Vehículos en una carretera en una ciudad Omicrono
Un estudio español ha demostrado que los sensores de presión de los coches pueden ser usados para localizarnos
La investigación del Instituto IMDEA Networks demuestra que los sensores de presión de los neumáticos tienen vulnerabilidades críticas.
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España se encuentra a la vanguardia de la adopción de normativas que buscan integrar la tecnología más avanzada en la seguridad de sus infraestructuras y vehículos para proteger la integridad de todos los ciudadanos. Aunque haya un fuerte debate sobre algunas medidas.
Con todo, España se sitúa a la vanguardia de la investigación en ciberseguridad automotriz gracias al trabajo realizado por el Instituto IMDEA Networks.
Es ahí donde un grupo de científicos ha descubierto que los sensores de presión de los neumáticos en los vehículos modernos pueden exponer de forma involuntaria a los conductores a un seguimiento no deseado.
Este hallazgo es el resultado de un estudio exhaustivo de 10 semanas de duración en el que se recolectaron señales de más de 20.000 vehículos, revelando un riesgo de privacidad oculto que hasta ahora había pasado desapercibido para el público general y los organismos reguladores.
La investigación subraya la necesidad crítica de implementar medidas de seguridad mucho más robustas en los sistemas de sensores que se integrarán en los vehículos del futuro.
La mayoría de los automóviles actuales están equipados con un Sistema de Monitoreo de Presión de Neumáticos, conocido por sus siglas en inglés como TPMS.
Estos dispositivos se volvieron obligatorios en muchos países a finales de la década de 2000 debido a su gran contribución a la seguridad vial, ya que alertan al conductor si una rueda está desinflada.
El funcionamiento técnico es aparentemente sencillo: unos pequeños sensores instalados en cada rueda monitorizan la presión y envían señales inalámbricas a la computadora central del coche.
Sin embargo, los investigadores descubrieron que estos sensores también transmiten un número de identificación único a través de señales inalámbricas abiertas y sin ningún tipo de cifrado.
Esquema de detección de los sensores Omicrono
Esto implica que cualquier persona que se encuentre cerca con un receptor de radio básico puede capturar la señal y reconocer el mismo vehículo en encuentros posteriores.
Este método de vigilancia presenta características que lo hacen especialmente preocupante en comparación con los sistemas tradicionales.
Actualmente, el seguimiento de vehículos se basa principalmente en cámaras de seguridad que requieren una línea de visión clara y condiciones de visibilidad óptimas para leer una matrícula.
Por el contrario, el seguimiento mediante TPMS es radicalmente distinto, ya que los sensores envían señales de radio que pueden atravesar paredes y otros vehículos. Esto permite que receptores inalámbricos ocultos capturen la información sin ser detectados, eliminando la necesidad de que el coche esté visible de forma directa.
Dado que cada sensor emite una identidad fija y única, un coche puede ser reconocido repetidamente sin necesidad de identificar su matrícula.
Este factor hace que el seguimiento basado en estos sensores sea más económico, difícil de detectar y complicado de evitar que la vigilancia por cámaras.
Sensores y planos de despliegue Omicrono
Para poner a prueba la gravedad de este riesgo, el equipo de investigación construyó una red de receptores de radio de bajo coste situados cerca de carreteras y zonas de aparcamiento.
El equipo necesario para esta actividad tiene un coste aproximado de apenas 100 euros por receptor, lo que democratiza peligrosamente la capacidad de vigilancia. En total, se recopilaron más de 6.000 millones de mensajes provenientes de miles de automóviles.
Los resultados del estudio demuestran que estas señales pueden utilizarse para seguir la trayectoria de los vehículos y aprender sus patrones de movimiento.
Una red de receptores económicos podría monitorizar discretamente las rutinas diarias de los ciudadanos, como sus horarios de llegada al trabajo o sus hábitos de viaje habituales.
Además, los investigadores desarrollaron métodos para emparejar las señales de los cuatro neumáticos de un mismo coche, lo que aumentó drásticamente la precisión para identificar vehículos específicos que siguen horarios regulares.
La capacidad de capturar señales de coches en movimiento a distancias superiores a los 50 metros confirma que el seguimiento encubierto es técnicamente viable en entornos reales.
Un aspecto adicional que agrava el problema es que las señales TPMS incluyen lecturas de presión que pueden revelar el tipo de vehículo o si un camión transporta una carga pesada, permitiendo formas de vigilancia todavía más avanzadas.
A pesar de estos peligros, las normativas actuales sobre ciberseguridad vehicular aún no abordan específicamente la protección de estos sensores.
Los expertos advierten que, sin cifrado ni sistemas de autenticación, los neumáticos seguirán siendo un objetivo fácil para la vigilancia pasiva.
La conclusión de los investigadores es clara: es urgente que los fabricantes y los responsables políticos refuercen la ciberseguridad para que los sistemas diseñados para salvar vidas no se transformen en herramientas para el rastreo masivo de la población.