Mujer mirando desconcertada en la nevera preguntándose qué comer

Mujer mirando desconcertada en la nevera preguntándose qué comer iStock

Omicrono

Los técnicos lo confirman: la temperatura exacta a la que debes poner el frigorífico para no gastar de más en otoño

Por cada grado de más que se baja el termostato de la nevera, el gasto eléctrico aumenta hasta un 8%.

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Con la llegada del otoño y la previsible bajada de temperaturas, ya que el verano se ha alargado de más, los hábitos de consumo eléctrico en el hogar cambian de forma radical.

Mientras la atención suele centrarse en el uso de la calefacción o en el encendido de los primeros radiadores, el electrodoméstico que sigue representando cerca del 30% del gasto eléctrico total de una vivienda es el frigorífico.

Ajustar el termostato de la nevera tras los meses de verano no es solo un detalle de mantenimiento, sino una medida desconocida, pero necesaria para evitar sobrecostes en el recibo de la luz sin poner en riesgo la seguridad alimentaria.

Durante los meses de verano, debido a las altas temperaturas y a las continuas aperturas de la puerta, es habitual ajustar el frigorífico a niveles de frío intensos (entre 1 °C y 2 °C). Mantener esa configuración al entrar en otoño es un error técnico que rompe la factura mensual sin aportar ningún beneficio a la conservación de los alimentos.

El propio IDAE y los manuales técnicos de los principales fabricantes de electrodomésticos señalan que la temperatura recomendada para el compartimento de refrigeración es de 4 °C (con un rango seguro de conservación entre 3 °C y 5 °C), mientras que el congelador debe fijarse exactamente en -18 °C.

Un 6% más se nota

El motivo por el que dejar la configuración estival resulta tan costoso reside en la física del compresor de los electrodomésticos.

Según los análisis de consumo de la OCU y las guías del Ministerio para la Transición Ecológica, por cada grado que se reduce el termostato por debajo de los 4 °C de referencia, el consumo energético del frigorífico se incrementa entre un 6% y un 8% adicional.

Por su parte, bajar la temperatura de 4 °C a 2 °C en otoño puede encarecer el funcionamiento del aparato entre un 12% y un 16% innecesariamente.

Al estar la cocina más fresca en otoño e invierno, el intercambio del condensador es mucho más eficiente. Mantener el termostato en 4 °C permite que el compresor funcione en ciclos cortos de baja potencia, apagándose cuando alcanza el punto de consigna en lugar de estar continuamente activo.

Mujer que busca comida en el refrigerador de su casa

Mujer que busca comida en el refrigerador de su casa iStock

Ajustar la temperatura adecuada en otoño no solo protege el bolsillo, sino que extiende la vida útil del propio motor. Cuando el termostato se fija a temperaturas excesivamente bajas en un entorno ambiente fresco, el evaporador no alcanza a realizar los ciclos de desescarche de forma adecuada.

Esto provoca la formación de capas de hielo en la pared trasera incluso en frigoríficos con tecnología No Frost. La acumulación de escarcha actúa como un aislante térmico negativo y obliga al sensor a pedir más frío al motor, generando un bucle de sobrecalentamiento en el compresor que puede provocar averías en el sistema de refrigeración.

Mantenimiento desde septiembre

Las guías de mantenimiento del IDAE sugieren tres comprobaciones clave al inicio de la estación, enfocadas en evitar esta problemática.

En primer lugar, separar el frigorífico entre 5 y 10 centímetros del tabique para garantizar que la condensación trasera se ventile correctamente con el aire de la estancia.

En segundo lugar, limpiar el polvo acumulado en la rejilla posterior o en la zona del motor al menos una vez al año para facilitar la disipación del calor.

En tercer y último lugar, colocar una hoja de papel en la puerta y cerrarla: si la hoja se desliza sin resistencia, la goma ha perdido presión y el aire frío se está escapando, lo que neutraliza cualquier ajuste de temperatura que se realice en el panel.

Adaptar el panel de control del frigorífico con la llegada de las bajas temperaturas es una acción directa de ahorro energético sin ningún coste.

Esta rutina técnica, recomendada por el IDAE y la OCU, protege la mecánica del compresor, reduce el desgaste de las piezas internas y asegura la eficiencia de la vivienda durante toda la temporada de otoño e invierno.