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El experimento ruso que aterra a Hollywood: anuncios generados por inteligencia artificial en plena película

La inteligencia artificial está siendo usada en sitios de streaming para meter anuncios dinámicos en la ficción alterando la obra original.

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No hace falta ser un nostálgico del VHS para recordar cuando la publicidad era un bloque sólido, una interrupción que nos permitía ir a por agua o estirar las piernas.

El pacto era claro: te damos contenido gratis o subvencionado a cambio de tu atención durante unos minutos de intermedio.

Poco a poco la publicidad fue mutando y, aunque mantenía esa estructura, también se integraba en los programas, series y películas con el llamado Product Placement, es decir, con elementos que aparecían en el guion de lo que estuviéramos viendo.

Sin embargo, los cambios que está originando la inteligencia artificial van a llevar esos anuncios a otro nivel.

Mediante el uso de inteligencia artificial, sitios de streaming ilegal están incluyendo anuncios dinámicos en lugares donde antes no había nada, o peor aún, sustituyendo elementos de la propia obra original.

El largo camino desde el Product Placement tradicional

Históricamente, la publicidad en el cine y las series ha sido una cuestión de logística y contratos previos a la producción.

El famoso emplazamiento de producto (Product Placement) requería que un actor sostuviera una lata de refresco específica o que el protagonista condujera un coche de una marca determinada. Era un proceso estático.

Si en los años ochenta el protagonista bebía una marca de cerveza, esa marca se quedaba ahí para la eternidad, grabada en el celuloide. No había marcha atrás. Con la llegada de la era digital, vimos intentos tímidos de digitalizar este proceso, añadiendo carteles en las vallas de los estadios en las retransmisiones deportivas dependiendo de qué país estuviera viendo la señal.

Pero lo que plantea la inteligencia artificial generativa es un salto al vacío. Ya no hablamos de poner un logo en una esquina de la pantalla. Hablamos de redes neuronales capaces de entender la profundidad de una escena, la iluminación de un salón y la textura de una mesa para colocar sobre ella una caja de pizza de la marca que más le convenga al algoritmo en ese preciso segundo. El espectador ya no ve un anuncio; el espectador habita una realidad comercial aumentada.

La tecnología que rompe la cuarta pared

La implementación detectada en estos sitios de streaming rusos utiliza modelos de visión por computador para identificar superficies planas o espacios muertos en la composición de los planos.

Si el protagonista de una serie está caminando por una calle de Nueva York, la IA puede identificar una pared vacía y proyectar en ella un grafiti publicitario que parece estar ahí desde el rodaje original.

Lo hace respetando las sombras, el grano de la película y el desenfoque de movimiento. El resultado es tan orgánico que resulta aterrador. La santidad de la obra artística desaparece en favor de la optimización del inventario publicitario.

Este sistema permite una personalización que hasta ahora solo soñaban los departamentos de marketing. Si los datos de navegación sugieren que tienes hambre, el televisor puede decidir que en la encimera de la cocina de la serie que estás viendo aparezca un paquete de cereales concreto.

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by u/Mulster_ in Piracy

Si estás buscando coche, el vehículo que pasa por detrás en una escena de persecución podría transformarse en el modelo exacto que estuviste configurando ayer en una web oficial. La publicidad deja de ser una interrupción para convertirse en el tejido mismo de la narrativa.

¿El fin de la versión original?

El debate ético y artístico es profundo. ¿A quién pertenece la imagen? Si un director de fotografía decidió que una habitación debía ser oscura y minimalista para transmitir soledad, y una IA decide llenar las paredes con anuncios de colores neón porque el algoritmo así lo dicta, la intención artística muere.

Estamos ante la democratización de la profanación visual. Los creadores pierden el control sobre el aspecto final de sus obras, que pasan a ser lienzos dinámicos en constante subasta.

Esto plantea un problema de realismo y de inmersión. La suspensión de la incredulidad, ese estado mental necesario para disfrutar de la ficción, se rompe cuando detectamos, aunque sea de forma subconsciente, que los elementos del entorno están cambiando para vendernos algo.

El riesgo es que acabemos viendo las películas no como historias, sino como catálogos de compras interactivos donde cada objeto es un enlace potencial.

Hacia un futuro de contenidos líquidos

Las plataformas legales no tardarán en adoptar estas técnicas. El modelo de negocio del streaming está bajo mínimos y la publicidad es la única balsa de salvación que ven las grandes tecnológicas.

Un mundo donde las marcas paguen por aparecer en los clásicos del cine. ¿Veremos a Rick Blaine en Casablanca fumando una marca de cigarrillos electrónicos porque una IA ha sustituido su tabaco tradicional para cumplir con las normativas actuales o los intereses de un anunciante?

La IA no solo está cambiando cómo se crean las imágenes, sino cómo se consumen. Estamos entrando en la era del contenido líquido, donde la película que una persona ve puede ser visualmente distinta a la que ve otra, a pesar de que el guion sea el mismo.

La publicidad ha encontrado la forma de infiltrarse en nuestro subconsciente a través de la estética, aprovechando que nuestros ojos ya no filtran los anuncios porque no parecen anuncios.

El experimento ruso nos advierte de que el espacio personal del espectador es el último territorio a conquistar. La tecnología ha hecho posible lo que antes era un delirio de ciencia ficción, que el mundo de la pantalla sea modificable.