Cory Doctorow

Cory Doctorow Julia Galdo and Cody Cloud (JUCO) Creative Commons

Tecnología

El ingeniero informático que denuncia la 'mierdificación' de Amazon, OpenAI o Meta: "Hay que debilitar a las tecnológicas"

Hablamos con Cory Doctorow, responsable del término que explica el rápido deterioro de los servicios y plataformas online.

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Cuando las cosas no tienen nombre resulta difícil referirse a ellas y, más aún, combatirlas. Por eso se necesitan términos como clickbait, scroll infinito o el más reciente AI slop, referido a las ingentes cantidades de basura digital que se crea cada segundo con inteligencias artificiales generativas como ChatGPT, Gemini o Grok.

Sin embargo, el neologismo tecnológico que mejor define el momento actual es 'mierdificación' (enshittification), referido al rápido y profundo deterioro de las plataformas y servicios de Internet que todos conocemos, desde Facebook, X y Google hasta Amazon, Uber o TikTok.

El responsable de acuñar este explícito término es el canadiense Cory Doctorow, activista en defensa de los derechos de los internautas, ingeniero informático, periodista y escritor de ciencia ficción que ha publicado en EEUU el libro Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What To Do About It, que Capitán Swing editará en España a lo largo de 2026.

En conversación con EL ESPAÑOL-Omicrono, Doctorow recuerda cómo empezó a irse todo... a la mierda. "Tenía problemas para usar TripAdvisor mientras estaba de vacaciones, porque la conexión era lenta y la web tiene tantos rastreadores que se bloqueaba todo el rato. En un arranque de ira, tuiteé: “¿Alguien de TripAdvisor ha viajado alguna vez en su vida? Es el sitio web más ‘mierdificado’ que he usado nunca”.

El éxito del término no fue instantáneo, pero se fue asentando poco a poco en su blog, en artículos periodísticos de órbita anglosajona y en las redes sociales, hasta el punto de ser reconocido en 2024 como palabra del año por el prestigioso Diccionario Macquarie y la American Dialect Society. “Que tanta gente lo haya adoptado es característico de una frustración muy generalizada”, sostiene el también autor de novelas y relatos de ciencia ficción como Radicalizado o Walkaway.

Más allá de explicar los síntomas y el diagnóstico de esta epidemia, Doctorow aprovecha el tercio final del libro para ofrecer posibles curas: propuestas de regulación y acción colectiva que pretenden combatir la 'mierdificación' que se ha extendido por Internet y amenaza con inundar el mundo físico. ¿O cómo llamaríamos a la obligación de pagar una suscripción para tener funciones de conectividad en los Tesla?

Proceso de 'mierdificación'

“Al principio, las plataformas son buenas para sus usuarios", explica Doctorow en el libro. "Luego abusan de ellos para mejorar las cosas para sus clientes empresariales. A continuación, abusan de esos clientes empresariales para recuperar todo el valor para sí mismas. Finalmente, se han convertido en un gigantesco montón de mierda”.

Este esquema, repetido ad nauseam, es el que domina el Internet actual. Y lo hace envuelto en otros términos y eufemismos de lo más siniestro: los precios dinámicos de vuelos, habitaciones de hotel y entradas, los patrones oscuros en las webs que llevan a los usuarios a aceptar cosas que no les convienen, suscripciones premium con anuncios y funciones bloqueadas, renovaciones obligatorias de términos y condiciones de servicio con cláusulas abusivas... La lista es interminable.

Por eso es tan relevante describir el proceso de 'mierdificación', en una suerte de ingeniería inversa en la que Doctorow destripa los pasos que dan las plataformas para ofrecer servicios cada vez peores, más irritantes y más caros.

Un ordenador con Facebook abierto en el navegador.

Un ordenador con Facebook abierto en el navegador. Unsplash Omicrono

El caso de Facebook es el más paradigmático y el que ha creado escuela. En la primera fase, en aquellos ya lejanos años 2000, la red social ofrecía visibilidad orgánica y gratuita entre amigos y familiares, sin apenas fricción para el usuario, lo que provocó que cientos de millones de personas se dieran de alta y utilizaran la plataforma a diario.

