La invasión de Ucrania está siendo un muestrario de todo tipo de armamento. Desde antiguallas de la guerra fría como el carro de combate T-62, que entró en servicio hace medio siglo y Rusia rescata ahora a la desesperada, hasta las camionetas reconvertidas en lanzamisiles de los ucranianos. Los drones suicidas, de ataque y de vigilancia también están teniendo bastante protagonismo, pero la próxima semana está previsto el despliegue de un invento que puede robarles el papel principal en la contienda: GNOM, un pequeño robot controlado por control remoto y armado con una metralleta.

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Lo primero que se le pasa a uno por la cabeza cuando ve un robot de este tipo es en Terminator y otros emblemáticos androides de la ciencia ficción, pero el pequeño tamaño del dispositivo y su forma recuerdan más a un simpático personaje de Pixar. Wall-E se va a la guerra... y no hace prisioneros.

Temerland, empresa ucraniana especializada en robótica, asegura que desplegará vehículos robóticos GNOM equipados con ametralladoras de 7,62 mm cerca de la ciudad de Zaporiyia, 'la aldea gala' del sureste de Ucrania. Es uno de los puntos clave para dirimir el conflicto ya que, si cayese en manos del ejército de Putin, Rusia tendría casi completado el corredor desde el Donbás hasta Transnitria.

Multifuncional

El GNOM, disponible en dos configuraciones (de cuatro o seis ruedas) y en principio estaba diseñado para cumplir otras funciones militares, que no incluían armas de ningún tipo.

Esta plataforma robótica multifuncional fue creada para resolver tareas de vigilancia y reconocimiento, así como entrega de municiones, alimentos y evacuación de heridos. Además, puede funcionar como repetidor para aumentar el alcance de las comunicaciones o servir como satélite para plataformas robóticas más grandes.

La plataforma robótica GNOM con una metralleta

Con unas dimensiones de 57х38х60 cm y un peso de 50 kilogramos, GNOM está construido en metal. Resiste temperaturas entre los -25 y los 60 grados centígrados y puede ser operado por control remoto a una distancia de hasta 5 kilómetros.

En su interior oculta un ordenador de a bordo Odyssey, que gestiona el control de movimiento de la plataforma robótica. Además, dispone de una cámara de profundidad con emisor de puntos láser Intel RealSense, que le permite identificar objetos y obstáculos, y cuya señal se transmite al dispositivo que esté utilizando el operador.

El control autónomo del vehículo ofrece la posibilidad de smart track, un sistema que permite a GNOM seguir el movimiento de otro vehículo, o por GPS, introduciendo previamente las coordenadas para que trace una ruta de punto a punto. La otra posibilidad es el control remoto, que puede ser local si está en la línea de visión a través de gestos o voz, o a distancia, desde una tablet o un smartphone.

Sus características lo hacen más indicado para cumplir las tareas para las que fue diseñado, pero desde Timberland han querido ofrecer al ejército ucraniano otra alternativa más 'agresiva'. Lo que está por ver es cómo se comportará GNOM en primera línea del frente.

El GNOM original, sin armamento Temerland Omicrono

"La función de un UGV [vehículo terrestre no tripulado] es, en última instancia, sustituir a un combatiente humano", declaró a Task & Purpose Samuel Bendett, analista del Center for Naval Analysis y miembro adjunto del Center for New American Security. "Pero los humanos pueden comunicarse. Pueden adaptarse. Pueden formar unidades y atacar".

Así, la utilidad real de este GNOM armado con una metralleta es algo que habrá que que examinar detenidamente, porque no va a ser fácil integrar un vehículo autónomo o por control remoto en formaciones de combate, que a menudo tienen que improvisar sobre la marcha. Sus pequeñas dimensiones son un aliado a la hora de pasar desapercibido y realizar labores de vigilancia o espionaje, pero su verdadera utilidad como plataforma de ataque es dudosa.

La guerra robótica

Rusia ha sido, precisamente, uno de los países pioneros en el uso de robots en combate. Lleva experimentando con ello desde la década de 1930 y ha tenido varios candidatos para convertirse en los primeros carros de combate robotizados en ser usados en un conflicto. Sin embargo, no fue hasta 2018 cuando el país presidido por Vladímir Putin confirmó por primera vez su utilización.

Los tanques robóticos Uran-9 se desplegaron en Siria para realizar misiones de reconocimiento y destrucción de vehículos blindados. Fue una gran maniobra propagandística del gobierno ruso y del fabricante Kalashnikov pero, poco después, un experto de la Academia Naval Kuznetsov en San Petersburgo aseguró que "los modernos vehículos terrestres no tripulados de combate (UGV) rusos no son capaces de realizar las tareas asignadas en los tipos clásicos de operaciones de combate".

El sistema de combate robótico Uran-9 Creative Commons Omicrono

Otro modelo, Uran-6, ha participado en la invasión de Ucrania a las afueras de Mariúpol, aunque de momento se desconoce su rendimiento y eficacia. Se trata de un robot de oruga pilotado a distancia que se utiliza para operaciones de desminado. Su participación se llevó a cabo lejos de las líneas del frente, en un entorno relativamente controlado. 

Todo forma parte de un plan a largo plazo que puede cambiar para siempre los conflictos bélicos. Ya lo advirtió hace ahora poco más de un año Serguéi Shoigú, el ministro de Defensa ruso, cuando confirmó que el país exsoviético estaba produciendo en serie robots de combate basados en un sistema de inteligencia artificial. Se refirió como "las armas del mañana".

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"No son modelos experimentales, sino robots que incluso pueden aparecer en películas de ciencia ficción, ya que son capaces de actuar de forma autónoma (sin la necesidad de un operador en remoto)", indicó entonces el ministro ruso. Ahora los robots se han vuelto en su contra, aunque está por ver el verdadero desempeño de GNOM en combate.

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