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Donald Trump. Reuters Reuters

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Donald Trump rechaza las advertencias del posible fin de la humanidad a manos de la IA: "No me preocupa en absoluto"

El presidente de EEUU antepone la competencia contra China a las advertencias científicas sobre los riesgos existenciales de la superinteligencia.

Más información: Autopsia de un ciberataque: miles de agentes de IA de OpenAI conspiraron en un hackeo que ya es histórico

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En medio del creciente debate sobre los riesgos existenciales de que la inteligencia artificial (IA) "nos pueda matar a todos a finales de la década", el presidente de EEUU, Donald Trump, ha fijado una postura tajante.

Interrogado en Dallas sobre los avisos de la comunidad científica que señalan que la tecnología podría escapar al control humano e instar a la extinción de nuestra especie, Trump desestimó los temores: "No, no me preocupa en absoluto".

Para la Casa Blanca, la prioridad tecnológica no es el freno por prudencia, sino el liderazgo indiscutible frente a Pekín.

"Me preocupa que si no ganamos en la IA, nos encontraremos en una situación muy difícil", señaló Trump, subrayando que EEUU mantiene una ventaja "considerable sobre China. Diría que un año, lo cual, como saben, es mucho tiempo".

En la balanza de EEUU, el riesgo geopolítico de perder la carrera tecnológica pesa considerablemente más que los escenarios apocalípticos dibujados por los investigadores.

Las declaraciones del presidente coinciden con un momento de máxima agitación en Silicon Valley.

Esta misma semana, la seguridad en el desarrollo de modelos de vanguardia volvió al centro del debate tras la dimisión de Jacob Coxon, un investigador con trayectoria en firmas clave como Anthropic y OpenAI.

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Coxon justificó su renuncia acusando a la industria de actuar de forma irresponsable al acelerar el despliegue de sistemas con capacidad de auto-mejora.

Según el especialista, las empresas "están jugando con nuestras vidas" e impulsando sistemas sobrehumanos capaces de adquirir recursos propios, revolucionar sectores de la noche a la mañana y vulnerar infraestructuras críticas.

"Los equipos que desarrollan la IA creen firmemente que podría acabar con todos nosotros para finales de la década", advirtió en sus redes sociales.

Esta visión encuentra eco dentro de los propios laboratorios. Evan Hubinger, un empleado en activo de Anthropic, respaldó públicamente la alerta al estimar que las probabilidades de que la IA provoque un desenlace nefasto superan el 10 % en los próximos diez años.

Incluso dentro de la cúpula ejecutiva comienzan a vislumbrarse movimientos de cautela.

Según reportó la agencia Bloomberg, citando a fuentes familiarizadas con el asunto que solicitaron el anonimato, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, trasladó internamente a sus empleados la posibilidad de ralentizar el desarrollo de sus modelos de vanguardia más potentes, expresando el deseo de que la competencia adopte un enfoque similar.

Sin embargo, el respaldo de la administración estadounidense al avance acelerado plantea un dilema ético y estratégico.

Mientras los investigadores exigen mecanismos rigurosos de contención y auditoría antes de liberar sistemas auto-evolutivos, la visión gubernamental entiende cualquier pausa como una cesión de hegemonía ante competidores globales.