Donald Trump y Dario Amodei

Donald Trump y Dario Amodei Omicrono

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Anthropic sigue negociando con el Pentágono pese al veto de Trump y las críticas de su CEO

Dario Amodei, CEO de Anthropic: "No les gustamos porque no hemos donado a la administración Trump y no le hemos alabado como a un dictador".

Más información: Trump vs Anthropic: guerra por el control absoluto sobre la inteligencia artificial

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España es uno de los países que actualmente está en el punto de mira de los Estados Unidos por la negativa a que se usen las bases americanas en territorio nacional para una operación bélica no consensuada con la OTAN o la ONU.

Pero ni es el único país que está ahora mismo en la mira de la administración Trump ni la única batalla no militar que el gobierno estadounidense está librando.

Hace unos días Dario Amodei, CEO de Anthropic, dejó claro que no iba a permitir que se usara la tecnología de su empresa sin limitaciones, aunque fuera el Pentágono el que lo pidiera.

Eso enfureció a los responsables de la administración estadounidense, que no dudaron en catalogar a la compañía de un peligro para la seguridad nacional.

Esto hizo que Anthropic perdiera contratos de defensa por el veto de Trump y OpenAI se posicionara como una alternativa.

Ahora se ha sabido que el propio Dario Amodei está protagonizando un intento desesperado por rescatar un acuerdo con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos tras el colapso de las negociaciones ocurrido la semana pasada.

Esta ruptura ha dejado a la compañía en una posición de vulnerabilidad sin precedentes, enfrentándose al riesgo real de ser excluida por completo de la cadena de suministro militar estadounidense, lo que supondría un golpe financiero y reputacional de magnitudes considerables.

Emil Michael, Subsecretario de Defensa de Investigación e Ingeniería de Estados Unidos

Emil Michael, Subsecretario de Defensa de Investigación e Ingeniería de Estados Unidos Defense Scoop Omicrono

Las discusiones se están llevando a cabo entre Amodei y Emil Michael, subsecretario de Defensa para investigación e ingeniería.

El objetivo primordial de estos encuentros es intentar suavizar las asperezas de un contrato que debería regular el acceso del Pentágono a los modelos avanzados de inteligencia artificial desarrollados por Anthropic.

Si ambas partes logran alcanzar un nuevo consenso, el ejército de los Estados Unidos podría continuar utilizando esta tecnología puntera, mitigando la posibilidad de que la empresa sea catalogada oficialmente como un riesgo para la cadena de suministro.

Esta amenaza fue puesta sobre la mesa el pasado viernes por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aunque por el momento la medida no se ha hecho efectiva, dejando un pequeño margen para la diplomacia corporativa.

El origen de este distanciamiento se encuentra en el fracaso estrepitoso de las conversaciones mantenidas durante los últimos días.

La tensión alcanzó niveles personales cuando Emil Michael no dudó en atacar públicamente a Amodei, calificándolo de mentiroso y acusándolo de poseer un complejo de Dios.

El CEO de Anthropic ha enviado un memorándum a los trabajadores de su empresa en el que deja claro el motivo por el que ha sucedido esto:

"Las verdaderas razones por las que el Departamento de Defensa y la administración Trump no nos aprecian es que no hemos donado a Trump (mientras que OpenAI/Greg han donado mucho), no le hemos dado elogios al estilo dictador (mientras que Sam sí), hemos apoyado la regulación de la IA que va en contra de su agenda, hemos dicho la verdad sobre una serie de cuestiones de política de IA (como el desplazamiento de puestos de trabajo), y de hecho hemos mantenido nuestras líneas rojas con integridad".

Sam Altman, CEO de OpenAI, en una foto de archivo

Sam Altman, CEO de OpenAI, en una foto de archivo Wikimedia Commons Omicrono

Esto deja al gigante de la inteligencia artificial Anthropic en una encrucijada crítica para su futuro operativo, sobre todo ahora que OpenAI se posiciona como una alternativa.

Sobre esta opción, Amodei también ha tenido palabras para criticar a Sam Altman, con el que no se lleva nada bien como se demuestra cada vez que tienen la oportunidad. En el mismo memorándum explica:

"Creo que estos hechos sugieren un patrón de comportamiento que he visto a menudo en Sam Altman, y que quiero asegurarme de que la gente reconozca.

Esta mañana empezó diciendo que comparte las líneas rojas de Anthropic para aparentar que nos apoya, obtener parte del crédito y evitar ser atacado cuando se hagan cargo del contrato. También se presentó como alguien que quiere "establecer el mismo contrato para todos en la industria"; es decir, se presenta como un pacificador y un negociador.

Entre bastidores, está trabajando con el Departamento de Trabajo para firmar un contrato con ellos y reemplazarnos en cuanto se nos designe como riesgo para la cadena de suministro. Pero tiene que hacerlo de una manera que no parezca que renunció a las líneas rojas y se vendió cuando nosotros no lo hicimos. Puede aparentar que lo hace superficialmente porque puede participar en todo el teatro de seguridad que Anthropic rechazó, y que el Departamento de Trabajo y sus socios están dispuestos a conspirar para presentar como convincente a sus empleados, y el Departamento de Trabajo también está dispuesto a aceptar algunas condiciones suyas que no estaban dispuestos a aceptar de nosotros. Ambas cosas permiten que OAI consiga un acuerdo cuando nosotros no pudimos."

Para la compañía, es innegociable establecer límites claros que impidan que sus sistemas sean utilizados en tareas de vigilancia doméstica masiva o en el desarrollo de armamento autónomo con capacidad letal.

Estas líneas rojas representan el núcleo de la filosofía de seguridad de la empresa y son las que han provocado el choque directo con las ambiciones del estamento militar.

La escalada de las hostilidades se intensificó cuando el Pentágono comenzó a presionar para que las empresas de inteligencia artificial permitieran que su tecnología se usara para cualquier propósito que fuera legal bajo la legislación vigente.

Esta definición tan amplia choca frontalmente con los estatutos de seguridad de Anthropic, que busca restricciones mucho más específicas para evitar abusos contra los derechos civiles.

El resultado de esta firmeza ética ha sido la declaración de intenciones de Hegseth de designar a la firma como un riesgo para la seguridad nacional. Si este proceso culmina, todas las empresas que forman parte de la red de proveedores militares se verían obligadas legalmente a cortar sus vínculos comerciales con la compañía de Amodei, lo que la pondría en serio peligro.