El conocidísimo 'tren bala' de Japón tendrá pronto rivales al otro lado del mar de China Oriental. Lejos ya de las velocidades máximas de los trenes de alta velocidad que circulan por España, el tren experimental más rápido del país del sol naciente se impulsa hasta los 600 kilómetros por hora. Mientras, en China existen otros que se quedan en unos 400, pero a diferencia de los nipones sí transportan pasajeros de forma comercial.

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Una velocidad que se acerca más al de un avión y que permitirá conectar grandes ciudades en muy pocos minutos. Todo esto no sería posible sin la levitación magnética o maglev, una tecnología que consigue hacer 'flotar' al tren para eliminar de un plumazo cualquier tipo de rozamiento con los raíles al tiempo que lo va impulsando gracias a electroimanes muy potentes.

La carrera por ser los más rápidos de las vías no ha hecho más que comenzar y los dos gigantes tecnológicos del lejano oriente pugnan por ser los primeros en romper todos los récords transportando pasajeros. La levitación magnética es el presente y futuro de los ferrocarriles, pero todavía queda mucho por hacer.

El tren que flota

En la actualidad ya existen algunas líneas operativas de trenes de levitación magnética que transportan viajeros en China. Concretamente, una de las líneas más famosas es la que une el aeropuerto de Shanghái Pudong con el centro de la ciudad, un tramo de 30 kilómetros que lleva abierto desde 2002 y que ha conseguido impulsarse hasta los 431 kilómetros por hora.

Tren de levitación magnética chino Alex Needham Omicrono

Por su parte, Japón está trabajando en un tramo de línea de levitación magnética con el objetivo de unir las urbes de Tokio y Nagoya en menos de 40 minutos para el año 2027. Pero ¿qué hay de las líneas de larga distancia?

Los costes de construcción de una línea maglev son mayores incluso que los de las líneas de alta velocidad tradicional. La sensibilidad y la precisión que requiere este tipo de transporte van directamente relacionadas con el precio por kilómetro. Todavía más si tomamos como ejemplo Japón, país montañoso donde los haya, que obliga a los ingenieros a construir todo tipo de túneles y viaductos para salvar la orografía. Sin olvidarnos de las ciudades que hay que sortear -a golpe de túnel- y la construcción de estaciones intermedias. La factura resultante es estratosférica.

Por ejemplo, la línea que unirá Tokio y Osaka (unos 500 kilómetros) para el año 2037 tiene previsto un montante de 86.000 millones de dólares. Por su parte, la línea que pretende unir Shanghái y la ciudad portuaria de Ningbo en el 2035 ascenderá a 15.000 millones de dólares. Según algunas estimaciones, el coste de construcción de una línea de levitación magnética es del orden de dos o tres veces mayor si lo comparamos con una línea de alta velocidad convencional. A lo que se añade el cambio de paradigma de los viajes de negocios tras la pandemia de coronavirus, que todavía no está muy claro si volverá a ser como antes o se optará por mantener reuniones a distancia. Haciendo que muchas compañías privadas y administraciones públicas no se decanten por esta solución.

Pero como suele ocurrir, la verdadera guerra es comercial. Los diferentes proyectos llevados a cabo dentro de cada uno de los países son un mero escaparate para participar en proyectos internacionales. Estados Unidos es uno de esos países donde la tecnología de la alta velocidad no se ha terminado de explotar totalmente y mucho menos los trenes de levitación magnética. Han existido y existen en la actualidad algunos proyectos que pretenden unir ciudades estadounidenses con trenes de levitación, pero todavía no hay nada en firme sobre la mesa.

La carrera entre Japón y China dará como vencedor a aquel país que consiga construir una línea de larga distancia de levitación magnética. Básicamente por el ahorro de tiempo que supone esta altísima velocidad en un tramo de cientos de kilómetros. A 600 kilómetros por hora, la velocidad máxima que planean tener los trenes maglev de Japón y China, se podría cubrir el trayecto entre Madrid y Barcelona en prácticamente una hora, respecto a las dos horas y media que toma en la actualidad. Un rival todavía más duro para el puente aéreo.

¿Y el Hyperloop?

Entre toda esta guerra maglev entre Japón y China, asoma la cabeza Hyperloop. Esta iniciativa tecnológica de hardware abierto y colaborativo, que tuvo a España en el punto de mira, es una forma más de levitación magnética elevada a la máxima potencia. En este caso, en lugar de viajar en trenes al aire libre, el viaje se realiza dentro de unas cápsulas especialmente diseñadas para flotar dentro de un tubo cerrado que une dos puntos. Algo así como los conductos neumáticos que se usan en algunas empresas para transportar dinero o documentos.

Virgin Hyperloop. Virgin Omicrono

Hace escasas semanas que Virgin Hyperloop volvió a saltar a los medios debido al primer viaje con humanos en el interior de una de esas cápsulas. Tras más de 400 viajes sin pasajeros, dos personas del equipo de Hyperloop subieron a la cápsula que ha recorrido unos cuantos metros a 172 kilómetros por hora durante 6,25 segundos. Un 'globo' sonda para comprobar la seguridad del invento y experimentar con la aceleración en un cuerpo humano de carne y hueso. Y eso que se ha quedado lejos de los 1.000 kilómetros por hora que se planea que pueda alcanzar.

Virgin ha sido la primera en demostrar este medio de transporte con humanos, a pesar de que la idea original la tuvo Elon Musk. El dueño de SpaceX y Tesla ya está inmerso en algunos proyectos para unir Nueva York y Washington DC en unos 29 minutos y en la construcción de infraestructura en Las Vegas (Nevada). Por el momento, tanto la propuesta de Hyperloop de Virgin como la de Elon Musk no tienen fecha de puesta en funcionamiento para viajes comerciales.