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Violines modernos que pueden sonar como un Stradivarius gracias a los hongos

21 septiembre, 2012 17:31

Que un violín sea bueno depende fundamentalmente de la experiencia de la persona que los hace pero también depende de la madera que se utilice. El catedrático Francis WMR Schwarze de Empa (Laboratorios Federales Suizos para la Ciencia de los Materiales y Tecnología en St. Gallen, Suiza) ha demostrado que tratando la madera con dos tipos de hongo un violín moderno puede sonar de manera muy similar a un mismísimo Stradivarius.

¿Qué hace único a un violín?

Las características idóneas de la madera para que alcance el tono perfecto son 3: baja densidad, alta elasticidad y rápida transmisión del sonido. A finales del siglo XVII y principios del XVIII, el famoso fabricante de violines Antonio Stradivari utilizó una madera especial que había crecido en el período frío entre los años 1645 y 1715. En este período de tiempo la madera creció de manera muy lenta y uniforme, consiguiendo así la baja densidad y la alta elasticidad.

Hasta ahora, los nuevos fabricantes de violines sólo podían soñar con este tipo tan especial de madera que se puedo conseguir en ese lapso de tiempo. El tratamiento con dos especies de hongos (Physisporinus vitreus y Xylaria longipes) en la madera del abeto Noruego y el sicomoro (los dos tipos de madera principales que se utilizan para fabricar violines) mejora su calidad tonal. Lo que hacen normalmente los hongos en la madera es bajar la densidad pero, por desgracia, también disminuyen la velocidad de transmisión de las ondas sonoras. Sin embargo, el tratamiento con estos dos hongos hace que las 3 características idóneas de la madera para el buen tono del violín se consigan.

Después del tratamiento con los hongos, la madera se rocía con óxido de etileno, un gas al que los hongos no pueden sobrevivir. El resultado es un violín mejorado sin posibilidad de que los hongos puedan estropearlo.

La prueba de fuego: ¿Los violines tratados con hongos suenan igual que un Stradivarius del siglo XVIII?

Para comprobarlo, en 2009 el violinista Mateo Trusler tocó con un violín del Señor Schwarze y con un Stradivarius de 1711 detrás de una cortina. Tanto el jurado de expertos y la mayoría del público creyeron que el violín tratado con hongos durante 9 meses fue el violín de 1711. Aún con esta sorprendente resultado, el catedrático dice que este tipo de pruebas son siempre subjetivas ya que no existe un método científico claro para medir la calidad tonal.

Evidentemente, por muy tratado que esté con hongos un violín actual y suene prácticamente igual que un Stradivarius, no es un Stradivarius. Sin embargo, la naturaleza está llena de sorpresas y esta vez puede ayudarnos a mejorar el sonido de la música para nuestros oídos.

 

Fuente: Max Delbrück Center for Molecular Medicine