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Tecnología

Los trastornos mentales de los personajes Disney

En este artículos nos hemos dedicado a analizar los posibles trastornos mentales de algunos de los personajes Disney más emblemáticos.

4 mayo, 2016 20:27

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Unos más y otros menos, pero casi todos hemos crecido con las películas de Disney.

Por eso, cuando con el paso de los años vemos alguno de sus personajes, es inevitable sentir nostalgia, recordando aquellos tiempos en que las veíamos una y otra vez, hasta aprendernos los diálogos de memoria. Sin embargo, cada vez son más las leyendas urbanas que, unas falsas y otras reales, no paran de crearnos traumas al respecto, como que Blancanieves recoge un preservativo mientras barre la casa de los enanitos o que se puede ver la palabra “sex” escrita en el cielo en una de las escenas más emblemáticas del “Rey León”.

Y como a nosotros también nos gusta sacarle jugo a estas películas hemos decidido hacer un análisis sobre los posibles trastornos mentales de los personajes Disney. ¿Por qué? Porque es una forma curiosa de que aprendáis sobre psicología y trastornos mentales y porque así yo tenía una excusa para volver a ver las pelis.

Conoce los trastornos mentales de los personajes Disney

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Aunque, lógicamente, cuando se crearon estos personajes no se estaba pensando en estos trastornos, es cierto que algunos de ellos muestran síntomas de padecerlos. Debe quedar claro, además, que con este artículo no pretendemos tomarnos a risa ni las enfermedades ni a las personas que las padecen.

Simplemente es un modo cercano de dároslas a conocer; pues, de hecho, seguramente usando estas películas a modo de comparación a partir de ahora los recordéis más fácilmente.

Ariel y el Síndrome de Diógenes

sirenita

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Si recordáis la historia de la Sirenita, Ariel era una joven sirena que soñaba con ser humana, por lo que pasaba gran parte de su tiempo recogiendo cualquier tipo de utensilio que se cayese de los barcos, hasta el punto de acumular todo un arsenal de cucharas, candelabros, instrumentos musicales y otros objetos. Para ella todo eso era un gran tesoro, pero la verdad es que responde bastante bien a la descripción de las personas afectadas por el Síndrome de Diógenes, que tienden a aislarse en casa y acumular basura y todo tipo de objetos inservibles.

Por lo general suele afectar a personas de gran edad que viven solas, aunque suele haber excepciones, como el caso de Ariel. Si no recordáis la colección a la que me refiero podéis verla en este vídeo.

Bella y el Síndrome de Estocolmo

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Pensadlo. Bella va en busca de su padre, que está en una casa en mitad de la nada, dónde ha sido secuestrado por un hombre, mitad bestia, con muy mala leche. Una vez allí, le pide al secuestrador intercambiarse por su padre, lo cual supone un gesto muy bonito y lleno de valentía. Hasta ahí bien. Pero resulta que después se acaba enamorando del secuestrador hasta el punto de defenderlo de un linchamiento popular.

Bella tiene todos los síntomas de padecer un síndrome de Estocolmo, que es una reacción psicológica a través de la cual la víctima de un secuestro o una violación desarrolla un vínculo afectivo con el responsable de sus penurias. Además, en estos casos el propio secuestrador también comienza a desarrollar sentimientos hacia sus víctimas, como en el caso de la Bestia, que hasta le monta una biblioteca gigante.

El Príncipe Encantador y la prosopagnosia

principe

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Para quién no lo sepa, el Príncipe Encantador es el nombre del príncipe de la Cenicienta. Como sabéis, sus padres organizaron una fiesta en su palacio a la que debían acudir todas las muchachas casaderas de buena familia para que pudiera elegir a una como esposa.

La Cenicienta quería ir, pero como su malvada madrastra no se lo permitió, tuvo que recurrir a la magia de su hada madrina, que le convirtió los harapos en un vestido de princesa y una calabaza del huerto en carroza; pero eso sí, sólo hasta las 12 de la noche, pues por lo visto ese hechizo aún no lo tenía muy perfeccionado y a partir de ese momento se iría al traste y todo volvería a ser lo que era.

Claro, cuando dieron las campanadas de media noche, la muchacha estaba bailando con el príncipe y tuvo que salir corriendo para que no se descubriera todo el pastel, dejándose atrás un zapatito de cristal. Al no poder alcanzarla, el príncipe Encantador recogió el zapato y decidió probárselo a todas las chicas del reino en busca de aquella a la que le quedara bien. ¿Pero por qué? ¿No era más fácil ir de casa en casa buscando la cara de la chica con la que había estado bailando la noche antes?