Tras esos primeros años de crecimiento, empezó la segunda fase: ​se degradó el alcance orgánico para usuarios y medios, se llenó el feed de contenido recomendado y anuncios muy segmentados, y había que pagar para que tus propios seguidores vieran tus publicaciones.

En la fase terminal que Facebook lleva arrastrando desde hace años (y de la que se ha contagiado Instagram), Zuckerberg ha subido los ​precios a los anunciantes, se ha multiplicado el fraude y el ruido, y el feed se ha convertido en una prisión digital en la que nadie está satisfecho salvo los accionistas de Meta.

Detrás de esta epidemia, que ya afecta a la inmensa mayoría de servicios online, tanto gratuitos como de pago, están según Doctorow "las políticas que premian a las empresas que se comportan mal en lugar de castigarlas".

Búsqueda en Google con web falsa destacada

Búsqueda en Google con web falsa destacada Proofpoint Omicrono

El escritor pone el foco en la falta de incentivos para las compañías a la hora de no perjudicar a sus usuarios. "¿Tenemos a estos usuarios tan atrapados que podemos cabrearlos y aun así no se irán? En ese caso, es natural intentar aprovecharse de ellos, no porque seas un sádico, sino para satisfacer a los clientes empresariales, ya que así podrás atraerlos y ganar dinero con ellos. Pero los clientes empresariales no son sagrados, ¿verdad?", dice con la ironía que le caracteriza.

En estas tácticas delineadas con precisión milimétrica no se salva (casi) nadie. Las búsquedas de Google están plagadas de anuncios y resultados irrelevantes, cuando no estafas directas, plataformas de streaming como Netflix son cada vez más caras e incluyen publicidad, e intentar comprar una entrada para un concierto es lo más parecido a adentrarse en lo más profundo de los nueve círculos del infierno.

Es un secuestro digital en toda regla. "Los editores no pueden permitirse abandonar Facebook, los anunciantes no pueden permitirse abandonar Google, los trabajadores sexuales no pueden permitirse abandonar OnlyFans y los conductores no pueden permitirse abandonar Uber. Y así pueden fastidiarles, pueden empeorar las cosas y van a aguantar lo que sea, porque de ello depende su subsistencia”, explica Doctorow.

El caso Adobe

Bajo esta lógica cada vez más perversa, todos somos prisioneros de alguno o varios de estos servicios. Es una práctica con casos tan extremos como el de Adobe.

La compañía responsable de Photoshop se ha especializado en 'enmierdar' sus aplicaciones y traicionar a sus usuarios con todo tipo de cargos y prácticas abusivas. Su mayor pecado o, al menos, el más polémico, tiene que ver con los colores Pantone, el sistema universal de identificación y estandarización de colores, imprescindible para artistas, diseñadores y todo tipo de perfiles creativos.

Tras décadas en las que las bibliotecas de colores Pantone venían integradas en Photoshop, Illustrator y el resto de la suite de Adobe, un cambio en el acuerdo de licencias supuso la retirada de esos colores de Creative Cloud, remitiendo a los usuarios a una suscripción extra de Pantone.

Acer Swift X 14 AI con Adobe Photoshop

Acer Swift X 14 AI con Adobe Photoshop Manuel Ramírez

El resultado fue que los usuarios vieron cómo, al abrir trabajos antiguos, los colores Pantone se volvían negros a menos que activaran ese pago adicional. Esa maniobra convirtió un estándar básico de la industria en una especie de peaje insalvable, no ya para crear nuevas piezas, sino para recuperar esos trabajos tal y como fueron creados.

Doctorow lo cita como uno de los ejemplos más evidentes para explicar la 'mierdificación': cuando el software deja de ser algo que compras y controlas y pasa a ser un servicio remoto con protecciones como la DRM, es posible degradar retroactivamente un producto ya pagado para exprimir aún más dinero de los usuarios cautivos.

“Esto no es inevitable", afirma el escritor. "Lo que hacen Adobe, Uber y otras plataformas viene determinado por el contexto político, no por su codicia. Tampoco es un problema de consumo individual, no se debe a que hayas elegido servicios gratuitos en lugar de servicios de pago".

Por eso Doctorow considera que "pedir a la gente que tome mejores decisiones de consumo para resolver la crisis de la mierdificación es como pedirles que reciclen con más cuidado para resolver la crisis climática. Es ridículo".

