Misión de rescate del telescopio Swift de la NASA

Misión de rescate del telescopio Swift de la NASA NASA

Aviación y Espacio

La histórica misión de la NASA para evitar que el telescopio Swift que puso en órbita se estrelle contra la Tierra

El telescopio Swift de la NASA está perdiendo órbita antes de tiempo, la NASA pretende rescatarlo en una misión que no se ha hecho antes.

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El espacio está lleno de basura espacial. Objetos artificiales creados por el ser humano que están en el espacio, como satélites inactivos o fragmentos de cohetes, que ya no cumplen una función útil. Y esta cifra seguirá creciendo a menos que se adopten soluciones, como actualizar y reparar los satélites para darles una segunda vida allí arriba.

"Construir un satélite es arriesgado, requiere una gran inversión de capital y puede llevar décadas", asegura Katalyst Space Technologies, la empresa que pretende rescatar un telescopio de la NASA antes de que se desintegre contra la atmósfera en unos meses.

El telescopio Swift de la NASA lleva décadas en el espacio ayudando a comprender mejor aspectos del cosmos tan desconocidos como los agujeros negros. Sigue plenamente operativo pero está perdiendo órbita de forma descontrolada por lo que podría perderse a mediados de 2026.

Esta misión pretende salvarlo de este final anticipado, aunque nadie ha intentado rescatar un satélite a punto de reentrar en la atmósfera. Katalyst lanzará un robot de servicio diseñado para aproximarse, capturar y reposicionar de forma autónoma a Swift en una órbita más estable.

Northrop Grumman ha conseguido completar con éxito una misión de mantenimiento comercial con su Mission Robotic Vehicle (MRV) el primer vehículo espacial comercial concebido específicamente para realizar intervenciones robóticas en satélites que operan a 36.000 kilómetros de la superficie terrestre.

Dos décadas de misión

El telescopio Swift Neil Gehrels de la NASA lleva en el espacio dos décadas. Se lanzó a una órbita terrestre baja a bordo de un cohete Delta 7320 el 20 de noviembre de 2004. Su labor ha sido el estudio de monstruosos agujeros negros que remueven gases. Los estallidos de rayos gamma (ERG) son las explosiones más potentes que el Universo ha presenciado desde el Big Bang.

Un par de agujeros negros monstruosos se arremolinan en una nube de gas

Un par de agujeros negros monstruosos se arremolinan en una nube de gas Recreación de NASA/Aurore Simonnet Omicrono

Tras tantos años de exploración espacial, el observatorio Swift facilitó a los científicos el descubrimiento por primera vez de la señal de una pareja de agujeros negros monstruosos que están alterando una nube de gas en el centro de una galaxia en 2024.

Este fenómeno, denominado AT 2021hdr, se repite cada pocos meses, según explicaron los investigadores. Las nubes de gas envuelven los agujeros negros. A medida que giran en órbita entre sí, los agujeros negros interactúan con la nube, perturbando su gas y consumiéndolo y produciendo un patrón oscilatorio en la luz que proviene de ese sistema.

“A medida que Swift se acerca a su vigésimo aniversario, es increíble ver toda la nueva ciencia que todavía está ayudando a lograr para la comunidad”, dijo S. Bradley Cenko, investigador principal de Swift en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, tras este hito científico. “Todavía tiene mucho por enseñarnos sobre nuestro cosmos en constante cambio”.

Para no perder este valioso efectivo, la NASA contrató a la empresa Katalyst para la misión de rescate. "Es más asequible que reemplazar las capacidades de Swift con una nueva misión, y beneficiosa para la nación, ya que amplía el uso del mantenimiento de satélites a una nueva clase más amplia de naves espaciales", explica la empresa comercial.

A contrarreloj

El tiempo apremia. La actividad solar ha sido intensa, provocando fuertes tormentas geomagnéticas, entre cuyos efectos está la expansión de la atmósfera terrestre y, por consiguiente, el incremento de resistencia atmosférica en la órbita terrestre baja.

Este fenómeno ha acelerado la caída de Swift, los ingenieros de la NASA predicen que se desintegrará en algún momento entre finales de julio y octubre y no a finales de año como se había calculado con anterioridad. El mes pasado, la NASA suspendió la mayoría de operaciones científicas de Swift para reducir la resistencia atmosférica y ralentizar su descenso orbital.

Misión de rescate de Swift

Misión de rescate de Swift Katalyst Space Technologies Omicrono

Otro contratiempo es la incógnita del estado de los instrumentos del propio telescopio, que no fue diseñado para ser rescatado o acoplado a otra nave. Los técnicos a cargo de esta misión no saben qué se van a encontrar si consiguen alcanzar el satélite.

La nave de rescate de Katalyst cuenta con tres brazos robóticos equipados con pinzas que intentarán sujetarse a cualquier parte adecuada del observatorio Swift. Demostrar este tipo de mantenimiento delicado y sin causar daños en un satélite no preparado sería un hito para la NASA

A bordo del último Pegasus

Katalyst ha elegido el cohete Pegasus XL, un cohete de lanzamiento aéreo que no ha volado desde 2021. Este fue el primer vehículo de lanzamiento orbital desarrollado por una empresa privada.

El presupuesto de 30 millones de dólares de la misión incluye el lanzamiento. Los responsables han explicado a ArsTechnica que se ha descartado la opción de despegar con un Falcon 9 de SpaceX por presupuesto. Habría costado entre 65 y 70 millones de dólares y "hubiera sido excesivo".

Cohete Pegasus

Cohete Pegasus NASA Omicrono

Sin embargo, el cohete Pegasus está diseñado para misiones como esta, con la capacidad de carga útil adecuada. Además, el sistema Pegasus tiene la ventaja de ser móvil. El cohete y su plataforma de lanzamiento aérea se ensamblarán en California y luego se transportarán por aire al atolón de Kwajalein, en las Islas Marshall, a unos 1000 kilómetros al norte del ecuador.

Allí, el avión liberará a Pegasus para que comience su ascenso al espacio. Tras el lanzamiento, la nave de rescate tardará varias semanas en llegar a Swift. La nave se aproximará lentamente y los sensores de los brazos intentarán encontrar bordes en buen estado a los que poder aferrarse.

Northrop Grumman se hizo cargo del programa en 2018 tras adquirir Orbital ATK, que a su vez es una filial de Orbital Sciences, la empresa que desarrolló originalmente el cohete. Sin embargo, el programa ha realizado 45 lanzamientos desde 1990, y está llegando a su fin.

Además de implicar una maniobra para la que no fue diseñada en origen el observatorio espacial, la rapidez con la que está actuando la empresa es otro hito, en solo ocho meses ha respondido a la petición de la agencia espacial estadounidense. Esta misión podría marcar un antes y un después en la recuperación y actualización de otros satélites que no se diseñaron para ello.