El cohete chino Long March 5B, descontrolado y en caída directa contra la Tierra durante días, finalmente, ha impactado. Después de la incertidumbre sobre su reentrada en nuestra atmósfera, barajando incluso a España como uno de los países en los que se estrellaría el cohete, los restos del aparato que han sobrevivido a la desintegración han caído sobre el Océano Índico.

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Así lo han confirmado medios estatales de China, que apuntan a que el escombro espacial reentró en la atmósfera terrestre a las 4:25 horas de España de esta mañana y cayeron a 72.47 grados de longitud este y 2.65 grados de latitud norte, esto es entre las Islas Maldivas e Indonesia. Algunos internautas han podido captar en vídeo la reentrada del cohete en el cielo, con destellos de luz en algunas partes del mundo.

Como ya advirtieron algunas organizaciones internacionales y organismos políticos especializados en el espacio, la mayoría de los componentes del cohete se han desintegrado de cara a la reentrada a la Tierra y no han afectado a zonas pobladas, con lo que no se han reportado daños provocados por las piezas que se han estrellado contra la Tierra.

El cohete chino ha caído

No ha sido hasta momentos antes que se ha podido estimar de forma fehaciente el lugar en el que caería el cohete. La trayectoria de reentrada y su descontrol provocaban que las estimaciones y cálculos que delimitaban posibles zonas de aterrizaje fueran demasiado imprecisas.

Este ha sido uno de los desechos espaciales más grandes y pesados que han caído a la Tierra. De hecho, este era el principal motivo de la preocupación en torno al cohete. Este pesa 18 toneladas y aunque ya se advirtió sobre la baja probabilidad de que el cohete aterrizara en zonas con población, la posibilidad de que esto ocurriera era algo a tener en cuenta.

El cohete Long March 5B sufrió una caída descontrolada después de que se usara en el lanzamiento del módulo Tianhe, el que sería el punto de partida para la creación de una estación espacial china.

El cohete Long March 5B se pasó de largo, y también entró en órbita pese a que, en teoría, tendría que haber caído de manera controlada a la Tierra. Después de la separación el módulo, el cohete siguió en marcha, superando la altura y la velocidad necesaria para entrar en órbita.

Lo cierto es que no es la primera vez que sucede algo así con una construcción espacial china. En abril de 2018 el laboratorio orbital Tiangong 1, que estaba en desuso desde 2016 y que vagaba sin control por el espacio, reentró en la atmósfera terrestre sobre el océano Pacífico sur. En aquella ocasión, como en esta, se informó en tiempo real de la reentrada a los servicios de protección civil de toda Europa.

Proyecto espacial chino

El Long March pertenece a uno de los proyectos más ambiciosos de China: su propia estación espacial. El objetivo de China es tener lista su estación a finales del año 2022 y para ello cuenta con un plan de lanzamientos muy ambicioso consistente en un total de 10 misiones que poco a poco irán subiendo módulos, carga y astronautas.

Para cumplir los plazos, el país asiático enviará el próximo mes de mayo una expedición con carga y tres astronautas llegarán en junio para ir construyendo la estación a bordo de la misión Shenzhou-12.

La estación china será más austera que la Estación Espacial Internacional, pues según los cálculos, los asiáticos contarán con aproximadamente un 20% del espacio disponible en la EEI centrándose en la investigación científica.

Para ello, contarán con 14 espacios para experimentos científicos en el interior de la nave y unos 50 en el exterior, donde se podrán colocar todo tipo de sensores y dispositivos para recabar información.

Algunos de esos experimentos -nueve, según los últimos datos- provienen de un programa que China puso en marcha junto con la Oficina de Asuntos Espaciales de Naciones Unidas. Se espera que se pongan en marcha más de 100 experimentos en muy poco tiempo.