Los drones se están convirtiendo en los mejores aliados de las fuerzas armadas de todo el mundo. Existen incontables proyectos que buscan explotar las capacidades de estos vehículo aéreos no tripulados al tiempo que la tecnología les va permitiendo realizar más actividades.

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Uno de los países con mayor penetración de este tipo de tecnologías es Estados Unidos gracias a lo jugosos contratos multimillonarios a los que tienen acceso las grandes compañías de la industria militar. Entre ellas y como uno de las más importantes del mundo se encuentra Boeing Defense, la rama militar del fabricante de aviones que tiene a las compañías aéreas en vilo con la certificación de su 737 MAX.

Pero la producción y las pruebas de vuelo no paran. Boeing Defense continúa con sus proyectos entre los que destacan un dron cisterna con capacidad de reabastecimiento para otras aeronaves.

El dron 'gasolinera'

La operación de reabastecimiento en vuelo es una de mas maniobras más complicadas a las que un piloto se tiene que enfrentar. La precisión milimétrica a varios miles metros de altitud convierten cualquier mínimo movimiento en una afinada sincronización de todos los sentidos.

Boeing MQ-25 Stingray U.S. Navy Omicrono

Aunque Airbus apueste por los reabastecimientos autónomos, los grandes aviones cisterna que se empleaban hasta ahora en estas operaciones no gozan de mucha flexibilidad operativa y necesitan de grandes pistas de despegue para levantar el vuelo cargados de combustible.

Para terminar con esto y como complemento a los grandes aviones cisterna, Boeing tiene en su menú de drones el MQ-25 Stingray. Un vehículo no tripulado diseñado para albergar el mayor número de kilos en su interior y para satisfacer las necesidades 'alimenticias' de los cazas.

Levantó por primera vez el vuelo en 2019 y desde entonces no ha parado de realizar las pruebas técnicas pertinentes para entrar en servicio cuanto antes. Por el momento, está bajo desarrollo y no hay una fecha clara que diga cuándo se integrará en la Marina de Estados Unidos aunque se espera que no se alargue más allá del 2024.

El desarrollo del MQ-25 Stingray bebe del prototipo Boeing Phantom Ray, un vehículo furtivo no tripulado que Boeing presentó a principios de 2011. Tras varias adaptaciones, tanto de aspecto externo como de capacidad interna, Boeing se declaró ganadora en el proceso de selección del dron cisterna.

El MQ-25 "proporcionará la capacidad de reabastecimiento necesaria de los Boeing F/A-18 Super Hornet, Boeing EA-18G Growler y el Lockheed Margin F-35C; ampliando así el rango de combate", publica Boeing en su página web. Básicamente será el avión de referencia de reabastecimiento en vuelo de los cazas que la U.S. Navy tiene embarcados en sus portaaviones Carl Vinson y Gerge H.W. Bush.

Boeing MQ-25 Stingray Boeing Omicrono

"Nuestro MQ-25 ofrece la combinación adecuada de reabastecimiento de combustible, autonomía e integración perfecta de la plataforma de transporte para ofrecer una solución a la Marina de los Estados Unidos: disponer de una avión de reabastecimiento aéreo no tripulado de bajo coste en la cubierta de vuelo lo antes posible". El contrato firmado entre la Marina de Estados Unidos y Boeing ascendió a 800 millones de dólares con el fin de llevar a cabo el desarrollo de la aeronave.

Hasta que se implementen estos drones, los reabastecimientos en vuelo se realizan desde aviones pesados incapaces de aterrizar en un portaaviones. Esto limita mucho el rango de los cazas que, si están lejos de cualquier aeropuerto, deben aterrizar en el buque y reabastecerse de la forma tradicional. Con el despliegue de estos drones de Boeing ya no será necesario ni un avión grande ni regresar al buque. El reabastecimiento se hará con el caza conectado a un dron 'gasolinera'.

¿Problemas a la vista?

El dron cisterna no está exento de cierta polémica dentro de Estados Unidos. Y es que el proyecto podría retrasarse 3 años debido a la falta de previsión: los buques portaaviones no están adaptados a los nuevos drones.

Un error de planificación de la propia Marina de Estados Unidos y que recogen en Defense News. "Específicamente, la Marina se enfrenta a una flexibilidad limitada para instalar centros de control del MQ-25 en portaaviones", según han informado desde la Oficina de Contabilidad del Gobierno de Estados Unidos.

USS Carl Vinson US Navy Omicrono

El aprovechamiento milimétrico del espacio en los buques los hacen poco flexibles a los cambios. Un avión tradicional ya cuenta con una cabina de control dentro de la propia aeronave pero los drones requieren de una infraestructura extra de una complejidad directamente proporcional a la de la nave no tripulada. De esta forma, existen drones 'de bolsillo' que se manejan desde una sencilla tablet y otros, como este Boeing MQ-25, que requieren de un hardware y software mucho más avanzado.

Debido a esto, si alguno de los periodos de adaptación no se pueden llegar a realizar en el tiempo previsto, los costes se dispararán al tiempo que el despliegue de los drones cisterna se dilatará. "Es un escenario improbable", puesto que los dos buques asignados para el proyecto deberían estar no operativos. Esta posible problemática viene debido a los ajustadísimos tiempos de mantenimiento que la Marina maneja para sus buques.

Boeing MQ-25 Stingray Boeing Omicrono

El equipamiento necesario pasa por la adaptación de una sala de control a bordo denominada Unmanned Aviation Warfare Center (Centro de Guerra de Aviación No Tripulada) donde se instalarán las estaciones de control, interfaces de red, equipos de enrutamiento, equipos de mando e infraestructura de red. Todo para garantizar las operaciones de los drones.