Concepto de la presa

Concepto de la presa Omicrono

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El megaproyecto de 82 km para intentar salvar el Ártico: esta presa busca evitar un colapso climático a nivel mundial

Investigadores europeos proponen una infraestructura sin precedentes: una barrera kilométrica para frenar el deshielo y proteger las corrientes oceánicas.

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A estas alturas, todos somos conscientes de que el Ártico no está pasando por su mejor momento. El calentamiento global ha dejado de ser una advertencia en libros de texto para convertirse en una realidad que vemos cada verano con mínimos históricos de hielo.

Sin embargo, lo que preocupa ahora a la comunidad científica no es solo que el hielo desaparezca, sino lo que esa agua dulce vertida al océano está haciendo con las arterias del planeta: las corrientes marinas.

Un grupo de investigadores europeos ha puesto sobre la mesa una propuesta que parece sacada de una novela de ciencia ficción de Isaac Asimov o de un guion de Christopher Nolan: construir una presa gigantesca de 82 kilómetros de longitud en el Ártico.

No es un capricho arquitectónico. Es, según sus creadores, una medida de emergencia para evitar el colapso de la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC).

Para entender por qué alguien querría levantar un muro de hormigón y acero en mitad del hielo, primero hay que entender cómo funciona el clima. La corriente AMOC actúa como una cinta transportadora gigante que lleva agua cálida desde los trópicos hasta el Atlántico Norte. Al llegar allí, el agua se enfría, se vuelve más densa y se hunde, regresando hacia el sur por las profundidades.

Este proceso es el que permite que Europa tenga un clima relativamente templado. Sin él, Madrid se parecería mucho más a Nueva York en invierno, y Londres sería prácticamente inhabitable por el frío.

¿Cuál es el fallo? El deshielo masivo de Groenlandia y del Ártico está inyectando cantidades ingentes de agua dulce en la zona de hundimiento. El agua dulce es menos densa que la salada, por lo que no se hunde con la misma facilidad. El motor se está parando. Y si se para del todo, las consecuencias serían catastróficas.

Emplazamiento

Emplazamiento Omicrono

La solución propuesta se centra en el estrecho de Fram, la principal vía de salida del hielo y el agua dulce del Océano Ártico hacia el Atlántico. La idea es bloquear este paso con una barrera física.

Hablamos de una infraestructura de 82 kilómetros de largo situada entre Groenlandia y el archipiélago de Svalbard. Para que os hagáis una idea de la magnitud, la presa de las Tres Gargantas en China, la mayor del mundo, mide apenas 2,3 kilómetros. Lo que proponen estos investigadores es multiplicar esa escala por casi 40 veces, en uno de los entornos más hostiles de la Tierra.

La función de esta presa no sería producir energía, sino actuar como un termostato mecánico. Al bloquear el flujo de agua dulce hacia el sur, se permitiría que el agua más salada y densa del Atlántico siguiera haciendo su trabajo de hundimiento, manteniendo viva la corriente AMOC.

Desde un punto de vista técnico, el reto es descomunal. No solo por la longitud, sino por la profundidad del estrecho de Fram, que alcanza en algunos puntos los 2.000 metros. Construir a esas profundidades, soportando la presión del agua y el empuje de los icebergs, requeriría una inversión que dejaría en calderilla los presupuestos de los programas espaciales actuales.

Sin embargo, los defensores de la idea argumentan que el coste de no hacer nada es infinitamente mayor. Un colapso de las corrientes oceánicas supondría la pérdida de cosechas en todo el hemisferio norte, cambios radicales en los patrones de lluvia y una subida del nivel del mar acelerada en la costa este de Estados Unidos y Europa.

Como arquitecto, uno no puede evitar mirar este proyecto con una mezcla de fascinación y escepticismo. La ingeniería civil siempre ha sido la herramienta del ser humano para adaptar el entorno a sus necesidades, pero aquí estamos intentando arreglar un sistema natural que nosotros mismos hemos roto.

Distancias

Distancias Omicrono

Este tipo de propuestas de geoingeniería suelen generar una fuerte división. Por un lado, están quienes consideran que jugar a ser "dioses climáticos" es peligroso y que deberíamos centrarnos exclusivamente en reducir las emisiones. Por otro, están los pragmáticos que ven que el reloj sigue corriendo y que, incluso si mañana dejáramos de quemar petróleo por completo, la inercia del calentamiento ya es imparable.

La presa de 82 kilómetros en el Ártico es, de momento, un estudio teórico, una llamada de atención sobre la gravedad de la situación. Es el equivalente a un concept car en un salón del automóvil: puede que nunca llegue a fabricarse tal cual, pero nos indica la dirección en la que tenemos que empezar a pensar si queremos que el mundo, tal y como lo conocemos, siga funcionando.