Victor Glover, astronauta de Artemis II, en una prueba física.

Victor Glover, astronauta de Artemis II, en una prueba física. NASA Omicrono

Aviación y Espacio

Artemis II continúa su misión en la Tierra: los equipos de la NASA ya analizan los datos obtenidos en el vuelo

Los equipos están analizando datos de salud posvuelo, chips de órganos de la investigación AVATAR y una campaña de observación lunar de siete horas.

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El histórico amerizaje de la misión Artemis II en el océano Pacífico el pasado 10 de abril marcó un hito en la exploración espacial contemporánea, pero el trabajo de la NASA está lejos de haber terminado: continúa ahora en la Tierra analizando los datos obtenidos en el vuelo.

Desde su regreso de la órbita lunar, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se han convertido en el centro de una exhaustiva investigación biomédica, según señala en un comunicado la agencia espacial estadounidense.

El objetivo final de estos estudios es allanar el camino para establecer una base lunar permanente y garantizar la supervivencia humana en las futuras y desafiantes expediciones a Marte.

El violento impacto de la gravedad en el cuerpo

Una de las prioridades de la agencia estadounidense es comprender con exactitud cómo se adapta el cuerpo al pasar de la microgravedad del espacio profundo a la implacable gravedad terrestre.

Esta información resulta de vital importancia, ya que en las futuras misiones marcianas o lunares no habrá un equipo médico de rescate esperando en la superficie para asistir a la tripulación tras el aterrizaje.

Para medir esta capacidad de adaptación, los investigadores han recopilado una batería de datos críticos a través de diversas pruebas físicas y médicas postvuelo.

En las horas inmediatamente posteriores al amerizaje, los equipos médicos realizaron controles exprés de la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la salud ocular.

Posteriormente, los astronautas completaron circuitos físicos, como trepar escaleras de cuerda, vistiendo trajes espaciales con peso compensado para emular la gravedad de la Luna, que equivale apenas a una sexta parte de la terrestre.

Además, a través del estudio de biomarcadores en sangre y saliva, la NASA investiga si el estrés extremo de los vuelos espaciales es capaz de reactivar virus latentes en el organismo de los tripulantes.

Todo esto se ha complementado con simulaciones de acoplamiento manual de naves para evaluar el control de la motricidad fina y el rendimiento cognitivo tras la exposición al entorno espacial.

Chips de órganos: vanguardia médica espacial

En el terreno tecnológico, uno de los experimentos más fascinantes que viajó a bordo de la nave Orion es el proyecto AVATAR, centrado en la respuesta análoga virtual del tejido humano.

Un científico manipula chips de órganos del proyecto AVATAR después de que estos viajaran alrededor de la Luna a bordo de la nave Orion.

Un científico manipula chips de órganos del proyecto AVATAR después de que estos viajaran alrededor de la Luna a bordo de la nave Orion. NASA Omicrono

Durante su periplo alrededor de nuestro satélite natural, la misión llevó consigo pequeños "chips de órganos" cultivados en laboratorio a partir de células de la médula ósea de cada uno de los tripulantes.

Actualmente, estos chips están siendo analizados minuciosamente mediante técnicas avanzadas, como la secuenciación de ARN unicelular, para compararlos con muestras de control que se quedaron en la Tierra.

Al estudiar los estragos de la radiación cósmica y la microgravedad a nivel molecular, la NASA persigue el ambicioso objetivo de diseñar en el futuro kits médicos totalmente personalizados, basados en la genética exacta de cada astronauta que viaje al espacio profundo.

Más allá de la biología de la tripulación, Artemis II ha sido una auténtica mina de oro a nivel geológico y de observación.

Durante la máxima aproximación de la nave a la Luna el pasado 6 de abril, los astronautas dedicaron casi siete horas ininterrumpidas a documentar anomalías, variaciones de color, la textura de las crestas y los destellos de impacto en la superficie del satélite, siguiendo un plan milimetrado.

A finales de este año, la NASA democratizará todo este conocimiento para beneficio de la comunidad científica y el público en general.

A través de su Sistema de Datos Planetarios, la agencia tiene previsto liberar más de un centenar de grabaciones de audio junto a sus respectivas transcripciones, capturadas durante las horas de observación crítica.

Asimismo, se pondrán a disposición unos 11.500 archivos de imágenes y vídeos en formatos estándar de alta accesibilidad.