Esto lleva a pensar que el joven padeciera prosopagnosia, una forma de agnosia visual que provoca que aquellos que la padecen sean incapaces de reconocer los rostros. Se debe a la presencia de enfermedades neurodegenerativas o a lesiones en el lado derecho de las circunvoluciones lingual y fusiforme y afecta a un 2’5% de la población real. En el caso de los personajes Disney no tenemos muy clara la prevalencia.

Alicia y el síndrome de Todd

alicia

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Cuando hablamos de Alicia hacemos referencia a la del País de las Maravillas, ¿pero existe tal país? La verdad es que pensar en una reina sacada de la baraja de cartas francesa, un conejo con reloj y mucha prisa y un gato parlanchín con una sonrisa más grande que el resto de su cuerpo da bastante que pensar.

Es posible que Alicia tuviera una afición malsana por el LSD o los hongos alucinógenos, o también que padezca síndrome de Todd, una enfermedad también llamada Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas por al relación existente entre sus síntomas y las extrañas vivencias por las que pasa la niña a lo largo de la historia. Puede estar asociada a otros trastornos como la migraña o la epilepsia eincluso en algunos casos acompaña a infecciones virales y se caracteriza por la presencia de alucinaciones visuales como distorsión de los tamaños, las formas o los colores e incluso presencia de imágenes múltiples. Además, también incluye síntomas asociados a otros trastornos ya mencionados, como la prosopagnosia.

Vamos, que o tenía eso o el humo que le escupe una oruga en esta escena de la película no era de tabaco precisamente.

Rapunzel y el trastorno bipolar

rapunzel

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Si sois de los que no habéis seguido viendo las películas de Disney a partir de cierta edad, puede que no sepáis que Rapunzel es la protagonista de Enredados.

Esta chica, de pelo inmensamente largo, vive en una torre en la que ha sido encerrada por la que ella cree que es su madre, que le insiste encarecidamente en que no debe salir, porque el exterior es peligroso.

Sin embargo, un día llega un joven ladrón, que la anima a salir de casa. Ella acepta, llena de curiosidad por lo que le espera fuera; pero, una vez en el exterior, le asaltan las dudas y pasa de la alegría por ser libre al remordimiento por desobedecer a su madre en cuestión de segundos.

Esto es algo común que a todos nos ha pasado alguna vez, pero si se repite continuamente se puede relacionar con el trastorno bipolar, una enfermedad mental consistente en la presencia de cambios bruscos en el estado de ánimo, alternando periodos depresivos con momentos de exultante felicidad.

Pocahontas y la sinestesia

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Como sabéis, Pocahontas era esa india americana que se enamora de uno de los colonos que acuden a apoderarse de su tierra. La chica, que se llevaba muy bien con un árbol parlanchín, solía enseñarle a John Smith (el colono) las costumbres de su tribu a través de canciones, como una muy conocida en la que habla de los colores del viento.

La verdad es que el viento, por definición, no puede verse. Como mucho, podemos ver su resultado a través de hojas y otros objetos que se mueven, pero nunca el viento en sí. Sí que es más frecuente hacer referencia al sonido del viento, que también es una consecuencia, pero es una referencia más común.

Sin embargo, ella insistía en ver colores, por lo que es posible que padeciera sinestesia, una cualidad que lleva a quiénes la poseen a identificar con un sentido un estímulo normalmente asociado a otro. De este modo, estas personas, por ejemplo, suelen afirmar que oyen colores, que ven sonidos o que descubren colores en el viento.

Peter Pan y el síndrome que lleva su nombre

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En el caso del síndrome de Peter Pan no se trata de un personaje al que se le puede atribuir un síndrome, sino que hay un síndrome que directamente lleva su nombre. Como sabéis, este jovencito decidió que no quería ser mayor, por lo que marchó al País de Nunca Jamás, donde se hizo líder de los Niños Perdidos, un grupo de chicos sin familia que habían decidido ser niños hasta el fin de sus días.

La verdad es que todos hemos experimentado alguna vez el deseo de no querer envejecer. Las facturas, el trabajo, las relaciones personales… todo se complica con la edad adulta y aunque la madurez lleva consigo muchas alegrías, también va acompañada de sinsabores por los que nos cuesta mucho pasar. El problema es que algunas personas no son capaces de aceptar que crecer es inevitable y acaban desarrollando este síndrome, caracterizado por síntomas asociados a la ansiedad y la depresión, que normalmente se presentan acompañados de una gran falta de autoestima.

Estos son sólo algunos ejemplo, aunque si analizáis las películas seguro que vosotros descubrís muchos más. ¿Se os ocurre alguno?