Barco ferry con baterías de CATL Omicrono
China va a romper las reglas: nuevas baterías permitirán crear barcos eléctricos para el océano en el 2026
Las nuevas baterías de ion-sodio de CATL entrarán en producción masiva a finales de 2026 y pueden ser revolucionarias.
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Aunque se habla mucho del impacto que tendrán las nuevas baterías para coches eléctricos, en realidad hay otro sector del transporte que puede verse más afectado: el del transporte marítimo.
Las baterías de ion-sodio de CATL se han posicionado como una de las piezas clave en este cambio. El gigante chino ha confirmado que su tecnología Naxtra entrará en producción masiva a gran escala a finales de 2026, lo que promete transformar no solo el transporte terrestre, sino también el naval y el almacenamiento de energía.
La principal ventaja de las baterías de ion-sodio radica en la abundancia de la materia prima. Mientras que el litio es escaso y su precio es volátil, el sodio es aproximadamente 1.000 veces más abundante en la corteza terrestre.
Según datos de la propia CATL, estas celdas alcanzan actualmente una densidad energética de 175 Wh/kg, una cifra que ya compite directamente con las baterías de litio-ferrofosfato (LFP) que dominan el mercado actual de gama media.
Uno de los puntos más críticos que resuelven estas baterías es el rendimiento en climas extremos. Mientras que las baterías de litio convencionales pierden gran parte de su eficiencia en temperaturas bajo cero, las celdas de sodio de CATL mantienen el 90% de su capacidad a -40 °C.
Además, su ciclo de vida es superior, con proyecciones que alcanzan entre 8.000 y 15.000 ciclos de carga, lo que duplica o incluso triplica la durabilidad de las actuales LFP.
Llegan los barcos eléctricos
El impacto económico es el factor que más interesa a la industria. Se estima que el coste de producción de estas celdas es aproximadamente un 30% inferior al de las LFP.
En términos de mercado, esto se traduce en una reducción drástica: las celdas de sodio de CATL se sitúan cerca de los 19 dólares por kWh (17,80 euros/kWh), frente a los 55-60 dólares por kWh (51,50-56,20 euros/kWh) de las compras de LFP de gran volumen. El objetivo de la compañía es reducir este precio hasta los 10 dólares (9,37 euros) en los próximos cinco años.
Barco con baterías de CATL Omicrono
Esta ventaja de costes y seguridad, al ser menos inflamables y no requerir materiales como cobalto o níquel, abre la puerta a su uso masivo en barcos eléctricos para transporte por el océano. El sector naval requiere baterías con una alta seguridad y una larga vida útil para que la inversión sea rentable, características donde el sodio brilla.
Wu Kai, científico jefe de CATL, señaló recientemente que "Las baterías de ion-sodio ofrecen un potencial inmenso para temperaturas extremas y aplicaciones de almacenamiento de energía, marcando nuestra transición del laboratorio a la fabricación a gran escala.".
Más allá del litio
La adopción de esta tecnología tiene una implicación geopolítica y logística fundamental. Actualmente, el mercado global de baterías depende de una cadena de suministro de litio que a menudo presenta cuellos de botella.
Al utilizar sodio, se elimina la dependencia de minerales críticos y se aprovechan las líneas de producción existentes, ya que las fábricas de baterías LFP pueden adaptarse para fabricar celdas de sodio con modificaciones mínimas.
Robin Zeng, presidente de CATL, prevé que el ion-sodio podría capturar entre el 30% y el 40% del mercado total de baterías en el futuro.
Esto no solo abaratará los vehículos eléctricos de entrada (con precios que ya se proyectan por debajo de los 100.000 yuanes, unos 13.000 euros), sino que obligará a una bajada de precios en toda la industria del litio para mantener la competitividad, beneficiando al consumidor final y acelerando la descarbonización del transporte global.