Lavadora y secadora instalados en un baño Omicrono
Emma Sánchez, interiorista: "Colocar la lavadora en el baño es una de las mejores decisiones que se pueden tomar"
Cada vez más hogares tienen la lavadora en el baño, algo que tiene sus ventajas, aunque también sus desventajas.
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Tradicionalmente, en los hogares españoles la lavadora se ha instalado en la cocina, que es donde más espacio suele haber para mover la colada y donde suele haber una ventana con acceso a un tendedero; pero eso está cambiando.
Ya sea porque el diseño de las cocinas está cambiando (cada vez más son abiertas) o por otras consideraciones, la lavadora está encontrando un nuevo sitio en el baño; y muchos expertos e interioristas creen que es la mejor solución.
Sin embargo, antes de animarnos a cambiar la lavadora de sitio o de renovar la cocina y el baño, debemos tener en cuenta algunos aspectos y advertencias de los técnicos.
Por una parte, muchas voces como la de la interiorista Emma Sánchez Miranda se muestran muy entusiastas con el cambio, afirmando que "Desde mi punto de vista y por lo que veo en mis proyectos actuales, esta ubicación es una de las mejores decisiones que se pueden tomar".
Tiene su lógica. El baño es el lugar donde habitualmente nos quitamos la ropa, así que tiene sentido que esa localización centralice todo lo relacionado con el lavado para evitar desplazamientos con el cesto de la ropa; por fin podemos decir adiós a los calcetines tirados en mitad del pasillo.
También es una decisión apoyada por la arquitectura y la economía. El baño ya cuenta con una red de fontanería e instalaciones de impermeabilización, lo que reduce el coste de las tomas de agua y desagües adicionales en la cocina o en un lavadero dedicado.
Otra gran ventaja se encuentra en el ruido. Ya sabemos que poner una lavadora de noche puede acarrear el riesgo de molestar a los vecinos, lo que en los casos más graves y reincidentes puede conllevar una multa.
Al trasladar la lavadora fuera de la cocina y de las ventanas, podemos aislar el ruido del centrifugado tras una puerta cerrada, lo que no solo evitará quejas del vecino, sino que también será mejor para nosotros.
Por último, el espacio que ganamos al quitar la lavadora de la cocina se puede aprovechar para muchas cosas, como más espacio de almacenamiento para enseres o alimentos, o incluso podemos instalar electrodomésticos que antes no podíamos como un lavavajillas.
Sin embargo, también hay motivos de peso por los que nos puede interesar dejar la lavadora en la cocina, empezando por el propio uso del baño; en familias numerosas, eso puede dejar poco tiempo libre para hacer la colada.
Además, los expertos advierten de ciertos riesgos relacionados con esta instalación. En concreto, la acumulación de vapor de agua y la falta de flujo de aire adecuado pueden acelerar el deterioro de los componentes electrónicos y metálicos de la lavadora.
La elevada humedad ambiental en comparación con otras zonas del hogar puede provocar condensación en las placas electrónicas y favorecer la aparición de moho en las gomas de sellado.
Algunos electricistas y expertos en reparación de electrodomésticos también han alertado del riesgo de cortocircuito, especialmente si el enchufe de la lavadora está cerca de la ducha y otras salidas de agua como el lavabo.
Los técnicos destacan la obligación de mantener una distancia de seguridad mínima de 60 centímetros entre el electrodoméstico o la toma eléctrica y cualquier zona en la que pueda haber salpicaduras.
Por todo esto, la instalación de la lavadora puede venir con un sobrecoste si debemos instalar un sistema de ventilación o de extracción de aire más grande del que ya podemos tener en el baño.