Cómo se combate

¿Y cómo se puede hacer frente y desmontar este descomunal vertedero? Doctorow ríe y empieza por lo más lógico, la regulación. Un elemento que, según sus palabras, "ha avanzado más en los últimos 4 años que en los 40 anteriores".

Sin embargo, esas normas no se están aplicando o no lo están haciendo con la determinación necesaria. Hace falta apretar más las tuercas a las tecnológicas, ya que esta situación "existe porque las plataformas se han vuelto demasiado grandes como para preocuparse".

Así, "debilitarlas hará que se esfuercen más por mejorar, nos facilitará ir a otro sitio y acabar con ellas si no están a la altura del reto".

La 'guerra' no debe dirimirse únicamente en los despachos o en los juzgados. Lo que propone Doctorow es una movilización global que vaya más allá del ámbito individual. Luchar de uno en uno contra Google, Amazon o X es como echar a pelear a una hormiga contra un elefante: para evitar que pise el hormiguero hace falta una marabunta. Por eso el escritor recomienda unirse, asociarse, plantar cara de forma conjunta y solidaria.

Cory Doctorow en su oficina de Londres.

Cory Doctorow en su oficina de Londres. Paula Mariel Salischiker Omicrono

Y este parece el momento más importante para hacerlo, vistas las intenciones de Donald Trump y la falta de soberanía digital en Europa, víctima de la dependencia de los gigantes tecnológicos estadounidenses que controlan la nube y el resto de la infraestructura de los principales servicios online.

No solo es el mejor momento, también es el más urgente", apremia Doctorow. "Microsoft eliminó las cuentas de Outlook y Office 365 de la Corte Penal Internacional para castigarla por enfadar a Trump al emitir una orden de arresto contra Benjamin Netanyahu por genocidio”.

Es algo que quedó todavía más patente después de que EEUU decidiera cortar la ayuda de inteligencia a Ucrania. Fue entonces cuando los países europeos empezaron a barajar la posibilidad de que la Casa Blanca deje fuera de combate los F-35 si así lo decide por cuestiones políticas o estratégicas y empezaron a sopesar alternativas. Vista la estrategia imperialista de Trump en las últimas semanas, no se debe descartar ninguna hipótesis.

“Todos los ministerios, empresas y hogares de Europa que dependen de productos estadounidenses conectados a la nube deben anticipar que, si no hacen lo que Donald Trump quiere, sus datos serán destruidos, su capacidad para administrar sus gobiernos o corporaciones será inutilizada y perderán todos los archivos digitales que les importan”, advierte Doctorow.

La receta de este activista digital pasa por que Europa “derogue las leyes que bloquean la interoperabilidad con las plataformas estadounidenses, para que podamos sacar nuestros datos de ellas y construir alternativas europeas autónomas de todos los servicios, dispositivos y vehículos que compramos a Estados Unidos y que ellos pueden inmovilizar con un solo clic”.

La IA como acelerador

Todo se 'enmierda' un poco más si tenemos en cuenta la irrupción de la IA generativa. ChatGPT, sus derivados y competidores, son grandes candidatos a convertirse en una versión acelerada e hipervitaminada del mismo proceso.

“Si intentas obtener una recomendación para una compra y te orienta hacia un producto por el que la empresa de IA obtiene una comisión desproporcionada, en lugar de un producto mejor y más barato. ¿Es eso una alucinación o es una preferencia propia?", se pregunta Doctorow, dejando la respuesta en el aire.

Sin embargo, el mensaje final del libro es de esperanza, un discreto optimismo que apuesta por la rendición de cuentas y por empoderar a los usuarios frente a los abusos de estos monopolios que gobiernan a su capricho nuestra vida digital.

El último párrafo de Doctorow merece un lugar de honor en el altar de quienes luchan contra el tecnofeudalismo. "Quizá la ley no pueda obligar a los sociópatas corporativos a considerarte un ser humano con derecho a la dignidad y a un trato justo, y no solo como una cartera ambulante. Pero sí puede hacer que ese ejecutivo te tema lo suficiente como para tratarte con justicia y concederte dignidad, aunque él piense que no te la mereces".