Una placa de vitrocerámica Omicrono
Araceli: "Si quieres ahorrar con la vitrocerámica, apaga el fuego unos minutos antes"
Si sabemos cómo usar bien una vitrocerámica y adoptamos buenas prácticas, podremos ahorrar en la factura de la luz fácilmente.
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Las vitrocerámicas y la inducción han sustituido a los tradicionales fogones de gas de manera casi completa en las cocinas españolas, por sus numerosas ventajas; pero también tienen importantes desventajas, especialmente si queremos ahorrar en la factura de la luz.
No en vano, la vitrocerámica es uno de los electrodomésticos que más energía consume en la cocina, y si no tenemos cuidado, podemos acumular un gasto notable a final de mes. La buena noticia es que esto se puede evitar fácilmente.
No hace falta hacer grandes cambios, sólo ajustar nuestros hábitos diarios a las necesidades especiales de una vitrocerámica y a la manera en la que funciona y produce calor para cocinar.
La experta en hogar Araceli, de Las Ideas de Araceli, ha compartido algunos de estos trucos, entre los que destaca uno que probablemente no conocías: aprovechar el calor residual de la vitrocerámica.
A diferencia de un fogón de gas, la superficie de la vitro sigue estando muy caliente cuando la apagamos, hasta el punto de que podemos quemar la comida si la dejamos ahí cuando termine la cocción.
Por eso, el truco consiste en apagar la vitro unos minutos antes de finalizar, para que el calor residual se encargue de terminar de cocinar los alimentos sin necesidad de consumir más electricidad.
El cristal y la resistencia mantienen una temperatura lo suficientemente elevada para terminar el cocinado sin consumir un solo vatio adicional durante este tramo final. Araceli señala que podemos apagar "unos minutos antes" sin que se aprecie la diferencia.
Pero eso no es lo único que podemos hacer. Otro aspecto importante es seleccionar correctamente el tamaño de la olla y la zona de cocción correspondiente.
Si nos fijamos, nuestra vitro debería tener círculos de diferentes tamaños, diseñados para sartenes grandes y pequeñas y ollas o cazos; sólo tenemos que elegir el que mejor se ajuste.
Si colocamos una olla o sartén pequeña sobre un fuego de mayor tamaño, una buena parte del calor se disipará por los bordes sin calentar la base del recipiente; a efectos prácticos, estamos calentando el aire sin motivo.
Ajustar el tamaño de la olla a la circunferencia exacta (o lo más cercano) permite que toda la energía generada se transfiera directamente al recipiente, evitando gastos innecesarios.
Otro error que suelen cometer los usuarios de vitrocerámica, especialmente los nuevos, es poner la potencia al máximo siempre que se va a cocinar, por la sensación de que la placa no está calentando lo mismo que un fuego abierto.
Sin embargo, eso es un error. En la mayoría de los casos, una vez que hemos alcanzado la temperatura deseada, es posible bajar la potencia a niveles medios o incluso bajos y el ritmo de cocción se mantendrá sin gastar más energía.
Otros trucos son muy básicos pero fáciles de olvidar, como usar la tapa en ollas y cazuelas para retener el vapor y para subir la temperatura del interior con mayor rapidez; de esa manera, no tenemos que tener puesto el fuego durante tanto tiempo.
Por otra parte, puede ser fácil olvidarnos de que tenemos un fuego puesto. Afortunadamente, la mayoría de las vitros vienen con un temporizador incorporado, que muy poca gente usa.
Si sabemos que la receta pide 30 minutos de cocción, por ejemplo, podemos directamente programarlo en el temporizador y de esa manera usaremos la cantidad de energía exacta y evitaremos que el fondo se queme.
Por último, un buen mantenimiento de la placa es vital. Si somos de los que limpiamos de vez en cuando, nos conviene realizar la limpieza cada vez que hemos terminado de cocinar, para evitar la acumulación de grasa y restos que se peguen al cristal y dificulten la transferencia de calor.