Ropa desteñida en la lavadora.

Ropa desteñida en la lavadora. iStock

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Los expertos coinciden: el programa de la lavadora que parece ahorrar, pero acaba estropeando el motor antes

El uso continuado de ciclos ultrarrápidos y a baja temperatura acaba derivando en averías de elevado coste.

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En un contexto marcado por el precio de la electricidad y cuyo objetivo es ahorrar en la factura del hogar, optimizar el uso de los electrodomésticos se ha convertido en una práctica habitual. La lavadora, uno de los aparatos que más energía consume junto al frigorífico, suele ser el centro de estas estrategias.

Por ello, los programas cortos y exprés, que prometen lavar la ropa en cuestión de 15 o 30 minutos, han ganado una enorme popularidad en la mayoría de viviendas españolas. Sin embargo, los técnicos de mantenimiento y los expertos en electrodomésticos advierten de que abusar de estas funciones puede acabar saliendo muy caro a largo plazo.

La percepción generalizada es que un lavado más corto implica un consumo de agua y luz sensiblemente menor. No obstante, para lograr resultados aceptables en un margen de tiempo tan reducido, la lavadora se ve obligada a alterar su mecánica de funcionamiento. Esto somete a los componentes internos a un esfuerzo adicional que acelera el desgaste del motor y de los rodamientos.

Los programas rápidos incrementan la intensidad del tambor desde los primeros minutos, logrando compensar la brecha de tiempo. Asimismo, para eliminar el exceso de agua de las prendas antes de que finalice el ciclo, el electrodoméstico fuerza fases de centrifugado más agresivas sin distribuir la carga de forma homogénea.

Estos programas cortos generan una vibración descompensada, especialmente al lavar prendas pesadas como vaqueros, edredones o toallas. El desequilibrio con el paso hace que el eje del tambor sufra holguras prematuras, desgastando los amortiguadores y exigiendo al motor picos de potencia continuados para mantener la velocidad de giro.

Con el tiempo, esto se traduce en averías graves en los rodamientos, chirridos intensos y, en el peor de los casos, en la rotura del propio motor por sobrecalentar la placa de control o de las escobillas.

En muchas ocasiones, reemplazar estas piezas o la propia mano de obra del servicio técnico supera el valor residual del aparato, obligando a adelantar la compra de un equipo nuevo varios años antes de lo previsto

¿Cuál es la mejor opción?

A la tensión mecánica se suma un problema químico que no salta a plena vista. Los ciclos cortos suelen ejecutarse con agua fría o a un máximo de 30 grados para acortar el tiempo de calentamiento. Sin embargo, a estas temperaturas y en un intervalo tan reducido, tanto detergente como suavizante no llegan a disolverse por completo.

Los residuos no aclarados se adhieren a las paredes del tambor, a la goma de la escotilla y a las tuberías internas, formando una capa de moho, cal y grasa. Este sedimento no solo genera malos olores en la ropa, sino que obstruye la bomba de desagüe y obliga al motor de expulsión a trabajar más forzado.

Además, al quedar restos de jabón adheridos al circuito térmico, los sensores de nivel de agua y temperatura terminan registrando mediciones erróneas, desestabilizando el comportamiento electrónico del electrodoméstico.

Para preservar la vida útil del equipo, los especialistas sugieren reservar los programas exprés únicamente para prendas ligeras, poco sucias o de uso diario. Para la colada habitual, la opción más eficiente y segura es el programa ECO tradicional.

Aunque este ciclo requiere un tiempo de ejecución más prolongado, opera a menor potencia, distribuye los centrifugados de forma progresiva y utiliza el agua a temperaturas óptimas para disolver los detergentes, protegiendo tanto el motor como la integridad del electrodoméstico durante años.

A la larga, entender que el ahorro real no depende de la prisa sino de la eficiencia operativa es el único camino para proteger el bolsillo y alargar la vida útil de nuestros electrodomésticos.