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El efecto de la religión sobre la salud

20 diciembre, 2015 18:02

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Todos hemos oído que la actitud con la que se enfrenta una enfermedad es fundamental para superarla. Hoy en Medciencia buscaremos la explicación y, además, prestaremos especial atención a la vida espiritual durante la enfermedad. En la actualidad, aunque poseemos la más avanzada tecnología médica, se están poniendo de moda ciertas “medicinas” alternativas basadas en el espiritualismo. Algunas de ellas son la homeopatía, el Mindfulness o la acupuntura. Aunque no tienen base científica alguna, es posible que produzcan mejorías en el paciente. Pero, ¿por qué?

La relación entre sistema inmune y cerebro

Numerosos grupos de investigación se han dedicado en los últimos años a responder si la religión ayuda o no en la lucha contra alguna enfermedad. Han encontrado que, en general, las personas que practican regularmente la religión viven durante más años y se recobran más rápidamente de enfermedades físicas y mentales. Esto no se debe a causas sobrenaturales, sino a que el rezo proporciona optimismo a la persona enferma, y este optimismo repercute positivamente en su salud.

Esto se debe a las relaciones existentes entre los estados mentales y el sistema inmune, tratadas por la Psiconeuroinmunología. El cerebro y las células inmunitarias se comunican por diferentes vías. Por ejemplo, en 1995 se encontró que las células del Sistema Inmune poseen receptores para numerosos neurotransmisores y hormonas reguladas por el cerebro: serotonina, dopamina, endorfinas… En ciertas condiciones, estás moléculas pueden cambiar la actividad de las defensas corporales. También se ha demostrado que, en situaciones de estrés, se reduce la cantidad de células Natural Killer (células NK), principales encargadas de prevenir la formación de tumores. Del mismo modo, el sistema inmune puede afectar a los procesos cerebrales, como los que regulan el sueño y la temperatura corporal.

Uno de los pioneros en este campo fue el científico estadounidense Robert Ader, profesor emérito de la University of Rochester Medical Center. En uno de sus primeros trabajos, administró a ratas una dosis de sacarina justo antes de aplicarle ciclofosfamida, un inmunosupresor. Tras varios ensayos de condicionamiento clásico, se encontró que cierto tiempo después las ratas veían decrecer sus anticuerpos solo tomando sacarina, sin que después se le aplicara la droga. Por tanto, simplemente esperar un efecto hace que éste se produzca. Esto indica que la esperanza inherente a las personas religiosas hace que su salud mejore.

¿La religión es siempre optimismo?

Sin embargo, la religión no siempre tiene que suponer una dosis de optimismo. La religión aporta una visión negativa del estado de salud cuando alguien reza por el enfermo. En estas condiciones, puede observarse un empeoro de la salud. Esto fue demostrado por Herbert Benson, doctor en la Harvard Medical School. En un estudio se centraron en 1000 personas con enfermedades cardiovasculares a las que se le había aplicado un bypass. Se encontró que las personas que sabían que estaban rezando por ellas poseían un riesgo significativamente mayor de sufrir complicaciones tras la operación.

Esto se debe al efecto nocebo, opuesto al anteriormente descrito, y se produce cuando el paciente espera circunstancias negativas. El efecto nocebo hace que se produzcan erupciones cutáneas, problemas gastrointestinales, aumento del dolor, problemas cardiovasculares y otras alteraciones. Todo ello provoca, en última instancia, una ansiedad creciente que puede repercutir en el estado de salud.

En definitiva, la relación entre mente y cuerpo es fundamental a la hora de mantener un buen estado de salud. De este modo, una visión optimista de la situación ayuda, a todas luces, a superarla. La religión puede ser una buena aliada en este sentido siempre que se olviden sus aspectos negativos (miedo, culpa…) y se potencie la capacidad de proporcionar esperanza que indudablemente posee.

Fuente | Psychology Today