El nanogenerador  de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL).

El nanogenerador de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). EPFL Omicrono

Tecnología

Suiza cambia las normas de la energía: crea un nanogenerador capaz de extraer electricidad infinita del agua de mar

Unos investigadores crean un invento que convierte el océano en una batería infinita al extraer energía limpia del vapor de agua salada y el calor solar.

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El océano es, en esencia, la batería más grande del planeta. Cubre el 70% de la superficie terrestre y almacena una cantidad de energía solar térmica incalculable. Hasta ahora, capturar esa energía de forma eficiente y constante era poco más que una quimera técnica.

Sin embargo, investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) en Suiza han diseñado un nanogenerador que rompe las reglas del juego: un dispositivo capaz de generar electricidad de forma autónoma aprovechando la simple evaporación del agua de mar.

Este avance, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, no es solo un experimento de laboratorio. Es la prueba de que podemos obtener energía limpia y constante sin recurrir a la minería de litio o cobalto, procesos que actualmente devastan ecosistemas enteros para alimentar nuestra transición energética.

El corazón de esta innovación, desarrollada en el Laboratorio de Nanociencia para la Tecnología Energética (LNET), es un semiconductor de silicio que utiliza el llamado efecto hidrovoltaico.

Este fenómeno permite recolectar electricidad cuando un fluido se desplaza sobre una superficie cargada a escala nanométrica.

Lo que hace especial al dispositivo diseñado por Giulia Tagliabue y Tarique Anwar es su capacidad para convertir "enemigos" tradicionales de la electrónica -el calor y la luz solar excesiva- en motores de generación.

Mediante una matriz hexagonal de nanopilares de silicio, el sistema controla el movimiento de iones y electrones mientras el agua se evapora.

Agua de mar

Agua de mar Unsplash Omicrono

El descubrimiento clave de los investigadores suizos fue comprender que la evaporación no era el único factor en juego.

Al usar silicio, el calor aumenta la carga negativa en la superficie del semiconductor, mientras que la luz solar excita los electrones en su interior.

El resultado es asombroso: la combinación de luz y calor multiplica por cinco la producción de energía respecto a sistemas anteriores.

Para lograr esta eficiencia, el equipo de la EPFL implementó una estructura de "sándwich" tecnológico que separa y optimiza tres procesos distintos.

El sistema cuenta con una capa superior encargada de la evaporación del agua, una capa intermedia conductora que gestiona el transporte de los iones y una matriz de nanopilares que actúa como recolector de carga eléctrica mediante un sistema dieléctrico que almacena la energía de forma eficaz.

Esta arquitectura no solo maximiza la producción, sino que permite a los científicos calibrar cada etapa del proceso.

Al entender cómo surge la carga por inducción térmica, han logrado que la migración de iones sea mucho más fluida, garantizando un flujo eléctrico estable que hasta ahora era imposible de sostener en sistemas hidrovoltaicos.

Uno de los mayores obstáculos para cualquier tecnología que trabaje con agua de mar es la corrosión. El entorno salino es extremadamente agresivo para los componentes electrónicos.

Para solucionar esto, el equipo del LNET ha recubierto los nanopilares con una capa de óxido especializada. Este escudo protector garantiza un rendimiento estable incluso bajo condiciones de calor intenso y exposición continua a la salinidad, evitando reacciones químicas que degradarían el dispositivo en cuestión de horas.