugar a la interpretación. Según sus propias palabras, en el futuro, cuando los robots dominen el ecosistema de entregar paquetes, "tarde o temprano" llegará el día en que los repartidores humanos prácticamente ya no sean necesarios.

Para mitigar el evidente impacto de esta transición robótica, el directivo se apresuró a matizar su discurso asegurando que no quiere que sus setecientos mil "hermanos" pasen hambre ni se queden sin trabajo. El plan de contingencia de la empresa, según explicó, ya está en marcha.

La corporación tecnológica ha firmado acuerdos estratégicos con más de ciento veinte escuelas para reciclar a toda esta inmensa plantilla y prepararla para el futuro inminente.

El robot humanoide de Amazon.

El robot humanoide de Amazon. Amazon Omicrono

La idea central es que aquellos trabajadores que actualmente suben escaleras con pesadas cajas a la espalda, el día de mañana se conviertan en los técnicos especializados y mecánicos que mantendrán a flote a esa misma flota autónoma, reparando y optimizando los sistemas.

Liu justificó esta polémica medida argumentando que los robots son maquinaria compleja que siempre tendrá fallas en algún momento de su vida útil. Bajo su visión, la tecnología debe hacer el trabajo logístico mucho más interesante en lugar de privar a los seres humanos del derecho inalienable a trabajar.

Sin embargo, más allá de las intenciones corporativas, los datos destapan una realidad bastante inquietante para el precario y saturado mercado laboral asiático. La automatización avanza a un ritmo implacable en un país donde la economía colaborativa y los empleos de plataforma sostienen a una parte monumental de su población activa.

Para comprender la verdadera magnitud de este enorme problema económico, basta con revisar las cifras del Centro de Investigación sobre Nuevas Formas de Empleo de China. Según los últimos informes, 320 millones de trabajadores temporales operan actualmente en el gigante asiático, abarcando desde repartidores de aplicaciones hasta conductores de plataformas y obreros.

Esta asombrosa cifra supone un salto brutal frente a los 200 millones registrados hace tan solo cinco años, lo que significa que esta fuerza laboral representa ya aproximadamente el 40 % del empleo urbano total del país. Todo esto ocurre en un momento crítico en el que el desempleo juvenil superó la barrera del 16 % el pasado mes de abril.

Aunque Richard Liu evitó dar una fecha exacta para este inevitable "apagón humano" en sus envíos a domicilio, los proyectos piloto ya son una realidad cotidiana en las calles chinas. En ciudades altamente tecnológicas como Shenzhen, diversos tipos de robots ya se encargan de entregar comida a los viajeros directamente en las puertas de embarque del aeropuerto.

Además, otros modelos completamente autónomos viajan sin supervisión humana en trenes de cercanías con el único objetivo de reabastecer a las populares tiendas de conveniencia locales, demostrando que la tecnología de reparto está mucho más madura de lo que el público general suele creer.