Termostato.

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Confirmado: poner el termostato frente al aire acondicionado es de las peores decisiones que puedes tomar

Colocar el termostato frente al aire acondicionado falsea la lectura de temperatura y dispara el consumo eléctrico del hogar.

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Cada verano se repite la misma escena en miles de hogares. Se compra un aire acondicionado, se elige la pared casi al azar y se llama al instalador para salir del paso cuanto antes.

Ese apuro inicial es precisamente el origen de la mayoría de los problemas que sufren los aires acondicionados durante toda la temporada. Uno de los más comunes, y de los que menos se habla, es colocar el termostato justo enfrente de la máquina.

El termostato es el cerebro del sistema. Es el encargado de medir la temperatura real de la habitación y decidir cuándo el compresor debe encenderse o apagarse.

Cuando ese sensor queda situado justo frente a la salida de aire de la unidad, el problema empieza casi de inmediato. El chorro frío llega directamente al termostato antes de mezclarse con el resto del ambiente.

Esto provoca una lectura falsa de la temperatura. El aparato cree que la habitación ya está fresca cuando en realidad solo esa zona puntual ha bajado de temperatura.

El resultado es que el compresor se apaga antes de tiempo. El resto de la estancia sigue caliente mientras la máquina descansa convencida de que ha cumplido su función.

A los pocos minutos, la temperatura real de la habitación vuelve a subir. El equipo se enciende de nuevo, enfría de golpe la zona cercana al sensor y vuelve a apagarse sin haber climatizado el resto del espacio.

Este vaivén constante de encendidos y apagados tiene un nombre técnico conocido por cualquier instalador. Se llama ciclado corto, y es una de las causas más frecuentes de desgaste prematuro del compresor.

Cada arranque consume más electricidad que mantener el equipo funcionando de forma continua. Por eso una instalación con el termostato mal ubicado puede disparar el consumo eléctrico sin que el usuario entienda por qué la factura sube tanto.

Termostato inteligente

Termostato inteligente Tado Omicrono

Además del gasto energético, aparece un problema de confort. Se generan lo que los técnicos llaman islas de temperatura, zonas frías junto al aparato y zonas templadas o calientes en el resto de la habitación.

El confort de un aire acondicionado no depende solo de la potencia del equipo. Depende sobre todo de cómo se distribuye el aire una vez sale de la máquina.

El chorro de aire frío nunca debería chocar de inmediato contra una pared, un mueble o, peor aún, rebotar directamente sobre el propio sensor de la unidad. Ese rebote impide que el aire se mezcle correctamente con el ambiente antes de ser medido.

La solución pasa por dos decisiones que deben tomarse antes de perforar la pared. La primera es orientar el equipo hacia el lado más largo y despejado de la habitación, evitando muebles u obstáculos justo enfrente.

La segunda es dirigir los deflectores, las aletas que regulan la dirección del aire, hacia arriba. De esta forma el aire frío recorre primero la parte alta de la estancia, se mezcla de forma natural y desciende poco a poco por todo el espacio.

También conviene evitar que la unidad interior quede instalada en una pared que reciba sol directo desde el exterior. Si la pared se calienta, el sensor puede leer esa temperatura elevada y hacer trabajar al compresor más de lo necesario.

Cuando no hay otra opción de ubicación, un buen aislamiento térmico o unas cortinas gruesas en la parte exterior ayudan a que esa lectura sea más fiel a la realidad del ambiente. Así se evita que el termostato tome decisiones basadas en datos equivocados.

Al final, la clave está en pensar la instalación como un sistema completo y no como un simple trámite. Analizar el recorrido del aire, la posición del sensor y la orientación respecto al sol antes de fijar la máquina evita años de sobrecostes y de un confort que nunca termina de llegar.

Una máquina potente mal colocada puede rendir peor que un equipo modesto bien instalado. La diferencia, muchas veces, está en unos pocos centímetros de distancia y en la dirección hacia la que apuntan las aletas.