Adam Alter

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Tecnología

Adam Alter, psicólogo “Si siempre les das una solución en forma de pantalla, los niños no aprenderán a regularse"

Los adultos que abusan del móvil impiden que sus hijos aprendan a regularse solos, creando en ellos grave dependencia cognitiva.

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En España, el uso constante de dispositivos móviles frente a los menores se ha convertido en un desafío cotidiano para muchas familias. Esta situación plantea interrogantes sobre cómo afecta nuestro comportamiento al desarrollo cognitivo de los más pequeños.

Los expertos coinciden en que la crianza moderna está profundamente marcada por la tecnología digital. En este contexto, resulta fundamental analizar los modelos de conducta que los adultos proyectan de manera involuntaria.

Adam Alter, psicólogo y profesor, aborda esta problemática con una claridad que invita a la reflexión profunda. Su advertencia principal señala que "si siempre les das una solución en forma de pantalla, los niños no aprenderán a regularse".

La interacción con los dispositivos cuando los hijos están presentes funciona como un espejo directo para ellos. Los menores consideran fascinante y valioso exactamente lo mismo a lo que sus progenitores prestan atención.

Si una madre o un padre mira fijamente un teléfono, el niño asume que ahí dentro existe algo sumamente importante. Por el contrario, si el adulto presta atención a un libro impreso, el menor sentirá curiosidad por explorar sus páginas.

Todo aquello que logra captar la atención de los adultos se convierte en un imán automático para las mentes infantiles. Así es como aprenden a interactuar con el entorno mediante la simple observación de sus referentes principales.

Niña usando una tablet

Niña usando una tablet Omicrono

El problema grave surge cuando utilizamos los teléfonos para calmar cualquier rabieta o momento de aburrimiento infantil. Plantar un vídeo frente a un niño pequeño mientras se está en un restaurante resulta ser la salida más fácil para los padres cansados.

Esta aparente solución rápida genera una dependencia emocional y cognitiva muy perjudicial a largo plazo. Los menores necesitan experimentar momentos de incomodidad natural para poder desarrollar sus propias herramientas de gestión emocional.

Al suprimir el aburrimiento mediante estímulos visuales constantes, impedimos que el cerebro infantil madure de forma adecuada. El niño no aprende a calmarse por sí mismo porque siempre recibe un chupete digital que lo hace en su lugar sin esfuerzo alguno.

Niño usando un móvil a escondidas

Niño usando un móvil a escondidas Omicrono

Otros profesionales de la salud mental coinciden plenamente con esta visión crítica sobre la inmediatez tecnológica en la crianza. La psicóloga Jean Twenge advierte en iGen que "las pantallas están creando una generación con una tolerancia extremadamente baja a la frustración cotidiana".

El psicólogo Jonathan Haidt señala en su libro The Anxious Generation que "estamos sobreprotegiendo a los niños en el mundo físico mientras los desprotegemos en el entorno virtual". Estas reflexiones teóricas subrayan la necesidad urgente de permitir que los críos pasen por estados de impaciencia para aprender a superarlos de manera autónoma.

La tecnología digital ofrece algo que el mundo físico jamás podrá igualar y eso la hace tremendamente atractiva. Proporciona una respuesta rapidísima que evoluciona de manera constante para mantener secuestrada la atención del usuario sin descanso.

Si buscamos que un menor reciba estímulos continuos y perfectos, un dispositivo electrónico siempre será más efectivo que un papel en blanco. El mundo analógico requiere tiempo, muchísima paciencia y un esfuerzo laborioso que las aplicaciones modernas han intentado borrar del mapa.

No obstante, esta inmediatez artificial abstrae a los menores de aprender habilidades básicas y de interactuar socialmente de manera sana. Pierden oportunidades para aprender a interpretar expresiones faciales, tonos de voz complejos y el lenguaje corporal de sus semejantes.

Muchas familias intentan establecer normas estrictas para sus hijos mientras los adultos son incapaces de soltar el teléfono móvil. Esta evidente contradicción resulta ineficaz porque exigir que un niño no mire vídeos mientras el adulto lo hace fomenta el mismo hábito.

Las reglas sobre el tiempo de desconexión deben aplicarse a todos los miembros del hogar por igual para tener posibilidades de éxito. El ejemplo visual tiene un impacto psicológico muchísimo mayor que cualquier largo sermón sobre los posibles peligros de la tecnología.

El ser humano carece de un autocontrol natural inagotable frente a sistemas creados específicamente para retener nuestra atención cerebral. El depósito de fuerza de voluntad se vacía rápidamente tras pasar horas lidiando con notificaciones infinitas y alertas sonoras incesantes.

Por este motivo tan biológico, intentar usar menos el dispositivo basándose únicamente en la motivación suele terminar en un fracaso rotundo. La estrategia de prevención más efectiva consiste en estructurar el entorno físico de manera que no tengas ni que pensar en usar el aparato.

Alejar físicamente los dispositivos móviles durante las comidas o las reuniones familiares facilita enormemente la desconexión mental que todos necesitamos hoy. Crear zonas libres de tecnología dentro de la casa ayuda a construir vínculos afectivos más fuertes y presentes entre padres e hijos.

La verdadera educación emocional requiere un tiempo sosegado, dedicación exclusiva y una presencia plena que resulta incompatible con las constantes interrupciones digitales. Los silencios incómodos y el aburrimiento temporal son el caldo de cultivo perfecto para desarrollar la creatividad y el autodescubrimiento durante la infancia.

Los niños aprenden, sobre todo en los comportamientos observados en su círculo íntimo. Enseñar utilizando el propio ejemplo diario constituye la herramienta pedagógica más valiosa y poderosa que existe para forjar el carácter de los menores.

Si, por ejemplo, deseamos que los menores disfruten de la literatura, resulta indispensable que nos vean con un libro entre las manos con frecuencia. Esta imitación instintiva de las conductas paternas resulta esencial para consolidar hábitos vitales verdaderamente saludables a lo largo de toda su etapa de crecimiento.

Ignorar esta dinámica de aprendizaje psicológico equivale a delegar la educación ética de nuestros hijos a las grandes corporaciones tecnológicas. Los algoritmos informáticos están diseñados con el único propósito de capturar la atención humana sin importar las graves consecuencias sociales que esto pueda ocasionar.