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Entró en vigor: en España ya multan a los vecinos que tapen la rejilla de ventilación en su cocina con hasta 60.000 euros

Tapar la rejilla de ventilación de la cocina es un defecto grave en la inspección de gas y puede acarrear multas de 600 a 60.000 euros.

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La climatización de las viviendas está siendo uno de los temas del momento en verano por las olas de calor. Pero también en invierno es un problema, por la pérdida de la temperatura interior.

Por eso muchos hogares españoles tapan cada invierno la rejilla de ventilación de la cocina. Lo hacen para que no entre aire frío desde la calle, sobre todo en un espacio que no suele tener calefacción.

También ocurre cuando alguien reforma la cocina. El objetivo suele ser encastrar un electrodoméstico o un mueble nuevo en ese hueco.

Lo que muchos no saben es que ese gesto tan cotidiano puede acarrear una sanción económica muy elevada. La ley española es clara al respecto y no admite excepciones por comodidad o estética.

El Reglamento Técnico de Distribución y Utilización de Combustibles Gaseosos regula esta cuestión. Establece que las estancias con electrodomésticos de gas deben contar con ventilación permanente hacia el exterior.

Esto incluye cocinas, encimeras y calentadores que funcionen con gas. La rejilla no es un elemento decorativo ni opcional, sino una pieza de seguridad exigida por normativa.

Su función es evitar la acumulación de monóxido de carbono en un espacio cerrado. Sin esa salida de aire, los gases de combustión no tienen forma de escapar al exterior.

Cocina con rejilla circular

Cocina con rejilla circular Gemini Omicrono

El problema aparece cuando llega la inspección obligatoria de gas. Este control técnico se realiza de forma periódica en todas las viviendas con instalación de gas natural o butano.

Si el técnico encuentra la rejilla tapada, manipulada o cubierta por un mueble, no se trata de un detalle menor. La normativa lo clasifica directamente como un defecto grave de la instalación.

Ante ese hallazgo, el inspector no puede mirar hacia otro lado. Su obligación es cortar el suministro de gas y precintar la llave de paso en el mismo momento de la visita.

A partir de ahí, la vivienda se queda sin gas hasta que se corrija el defecto. Cocinar, calentar agua o encender la calefacción de gas deja de ser posible mientras dure el precinto.

Algunos propietarios, ante la incomodidad, deciden actuar por su cuenta. Rompen el precinto ellos mismos o se niegan a subsanar la irregularidad detectada.

Esa decisión tiene consecuencias legales serias. La Ley de Industria contempla sanciones económicas que van desde los 600 euros hasta los 60.000 euros, según la gravedad del caso.

El importe final depende de varios factores que valora la administración competente. Entre ellos están el riesgo generado, la reincidencia y si ha habido manipulación deliberada del precinto.

Quitar un precinto de seguridad sin autorización suele considerarse una infracción más grave que el defecto original. Por eso los técnicos insisten en no tocar la instalación una vez sellada.

La solución pasa siempre por avisar a un instalador autorizado. Solo él puede levantar el precinto de forma legal tras verificar que la rejilla vuelve a cumplir su función.

Si el motivo era el frío en invierno, existen alternativas mucho más seguras. Sellar puertas o ventanas, revisar el aislamiento de la vivienda o instalar burletes no afecta a la ventilación obligatoria de la cocina.

Si el motivo era una reforma con muebles nuevos, el diseño debe adaptarse a la rejilla. Un buen instalador o carpintero puede integrar el mueble sin bloquear el paso de aire hacia el exterior.

Conviene recordar que esta rejilla convive con otro elemento distinto: la ventilación del propio aparato de gas. Ambas cumplen funciones complementarias y ninguna sustituye a la otra.

Una opción para evitar todo esto es optar por electrodomésticos eléctricos, que no requieren de esa salida obligatoria.