Los investigadores del Instituto de Tecnología de Israel (Technion) con el cemento vivo.

Los investigadores del Instituto de Tecnología de Israel (Technion) con el "cemento vivo". Technion Omicrono

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Israel da una lección a España: crea un "cemento vivo" que cambiará la construcción y jubilará al hormigón tradicional

Unos investigadores crean CyanoCement, un innovador biomaterial que absorbe CO2 de la atmósfera y posee capacidad de autorreparación estructural.

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Llevamos años con el mismo mantra sobre las ciudades del futuro: paneles solares, acero reciclado y ventilación pasiva. Sin embargo, desde Israel apuntan hacia otra dirección, centrándose en el material base de las casas con una idea de ciencia ficción que ya es real: cambiar el cemento inerte por paredes que literalmente están vivas.

El hormigón es el material artificial más usado del planeta, pero también uno de los más destructivos; su producción industrial genera nada menos que el ocho por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2). Mientras el sector del coche avanza a pasos agigantados hacia el motor eléctrico, la construcción sigue metida en el siglo pasado, quemando combustibles a temperaturas extremas para fabricar bloques grises.

Para romper esta dinámica, un equipo de investigadores del prestigioso Instituto de Tecnología de Israel (conocido como 'Technion'), uniendo a expertos en arquitectura y biotecnología, ha creado el CyanoCement. Básicamente, han conseguido meter microorganismos dentro de los muros para que construir no signifique destruir la atmósfera, sino ayudar a regenerarla.

El truco científico detrás de este "cemento vivo" consiste en inyectar cianobacterias fotosintéticas dentro de una matriz de hidrogel. Este gel es la clave de todo, porque actúa como un escudo que protege a los seres vivos de la brutal presión y la altísima alcalinidad del cemento tradicional.

Una vez a salvo en su interior, estas bacterias hacen lo que mejor saben hacer desde hace millones de años: recibir luz solar y humedad, hacer la fotosíntesis, tragar dióxido de carbono del aire y soltar oxígeno limpio. Al final, lo que se obtiene no es un bloque inerte, sino una fachada que funciona exactamente como los árboles de un bosque, purificando el ambiente de la ciudad las veinticuatro horas del día.

El cemento vivo ideado por los investigadores del Technion.

El "cemento vivo" ideado por los investigadores del Technion. Technion Omicrono

Esto, además, cambia por completo las reglas estéticas a las que estamos acostumbrados. Como estas bacterias tienen clorofila, el material no se queda con ese gris industrial tan apagado, sino que adquiere un característico tono verdoso que muta de intensidad según la luz del sol o si ha llovido.

Por lo tanto, los edificios del futuro van a cambiar de color a lo largo del día, interactuando visualmente con el entorno y reflejando, de una forma casi poética, la salud de los microorganismos que viven dentro de sus muros.

Pero el verdadero superpoder de este biomaterial es que se cura solo. Cuando el edificio sufre por el paso del tiempo o los cambios térmicos y aparecen esas microgrietas superficiales que tanto comprometen a las estructuras, la entrada de humedad espabila a las cianobacterias.

Al activarse su metabolismo, generan de forma natural carbonato de calcio, un mineral idéntico a la piedra caliza que sella las fisuras desde dentro, de manera completamente automática y sin que ningún obrero tenga que mover un dedo. Es un mecanismo de autorreparación que podría ahorrar millones en mantenimiento industrial y hacer que las casas duren muchísimo más tiempo.

El cemento vivo ideado por los investigadores del Technion.

El "cemento vivo" ideado por los investigadores del Technion. Technion Omicrono

Ahora bien, los propios investigadores del Technion reconocen que el CyanoCement todavía tiene límites importantes. El principal es que no aguanta tanta presión estructural como el hormigón armado convencional, por lo que hoy en día sería una locura usarlo para levantar las vigas de carga de un rascacielos.

Además, si lo tapas con una pintura plástica normal o lo dejas en un sótano oscuro sin luz ni humedad, las bacterias mueren y se acabó el invento. Por eso, el plan a corto plazo no es sustituir los pilares de los edificios, sino usarlo en fachadas exteriores, paneles aislantes o pavimentos urbanos.