Recreación de la misión de rescate Omicrono
La odisea de la NASA para rescatar el telescopio Swift: de un satélite a la deriva a fallos de conexión intermitente
El tiempo corre para evitar que el telescopio se destruya contra la Tierra, mientras la nave enviada a su rescate gira sin control en el espacio.
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Quedan 31 días para presenciar una misión histórica: el rescate de la nave Swift que cada día pierde más altitud y en poco tiempo podría arder contra la atmósfera. El satélite Link intentará rescatar el observatorio de rayos gamma Swift de la NASA, valorado en 500 millones de dólares. Lo alcanzará y lo impulsará hasta una altitud segura, donde seguirá siendo de utilidad para el estudio de los rayos gamma.
Sin embargo, pocas semanas después de su lanzamiento a contrarreloj, la misión se ha topado con ciertos problemas. Hace unos días, la nave perdía el control, girando a gran velocidad, lo que ha afectado a las comunicaciones y reducido las posibilidades de cumplir con el objetivo del viaje.
El éxito de esta misión de rescate no solo supone alargar la vida al observatorio espacial, también el inicio de una nueva era en la que se gestione de forma diferente la órbita, las naves y satélites que se encuentran en ella y la basura que el ser humano ha generado en esta región.
La misión
La idea es sencilla a simple vista, llevarla a la práctica es otro cantar. El pequeño satélite debe alcanzar al observatorio Swift, acoplarse a él con tres brazos robóticos e impulsarlo hasta una altitud operativa segura para que este pueda reanudar las observaciones científicas.
Como ya se ha mencionado, es la primera vez que se lleva a cabo una operación así. Swift llegó a la órbita terrestre en 2004, con el encargo de detectar estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del universo conocido. Esta nave sigue siendo de utilidad a la comunidad científica, a pesar de su antigüedad, pero no le queda mucho tiempo de vida.
Swift se diseñó y lanzó al espacio sin propulsores que le mantengan en órbita. Al operar en la órbita baja, las capas externas de la atmósfera siguen ejerciendo cierta tensión aerodinámica lo que provoca que pierdan altitud.
El observatorio fue lanzado a una órbita de aproximadamente 585 km. Ese tirón hacia la Tierra y su final se incrementa según la nave va bajando. Los ingenieros de la NASA estiman que Swift descenderá por debajo de los 300 km de altitud este otoño, posiblemente alrededor de octubre.
Es más, Swift está perdiendo altitud más rápido por culpa de un periodo de mayor actividad solar. Un Sol activo expande la atmósfera terrestre, lo que genera una mayor resistencia aerodinámica para los satélites en órbita baja.
Su caída contra la Tierra, a través de la atmósfera, no preocupa para la población del planeta, pues se espera que parte del equipo se desintegre al pasar, como ocurre con la mayoría de satélites.
Cohete Pegasus XL despegando del avión Omicrono
Para que esto no ocurra aún y poder seguir haciendo uso de este instrumento de observación se ha diseñado esta misión pionera. Link se lanzó al espacio el pasado 3 de julio a bordo del cohete Pegasus XL de Northrop Grumman.
El Pegasus XL se libera desde un avión comercial modificado a unos 12.900 metros de altitud. Se libera de un avión comercial modificado a unos 12.900 metros de altitud y, a continuación, el cohete enciende una serie de tres motores de combustible sólido para ascender y acelerar hasta la órbita. Tras 45 misiones desde 1990, este es el último cohete Pegasus programado para volar.
Rescatando al rescatador
El 1 de agosto, la NASA informaba que los técnicos responsables habían conseguido ralentizar la velocidad a la que gira Link y se mostraba esperanzada al afirmar que todavía había distintas opciones para conseguir llevar adelante la misión de rescate. “Se espera que link se acerque a Swift alrededor de finales de agosto”, decía el comunicado.
Según informaron los responsables, Link giraba sobre múltiples ejes, impidiendo mantener una comunicación fiable con la Tierra. Sin esa comunicación, el análisis y control de los técnicos en tierra firme se complica. Es la pescadilla que se muerde la cola.
Ingenieros de Katalyst estabilizan su nave espacial robótica de servicio LINK Omicrono
Además, dos de las tres ruedas de reacción que el satélite usa para la orientación, tampoco funcionaban. Mediante contactos por radio intermitentes, los ingenieros de la misión descubrieron un fallo en los propulsores de gas frío que sirven para precisar el control de actitud.
El control de actitud de una nave espacial es el conjunto de sistemas y acciones necesarias para controlar la orientación del equipo en el espacio. Se implican en este proceso instrumentos como sensores como giroscopios o rastreadores del Sol y otras estrellas y algoritmos.
Según informa el medio Ars Technica, el primer paso que han dado los técnicos es utilizar los motores de plasma del satélite para reducir gradualmente su velocidad de rotación. Estos motores están diseñados principalmente para elevar la órbita, pero también son adecuados para el control de actitud.
El uso de los propulsores habría permitido empujar la nave en dirección contraria a la que giraba y así frenarla. El viernes, la nave espacial había reducido su velocidad de rotación a la mitad, de aproximadamente 9 grados por segundo a unos 4 grados por segundo.
Es posible que Katalyst logre recuperar las dos ruedas de reacción inoperables del satélite, pero la prioridad del equipo es restablecer el control mediante la transmisión de un nuevo algoritmo para gestionar su orientación a través de una combinación de su única rueda de reacción restante y sus propulsores. Después de este proceso llegarán las tareas de estabilización.
Aún no se conoce el origen del fallo. Se valora tanto un posible error interno, como una colisión con basura espacial. La investigación no puede ponerse en marcha hasta que se estabilice.
A cargo de esta nave está Katalyst Space Technologies, la startup que consiguió el contrato de la NASA por 30 millones de dólares. Mientras se solucionaba el problema, el resto de sistemas de la nave permanecieron en buen estado: su fuente de alimentación, tres propulsores eléctricos alimentados con xenón, el hardware general del satélite.
La misión de rescate se lanzó el 3 de julio a contrarreloj. La agencia espacial le dio a Katalyst menos de un año para preparar la misión, que sería la segunda misión espacial desarrollada por esta empresa. Ya demostraron de lo que eran capaces en 2024 con una demostración lanzada en 2024 por Atomos Space, una empresa que Katalyst adquirió el año pasado. La startup no encontró proveedores que le pudieran entregar las piezas a tiempo, por lo que decidió fabricarlas ella misma.