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Tecnología

Descubren la parte más sensible del cerebro haciendo cosquillas a ratas

Investigadores alemanes han descubierto, tras hacer cosquillas a ratas, cuál es la parte más sensible del cerebro, la cual se activa con cosquillas.

11 noviembre, 2016 17:01

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¿Quién nos iba a decir que hacer cosquillas a unas ratas podría darnos tanta información sobre el cerebro?

A las ratas, igual que a los humanos, les hacen reír las cosquillas. De hecho en las ratas es algo bastante más llamativo, ya que estos animales emiten chillidos muy estridentes, llegando incluso al nivel de ultrasonido (por encima de lo que es capaz de sentir el oído humano).

Ahora, gracias a un reciente estudio llevado a cabo por Michael Brecht y sus colegas de la Universidad de Humboldt, en Berlín, hacer cosquillas a ratas nos ha ayudado a descubrir cuál es la parte más sensible del cerebro. Y es que, tan solo activando unas células cerebrales en especial, es suficiente para provocar cosquillas a las ratas… y posiblemente también a los humanos.

La parte más sensible del cerebro se activa con cosquillas

Según sus resultados, publicados en la revista Science, estos investigadores han sido capaces de identificar la parte más sensible del cerebro tras implantar electrodos en la corteza somatosensorial, la región cerebral responsable de registrar el tacto.

En dicha zona hay un punto exacto que se activa cuando nos hacen cosquillas (o cuando se las hacen a las ratas, en este caso).

Además, como también sucede en los humanos, parece ser que las ratas sólo disfrutan de las cosquillas si se encuentran en un estado relajado, y con el ánimo adecuado para ello. Si se ponía a estos animales bajo una luz brillante, las “células de las cosquillas” se activaban mucho menos, y su respuesta era menor.

La relación entre las cosquillas y la sociabilidad

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Por otro lado, los investigadores también descubrieron que las mismas neuronas de la parte más sensible del cerebro también se activaban cuando jugaban con las ratas tras las cosquillas (haciéndoles perseguir su mano, por ejemplo). Los animales saltaban de alegría tras ello.

Esto implicaría que las cosquillas, y la excitación posterior a las mismas, tendrían un papel evolutivo relacionado con la interacción social.

Además, esta investigación también explicaría por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos. Según Brecht y sus colegas, las células responsables de las cosquillas se activaban momentos antes de las cosquillas, algo que implicaría que se produce una “anticipación social” al momento. Es decir, que hace falta otra persona para hacernos cosquillas, sino no tiene gracia, nunca mejor dicho.

Otras teorías sugieren que el cerebelo podría estar implicado en el bloqueo de las sensaciones de cosquillas cuando intentamos hacérnoslas a nosotros mismos. Aunque recientemente una investigación sugirió que en realidad tal bloqueo se produce para que podamos diferenciar nuestro tacto del de los demás. En otras palabras, si nos hacemos cosquillas a nosotros mismos y sentimos lo mismo que si nos las hacen otros, no podríamos estar alerta ante las amenazas. De nuevo, la explicación evolutiva.