La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen

La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen Yves Herman Reuters

Hardware

La UE cambia las reglas: quiere obligar a las operadoras de telefonía a cambiar todos los routers chinos instalados

En la guerra por el control del wifi doméstico, las marcas alemanas quieren expulsar a los gigantes asiáticos de tu hogar.

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España se encuentra en el epicentro de un intenso debate normativo tras la propuesta del nuevo Reglamento de Ciberseguridad 2 por parte de la Comisión Europea.

Esta legislación busca restringir la presencia de tecnología asiática en las infraestructuras críticas del continente.

Las principales compañías de telecomunicaciones han manifestado su profunda preocupación ante el impacto económico de esta medida. La obligación de retirar ciertos dispositivos tecnológicos supondrá un desembolso financiero histórico para el sector.

El documento de Bruselas evita señalar firmas comerciales específicas de forma directa. Sin embargo, el mercado asume que los gigantes Huawei y ZTE se verán plenamente afectados por los criterios de exclusión.

La normativa penaliza a aquellas corporaciones obligadas a colaborar con los servicios de inteligencia de sus países de origen. Esta falta de garantías democráticas convierte a estas marcas en activos de alto riesgo para las redes europeas.

Las operadoras del continente ejercen actualmente una gran presión política para frenar la aprobación de la ley. Las empresas aseguran que les resultará imposible asumir los costes derivados de la sustitución masiva de componentes.

Las estimaciones del sector privado sitúan la inversión necesaria entre los 30.000 y 40.000 millones de euros. Esta cifra duplica las previsiones económicas que manejan los técnicos de la Unión Europea.

Router eero de Amazon, uno de los que podría beneficiarse de la medida

Router eero de Amazon, uno de los que podría beneficiarse de la medida CF Omicrono

La nueva legislación se muestra mucho más estricta que sus predecesoras al eliminar las simples recomendaciones de sustitución. Los cambios pasarán a ser un imperativo legal para todos los Estados miembros.

El calendario previsto otorga un margen de 36 meses para limpiar las redes móviles tras la publicación de la lista negra. Sin embargo, la red de acceso fijo también se verá afectada sin un plazo concreto establecido.

La inclusión de la red de acceso representa un golpe operativo muy duro para las compañías de internet. Esta decisión obliga a modificar no solo las centrales principales, sino también los dispositivos domésticos.

Los técnicos tendrán que cambiar tanto las estaciones ópticas centralizadas como los terminales que se instalan en cada vivienda. En el territorio nacional, esta medida forzará una reconfiguración casi total de las infraestructuras de conexión.

Router de la empresa taiwanesa Zyxel Communications, instalado por Movistar

Router de la empresa taiwanesa Zyxel Communications, instalado por Movistar Omicrono

Telefónica logrará esquivar parte del golpe en los hogares gracias a sus proveedores actuales. Sus dispositivos domésticos proceden de firmas taiwanesas que no están afectadas por la nueva prohibición.

Por el contrario, sus rivales directos como Orange y Vodafone dependen de la tecnología de ZTE para sus equipos de referencia. Una situación idéntica sufren varios de los modelos que distribuye la compañía Digi en el mercado actual.

Mientras las operadoras muestran su rechazo, los fabricantes de hardware europeos celebran la llegada de la nueva normativa. Estas empresas locales ven una oportunidad única para ganar cuota de mercado frente a Asia.

Marcas de gran presencia como Fritz y Devolo se han unido para presionar a las instituciones comunitarias. Su objetivo es acelerar la expulsión de los rivales extranjeros mediante una alianza corporativa formal.

Este grupo de fabricantes defiende que Europa debe exigir el uso exclusivo de tecnología desarrollada en el propio continente. Los argumentos presentados se basan en el volumen real de datos que gestiona cada infraestructura.

La ley comunitaria actual pone el foco en las redes móviles, las cuales solo transportan una fracción mínima del tráfico global. Los enrutadores domésticos gestionan la inmensa mayoría de las comunicaciones diarias de los ciudadanos.

Las estadísticas del sector revelan que casi el 40% de los equipos domésticos actuales son de origen chino. Marcas muy populares conviven con las firmas europeas que retienen un porcentaje similar del mercado.

Las alternativas procedentes de Taiwán y Estados Unidos completan el mapa de la conectividad en los hogares europeos. Esta distribución genera inquietud entre los defensores de la soberanía tecnológica continental.

Los riesgos señalados por los expertos incluyen la posible interceptación de datos privados que circulan por estos aparatos. También preocupa el uso potencial de estos dispositivos para lanzar ataques informáticos a gran escala.

Aunque no existen pruebas actuales de espionaje, un conflicto internacional podría cambiar la situación de forma drástica. Las actualizaciones periódicas de los sistemas operativos podrían utilizarse como una vía de entrada para software malicioso.

La industria local solicita también la implantación de un etiquetado claro para proteger a los consumidores finales. Los usuarios tendrían derecho a conocer el origen exacto del producto y de sus componentes lógicos.