El rey de Marruecos Mohamed VI.

El rey de Marruecos Mohamed VI. EFE EFE

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Marruecos da una lección a España: así logra refrescar sus casas en plena ola de calor sin utilizar el aire acondicionado

La arquitectura tradicional del Magreb y el método de las sábanas mojadas demuestran que el antídoto contra el calor extremo no necesita electricidad.

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El calor extremo no da tregua y, ante temperaturas que rozan máximos históricos en España, poder dormir con el aire acondicionado encendido se ha convertido en un auténtico lujo.

Sin embargo, quienes llevan siglos habitando en el desierto saben que combatir las altas temperaturas no depende únicamente de enchufar aparatos, sino de aplicar el ingenio.

La arquitectura tradicional de Marruecos y del Magreb ofrece soluciones milenarias que hoy resultan más lógicas y eficaces que muchos manuales modernos de eficiencia energética.

El "método Marruecos"

Una de las técnicas más antiguas y fáciles de replicar en cualquier hogar español para bajar la temperatura sin gastar electricidad es el denominado "método Marruecos".

El mecanismo es pura física básica y consiste en humedecer una cortina, sábana o toalla para colocarla frente a una ventana abierta. Al evaporarse, el agua absorbe el calor del entorno.

De esta forma, cuando el aire abrasador atraviesa el tejido, llega al interior de la vivienda varios grados más fresco.

Para aplicar este sistema con éxito, es vital utilizar siempre algodón, ya que este material absorbe el agua perfectamente y permite la circulación del aire, a diferencia de los tejidos sintéticos que retienen la humedad pero no transpiran.

Unas toallas.

Unas toallas. iStock

Además, la tela debe estar bien escurrida y húmeda, pero no empapada. Un exceso de agua bloquea el paso del aire y puede generar condensación o moho indeseado en la habitación.

La ubicación estratégica de la tela también resulta fundamental para optimizar el frescor. Buscar la ventilación cruzada colocando el tejido húmedo entre estancias con ventanas en lados opuestos multiplica el efecto.

Si a esto se le suma un ventilador encendido justo detrás de la sábana, el impacto térmico hacia el interior es verdaderamente notable.

Cabe destacar que este método funciona mucho mejor en el clima seco del interior de la península que en las zonas costeras, donde la alta humedad ambiental frena el proceso de evaporación.

Asimismo, su máxima eficacia se alcanza al atardecer o al amanecer, aprovechando que la temperatura exterior comienza a bajar y el aire nocturno ofrece un respiro.

Casas sin ventanas exteriores

La arquitecta especializada en diseño climático Mavi Vera, conocida por su comunidad de 150.000 seguidores en Instagram como @mavi.arch, desmonta uno de los grandes mitos europeos sobre la ventilación.

Un patio interior de una casa de Marruecos.

Un patio interior de una casa de Marruecos. Gunnar Ridderström/Unsplash Omicrono

Mientras que en España el reclamo inmobiliario suele ser disponer de estancias con grandes ventanales a la calle, la arquitectura del desierto prescinde de ellas.

En climas extremadamente cálidos y secos, el viento exterior viene cargado de polvo y arrastra temperaturas altísimas. Por lo tanto, abrir una ventana en la fachada exterior no refresca, sino que genera más calor y ensucia la vivienda.

La solución milenaria a este problema consistió en dar la espalda a la calle y volcar toda la vida y la estructura de la casa hacia el interior.

Aunque el verdadero motor para refrescar las casas sin aire acondicionado en Marruecos es el patio interior. Este espacio central se diseña habitualmente en torno a una fuente de agua y se acompaña de vegetación.

Tal y como explica la arquitecta, el agua permite humedecer el aire caliente y enfriarlo antes de que penetre en el resto de las habitaciones, creando un microclima natural que funciona como un pequeño oasis dentro de la propia vivienda.

Apoyadas por atrapavientos que dirigen las corrientes y por el uso de sombras estratégicas, estas estructuras son el fruto de siglos de constante adaptación y perfeccionamiento.

El legado arquitectónico de Oriente Medio y el Magreb nos demuestra que sus construcciones no eran meramente estéticas, sino una respuesta probada y brillante a un clima extremo.