Un termo eléctrico

Un termo eléctrico Bosch Omicrono

Omicrono

Un técnico advierte: "Apagar el termo para ahorrar en la factura sólo compensa si es viejo o si vamos a estar días fuera"

Tener un termo eléctrico trae muchas ventajas, pero si realmente queremos ahorrar debemos saber cómo y cuándo usarlo.

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La mayoría de los hogares modernos han dejado atrás el gas y usan en exclusiva la electricidad para la cocina y el termo, lo que es mucho más conveniente, fácil de usar y seguro; sin embargo, también puede resultar más caro.

El termo eléctrico, en concreto, es un quebradero de cabeza para muchas familias que se preguntan si simplemente pueden apagarlo y encenderlo solo cuando realmente lo necesiten, porque si no, estará encendido calentando agua las 24 horas del día.

Sin embargo, no existe una respuesta única a este problema, y las recomendaciones de los expertos varían mucho dependiendo de nuestra instalación, el tipo de termo e incluso nuestras costumbres o necesidades.

El equipo técnico de Fontanería Córdoba ha repasado este rompecabezas y ha llegado a varias conclusiones interesantes que pueden convencernos de que deberíamos cambiar nuestros hábitos.

Para empezar, lo que deberíamos tener claro desde el principio es que apagar el termo eléctrico sólo va a ahorrar la energía usada para mantener el agua caliente cuando el dispositivo está en reposo, y no va a afectar al consumo dedicado a calentar el agua.

Esto es importante porque significa que, de entrada, podemos eliminar un aspecto de la ecuación, y concentrarnos únicamente en si nos conviene apagar el termo en los momentos del día en los que no lo estamos usando.

Cuando el termo está apagado, inevitablemente el agua del depósito se va a ir enfriando poco a poco, y cuanto más se enfríe, más va a tener que trabajar el termo para volver a calentarla cuando lo encendamos.

Por eso, lo primero que podemos hacer es comprobar si nuestro termo aísla el calor de manera eficiente; los técnicos recomiendan mirar la etiqueta que incluye el consumo anual, incluyendo el consumo generado por mantener el agua durante los periodos de espera.

Por lo tanto, es muy sencillo: si comparamos dos termos similares, pero uno tiene un consumo anual mayor, eso significa que conserva peor el calor.

Pero si no tenemos otro termo que comparar, el truco es usar nuestra mano. A primera hora de la mañana, después de varias horas sin abrir el agua caliente, toca la chapa lateral del termo y la parte de abajo; si está más caliente que la pared de al lado, eso significa que está perdiendo calor.

En la práctica, los termos modernos son más eficientes en la conservación del calor porque han sido fabricados para seguir estándares más estrictos.

Si tenemos un termo viejo, que se calienta mucho por fuera y que va a tener que trabajar más para mantener el agua caliente, entonces nos puede compensar apagarlo durante las horas del día en las que no lo usemos.

La instalación también influye. Si nuestro termo está fuera de la vivienda, como el patio o el lavadero exterior, entonces no solo deberíamos apagarlo, sino pensar en aislarlo para mejorar su eficiencia.

Lo que siempre compensa es apagar el termo si vamos a estar varios días fuera; durante ese periodo, el dispositivo va a trabajar sin motivo alguno, y podemos ahorrar mucha luz si lo apagamos o lo desconectamos de la red eléctrica.

Sin embargo, si hacemos eso debemos tener mucho cuidado, porque el agua templada y estanca es perfecta para la proliferación de la Legionella, que puede provocar serias infecciones.

Por eso, si hemos vuelto de un viaje y vamos a usar el termo, lo recomendable es encenderlo y dejar que el agua se caliente, y en ningún caso debemos usar el agua que se ha quedado almacenada a medio calentar. Lo recomendable es abrir el grifo o la ducha y dejar que el agua caliente corra un rato.