David Chang

David Chang Omicrono

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David Chang, premiado como mejor chef de Nueva York: "El microondas es una máquina del futuro traída al presente"

Cocineros de talla mundial, entre ellos el español José Andrés, han defendido el uso del microondas en la cocina como una herramienta fundamental.

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En España y en todo el mundo, muchas personas siguen desconfiando de uno de los electrodomésticos más comunes en nuestras cocinas. Este aparato calienta los alimentos mediante ondas electromagnéticas, pero arrastra una fama injustificada de ser perjudicial para la salud.

A lo largo de las décadas, se han difundido multitud de mitos infundados sobre su supuesta peligrosidad oculta. Muchas familias prefieren evitar su uso continuado por miedo a sufrir consecuencias negativas irreparables en el organismo.

Sin embargo, la ciencia ha demostrado de manera contundente que cocinar con esta herramienta es totalmente seguro para nosotros. Las ondas que emite son radiaciones no ionizantes, lo que significa que carecen de la energía necesaria para alterar la estructura del ADN.

Al no modificar la estructura molecular de las células, es físicamente imposible que genere cáncer o mutaciones genéticas extrañas. Por lo tanto, calentar tu comida diaria en este dispositivo de cocina no supone ningún riesgo oncológico para ti ni para los tuyos.

El funcionamiento técnico de este aparato es fascinante y a la vez resulta bastante fácil de comprender. Básicamente, emite una frecuencia de energía que hace vibrar las moléculas de agua presentes en el interior de los alimentos.

Esta fricción constante y veloz entre las moléculas de agua genera un calor rápido y muy uniforme desde dentro hacia afuera. Gracias a este sistema tan eficaz, la comida se calienta en apenas unos minutos sin necesidad de aplicar fuego directo tradicional.

Otra creencia falsa que está muy extendida afirma que este tipo de cocción destruye los nutrientes vitales de los alimentos. La realidad científica, sin embargo, demuestra exactamente lo contrario en la inmensa mayoría de las preparaciones culinarias habituales diarias.

Como el tiempo de cocción es mucho más corto, se preservan mucho mejor las vitaminas y los minerales sensibles al calor extremo. Hervir las verduras en abundante agua durante largo tiempo provoca una pérdida nutricional muchísimo mayor que usar estas simples ondas.

Al preparar brócoli o zanahorias en este pequeño horno cerrado, conservamos casi intactas todas sus propiedades beneficiosas y saludables. Simplemente añadiendo unas escasas gotas de agua en un recipiente tapado conseguimos un vaporizado perfecto y nutricionalmente impecable.

MIcroondas integrable

MIcroondas integrable Omicrono

La alta cocina internacional también ha comenzado a desterrar todos sus prejuicios históricos contra este versátil y veloz electrodoméstico de apoyo. Grandes maestros de los fogones reconocen ahora su inmensa utilidad para procesos que antes requerían aplicar técnicas mucho más tediosas.

La precisión milimétrica que nos ofrece para controlar los tiempos y las temperaturas exactas lo convierte en un aliado inestimable. Ciertas texturas delicadas y determinados resultados visuales son incluso mejores cuando se emplea este método de calentamiento molecular controlado.

Algunos cocineros de prestigio internacional han defendido públicamente el uso frecuente de esta tecnología en sus redes sociales personales. Ya no existe ese anticuado estigma del pasado que obligaba a esconder el aparato en las majestuosas cocinas de los restaurantes premiados.

El célebre cocinero José Andrés es uno de los grandes defensores actuales de utilizar este electrodoméstico para elaborar recetas tradicionales deliciosas. En uno de sus vídeos más virales, enseñó a sus fieles seguidores cómo hacer una tortilla francesa espectacular utilizando tan solo este aparato.

Según José Andrés, la mejor tortilla de la historia de la humanidad

Según José Andrés, la mejor tortilla de la historia de la humanidad Mer Bonilla

Según sus propias palabras descriptivas sobre el proceso, basta con colocar la mezcla en un recipiente adecuado y encender el horno 45 segundos a máxima potencia para triunfar. Así demuestra ante millones de espectadores que la asombrosa rapidez no está reñida con el sabor ni con la óptima textura.

Otro gigante de la gastronomía patria que no tiene ningún reparo en confesar su uso continuado es el reconocido chef Dani García. Él mismo ha explicado abiertamente que utiliza esta moderna herramienta para preparar verduras concretas cuando busca conseguir una guarnición rápida y sabrosa.

