nasa laboratorio

nasa laboratorio

Tecnología

La forma de vida más simple posible ha nacido gracias a la ciencia

Investigadores del AAAS logran diseñar la forma de vida más simple existente en laboratorio

25 marzo, 2016 20:27

Noticias relacionadas

Desde bacterias, virus y protistas, a los complejos animales que habitan la tierra, todos poseen un carnet de identidad biológica: el genoma.

En cada individuo el genoma llega a presentarse de una naturaleza extremadamente diversa, incluso en individuos de la misma especie. Conforme vamos escalando en complejidad (en la que generalmente tomamos cómo referencia el sistema nervioso) nos encontramos un genoma usualmente más complejo, con estructuras que permiten más combinaciones de lectura, elementos reguladores o genomas más largos.

Pero, ¿hasta que punto esta información es indispensable para vivir? Es decir, ¿cuál es el mínimo de información para crear un ser que pueda desarrollar su vida de forma independiente?

Sólo 473 genes para crear la forma de vida más simple en laboratorio

gene adn

gene adn

En los tiempos que tocan, la ciencia ha pulido con gran esmero las técnicas de edición genética, siendo el CRISPR-Cas9 la que mejores resultados está obteniendo en las últimas publicaciones. Modificar el genoma es prácticamente posible, pero, ¿crear un individuo de cero partiendo de información que has predicho por ordenador? ¿es posible?

El equipo de investigación dirigido por Craig Venter y Clyde Hutchison han conseguido una meta que parecía imposible cuándo se lo propusieron en 1995: desarrollar una célula mínima que contenga lo necesario para sobrevivir y mantenerse sin necesidad de una simbiosis u otra relación.

Mycoplasmas, las bacterias que poseen el genoma más pequeño

Mycoplasma

Mycoplasma

El punto de partida fue la archi-conocida Mycoplasma mycoides, bacteria popular por poseer el genoma más pequeño de todas las células autoreplicativas, y fácil de identificar al carecer de una pared bacteriana. Basándose en la literatura, eligieron diferentes regiones en su genoma cómo candidatos para ser las mínimas y esenciales en la vida y ciclo replicativo de la bacteria.

Posteriormente, realizaron una serie de experimentos, insertando transposones (secuencias que se integran en el genoma) en diferentes genes para comprobar si eran indispensables para la vida. Realizaron repetidas rondas de comprobación, para pulir hasta el último gen que no fuese totalmente necesario para la vida de la bacteria, de forma que obtuvieron un genoma reducido que contendría lo indispensable para vivir.

El resultado sería una colección de genes que tras diferentes análisis se revelaría que incluso algunos de los clasificados cómo ‘no esenciales’, eran en realidad homólogos de genes esenciales, y que por ello actuaban de forma redundante. Cómo era de esperar, entre la colección de genes mínimos se mantenían muy conservados los que codificaban para las herramientas de lectura y expresión así cómo los que mantenían la integridad y estabilidad del genoma.

Fuente | AAAS