Safe To Bee

Safe To Bee Omicrono

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Adiós a las avispas: el genial invento con IA que las captura de forma segura y sin utilizar productos químicos

La inteligencia artificial es la herramienta que ayuda a la naturaleza en esta trampa que protege a las abejas del avispón asiático de forma selectiva y eficaz.

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Hubo un tiempo en el que la innovación tecnológica de la inteligencia artificial parecía restringida a las pantallas de nuestros bolsillos o a los centros de datos de Silicon Valley.

Sin embargo, el verdadero potencial de esta tecnología se demuestra cuando resuelve problemas que, hasta ahora, dábamos por perdidos.

El caso del avispón asiático, esa especie invasora que está diezmando las poblaciones de abejas en media Europa, es el ejemplo perfecto de cómo un algoritmo puede ser más eficaz que cualquier producto químico o trampa rudimentaria.

Durante años, los apicultores han luchado una batalla desigual. El avance de la Vespa velutina ha sido implacable, y las herramientas para combatirla eran, siendo generosos, mejorables. Las trampas de feromonas o líquidos azucarados tienen un defecto de diseño fundamental: no son selectivas.

Capturan al avispón, sí, pero también sentencian a muerte a miles de insectos polinizadores, abejas autóctonas y mariposas que caen en el mismo engaño.

Es un daño colateral que nuestra biodiversidad no puede permitirse. Aquí es donde entra en juego la visión artificial, transformando un simple cajón de madera en un dispositivo de alta precisión.

Safe To Bee

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La propuesta Safe To Bee supone un cambio de paradigma. Estamos ante una trampa que no confía en la suerte o en el olfato, sino en la vista y en el procesamiento de datos en tiempo real.

El concepto es tan brillante como complejo en su ejecución. Una cámara de alta velocidad monitoriza la entrada del dispositivo, mientras un procesador integrado analiza cada forma, cada patrón de vuelo y cada color que se acerca al orificio de entrada.

La inteligencia artificial ha sido entrenada con miles de imágenes para distinguir, con un margen de error mínimo, entre una abeja común y una Vespa velutina.

No estamos hablando de una conexión permanente a la nube que dependa de una señal 4G inestable en mitad del monte. El procesado se realiza en el dispositivo, lo que técnicamente conocemos como edge computing. Esto permite que la respuesta sea instantánea.

Cuando el sistema identifica a un invasor, activa un mecanismo físico, como una trampilla o un obturador, que permite el paso del avispón a una cámara de captura de la que no puede salir. Si, por el contrario, el visitante es una abeja obrera o cualquier otro insecto beneficioso, el sistema permanece abierto o le facilita una vía de escape segura.

Uno de los aspectos que más sorprende de esta innovación es su robustez. No olvidemos que este gadget va a estar expuesto a la lluvia, al sol directo y a cambios bruscos de temperatura.

Los materiales elegidos deben garantizar que los sensores ópticos no se degraden y que los servomotores que accionan las puertas no se bloqueen por la suciedad. Es un reto de ingeniería que va más allá del software.

La integración de paneles solares para alimentar el sistema de forma autónoma cierra el círculo de un producto que busca ser sostenible en todos los sentidos.

Los desarrolladores han tenido que alimentar al sistema con variaciones de luz, diferentes ángulos de aproximación y diversas condiciones climáticas para que el algoritmo no confunda a una avispa común con la temida asiática. Es ese nivel de detalle el que marca la diferencia entre un juguete tecnológico y una herramienta profesional de gestión de plagas.

Para los entusiastas de la monitorización, estas trampas suelen incluir conectividad inalámbrica para enviar informes detallados al smartphone del usuario. Ya no es necesario recorrer kilómetros de terreno para revisar cada dispositivo de forma manual; la gestión se vuelve inteligente y, sobre todo, eficiente en tiempo y recursos.

Avispón asiático

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Esta digitalización del campo permite además crear mapas de calor sobre el avance de la plaga. Los datos recogidos por estas trampas inteligentes pueden ser vitales para las autoridades medioambientales, ayudando a predecir hacia dónde se desplazará la Vespa velutina en la próxima temporada.

Es inevitable pensar en el coste. Obviamente, una trampa equipada con cámaras, procesadores y sistemas de alimentación solar es significativamente más cara que un bote con agua con azúcar. Sin embargo, el análisis debe hacerse a largo plazo.

Si sumamos el valor de las colmenas salvadas, el ahorro en desplazamientos y, sobre todo, la protección del ecosistema al no matar insectos beneficiosos, la inversión se puede justificar.