Sus declaraciones textuales a los medios confirman su inmensa predilección cotidiana por esta técnica tan denostada popularmente. Él mismo suele confesar entre risas algo que sorprende a muchos de sus colegas de profesión: "cuando quiero algo rápido, cocino en el microondas el puerro".

Otro famoso chef, David Chang, galardonado con el premio al mejor chef de la ciudad de Nueva York, también se deshace en elogios a este aparato: "El microondas es un aparato del futuro en el presente. Si crees que el microondas es malo para la salud... tira tu móvil".

A pesar de estos ilustres y convincentes testimonios, muchas personas todavía sienten cierto temor irracional al quedarse mirando el cristal frontal mientras funciona. Creen equivocadamente que la temida radiación electromagnética puede escapar por la puerta cerrada y afectar gravemente a sus órganos internos o a su vista.

Este arraigado miedo carece de cualquier sentido lógico porque todos los modelos del mercado actual cuentan con una malla metálica de seguridad. Los pequeños agujeros de esta robusta rejilla protectora son mucho más estrechos que la propia longitud de onda generada en el interior.

Por este simple motivo puramente físico, las invisibles ondas rebotan en la puerta y se quedan confinadas de manera exclusiva en el habitáculo. Solo debemos preocuparnos realmente de mantener la puerta en muy buen estado y sus bisagras completamente limpias para asegurar un cierre hermético perfecto.

También conviene abordar detenidamente el importante tema de los envases que resultan adecuados para introducir con total seguridad en el microondas. Utilizar diversos recipientes totalmente inapropiados es el verdadero origen de ciertos problemas de salud que han sido asociados erróneamente al propio electrodoméstico.

Los plásticos no aptos para soportar calor elevado pueden llegar a derretirse y liberar algunas sustancias químicas tóxicas directamente sobre nuestra comida. Por ello, resulta absolutamente fundamental emplear siempre y únicamente recipientes de cristal, de cerámica o de plásticos homologados para estas frecuencias concretas.

Comprobar visualmente el símbolo de seguridad grabado en la base inferior del recipiente nos garantiza una experiencia culinaria libre de cualquier posible contaminación cruzada. Este simple hábito cotidiano elimina por completo cualquier mínimo factor de riesgo relacionado con los utensilios empleados para calentar nuestros guisos caseros.

Otro aspecto verdaderamente interesante es la inmensa capacidad de este electrodoméstico para ablandar ingredientes duros y fibrosos antes de su preparación final al fuego. Una patata enorme y cruda se convierte fácilmente en un alimento blando y tierno en muy pocos minutos sin tener que gastar apenas energía eléctrica.

La temida factura de la luz se ve rápidamente aliviada cuando decidimos prescindir de usar la potente vitrocerámica para calentar nuestro simple vaso de leche matutino. Sumando todos estos pequeños y valiosos ahorros económicos diarios a lo largo del año, la inversión inicial realizada en la compra del aparato se amortiza rápidamente.

Para sacarle el máximo partido a nivel puramente culinario, es muy importante entender que los bordes de los platos siempre se suelen calentar antes que el centro. Colocar los diversos alimentos formando una especie de anillo hueco ayuda muchísimo a lograr una temperatura homogénea global sin dejar ninguna parte interior helada.

Remover la ración de comida servida justo a la mitad del proceso programado es un pequeño truco infalible para asegurar que el intenso calor se distribuya bien. Esta sencillísima acción manual diaria evita esos molestos y desagradables momentos en los que tu primer bocado te quema la boca mientras el segundo está todavía frío.

Además de calentar deliciosas sobras del día anterior, este versátil aparato nos permite descongelar todo tipo de productos congelados de manera segura evitando la proliferación de bacterias perjudiciales. Al acelerar drásticamente el lento proceso de descongelación natural a temperatura ambiente, los microorganismos nocivos no tienen el tiempo material suficiente para multiplicarse de forma peligrosa.

Solamente hay que tener mucho cuidado de seleccionar potencias bajas adecuadas para no empezar a cocer los bordes del exterior de la gran pieza congelada accidentalmente. Dominar esta útil función técnica salva muchísimas cenas improvisadas de urgencia cuando olvidamos sacar oportunamente la carne del frigorífico durante la larga noche anterior.

Confiar en el riguroso criterio científico mundial y en los prácticos consejos cotidianos de los grandes cocineros es la mejor manera de perder ese miedo irracional heredado.