Marcos Garcés junto a un tractor

Marcos Garcés junto a un tractor Omicrono

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Marcos Garcés, joven agricultor: “Somos una especie en extinción, la política apoya a quien debería estar fuera”

El reto del relevo generacional en el campo va más allá de los agricultores, porque es la innovación y el Big Data lo que impulsa la rentabilidad.

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En España, el papel del joven agricultor se enfrenta a múltiples desafíos dentro de un sector que tradicionalmente ha estado marcado por la experiencia de las generaciones mayores.

Marcos Garcés representa esta nueva visión productiva donde la tradición agraria y las herramientas digitales trabajan de forma conjunta para lograr un campo mucho más competitivo.

Este perfil profesional es considerado por muchos como una especie en peligro de extinción debido a las numerosas dificultades que implica emprender en el medio rural actual.

Estos emprendedores autónomos deciden vivir y trabajar en zonas despobladas porque disfrutan de su labor, aunque asumen un alto nivel de incertidumbre constante.

Las condiciones climáticas adversas y los mercados inestables complican el día a día de estas personas que apuestan por trabajar la tierra con metodologías modernas. Además, el riesgo asociado a las inversiones agrícolas frena en muchas ocasiones el impulso de aquellos que desean incorporarse a esta actividad esencial para la sociedad.

Sin embargo, la agricultura contemporánea exige tocar el terreno con las manos para comprender su estado natural mientras se planifica la siembra mediante un sistema de guiado automático. Las dosis de productos aplicados varían en función de un exhaustivo mapeado del campo, demostrando que la convivencia entre el pasado y el futuro es completamente viable.

Durante la próxima década, seis de cada diez productores agroalimentarios españoles alcanzarán la edad legal de jubilación y dejarán vacíos sus puestos de trabajo en el campo. Este dato resulta preocupante porque el sector no parece estar suficientemente preparado para atraer a las nuevas generaciones que deberían garantizar el relevo generacional necesario.

Tractor autónomo, el futuro de la explotaciones agrarias

Tractor autónomo, el futuro de la explotaciones agrarias Omicrono

Las políticas agrarias vigentes reciben críticas por centrar sus ayudas en perfiles que están a punto de abandonar la actividad en lugar de apoyar a los nuevos talentos. La agroalimentación sufre actualmente la renta más baja del continente europeo, lo que genera un clima de gran inestabilidad legislativa, climática y puramente mercantil.

Los jóvenes lo tienen claro, "la política agraria que tenemos está diseñada para apoyar a los que deberían estar fuera ya del sector o están a punto de salir. ¿Cómo podemos tener una política pública que apoya al pasado en vez de al presente o futuro?".

A pesar del panorama gris, las nuevas tendencias de consumo abren un inmenso abanico de posibilidades para los profesionales mejor formados del panorama agrícola. Estos jóvenes están plenamente capacitados para ocupar nichos de mercado emergentes y actualizar las formas de producción según las demandas de los compradores actuales.

Incorporar savia nueva resulta fundamental para evitar el abandono del medio rural y asegurar la supervivencia de la población en los pequeños municipios agrícolas. El aire fresco y los conocimientos avanzados que aportan estas generaciones son elementos indispensables para construir un horizonte próspero en el entorno productivo rural.

El perfil mayoritario del joven productor se corresponde con aquel que asume el relevo generacional estricto al heredar la explotación familiar de sus padres o abuelos. Por otro lado, existe un perfil menos habitual que decide comenzar su andadura desde cero, vinculándose generalmente a cultivos emergentes o a la venta directa de proximidad.

Ambos grupos comparten la formación especializada y la elección consciente de su profesión como grandes denominadores comunes dentro de su trayectoria vital. Estos profesionales no acuden al campo por falta de oportunidades alternativas, sino porque desean integrar conceptos como el valor añadido o el ciclo cerrado productivo.

Ciertos estudios institucionales demuestran cómo las explotaciones dirigidas por personas jóvenes resultan económicamente más rentables que la media general. Esta mejora en la rentabilidad responde a la eficiente integración de las nuevas tecnologías y a una visión organizativa mucho más afinada y actualizada.

La agroalimentación es uno de los sectores con mayor capacidad para innovar, aunque el ritmo de adopción de tecnologías sea algo más lento que en la industria urbana. Las principales barreras para esta digitalización incluyen la baja rentabilidad de algunas parcelas, la elevada edad media de los trabajadores y los problemas de conectividad rural.

Antiguamente, la mecanización supuso un gran salto cualitativo al sustituir la tracción animal por los potentes tractores que hoy recorren nuestras extensas zonas de cultivo. Hoy en día, herramientas como los sistemas de posicionamiento global o las aplicaciones precisas de fitosanitarios representan ayudas cotidianas que facilitan enormemente el trabajo físico.

La toma de decisiones en un entorno tan inestable requiere recopilar datos masivos mediante sensores repartidos por toda la superficie de la plantación comercial. Almacenar e interpretar esta información resulta crucial para optimizar los recursos disponibles y garantizar el respeto por el medio ambiente durante todo el proceso de crecimiento.

Tecnologías de registro distribuido prometen aportar un nivel de trazabilidad total que asegurará la máxima transparencia en los contratos de compraventa alimentaria. Todo este desarrollo tecnológico se convierte en el mejor aliado para producir mayores cantidades utilizando menos recursos y manteniendo un enfoque puramente sostenible. El agricultor lo deja claro, "tecnologías como el BIG DATA, el IOT o el BLOCKCHAIN son determinantes para seguir creciendo".

El concepto clásico de cadena agroalimentaria está evolucionando rápidamente hacia una red interconectada donde todos los actores del proceso participan de forma activa. Conseguir un reparto justo del valor del producto final será determinante para que esta red se consolide y permita la integración fluida de las innovaciones digitales.

Ya no basta con producir una materia prima excelente y venderla a granel, pues la verdadera rentabilidad reside en la transformación y el posicionamiento del producto acabado. Como indica Marcos, "ahora mismo vemos cómo a un agricultor ya no le vale solo con producir una materia prima y venderla, la rentabilidad está en transformarla, posicionarla y ser tú el que vendas el producto final y esto no es posible sin nuevas tecnologías."

Europa goza de los niveles de seguridad alimentaria más altos del planeta, pero mantener este estatus requiere aplicar un control riguroso sobre cada paso del cultivo. Los consumidores actuales demandan un etiquetado inteligente que les permita consultar el origen exacto y los procesos aplicados a sus alimentos en cualquier momento del día.

Educar al comprador es otro reto mayúsculo que puede apoyarse en recursos inmersivos como la realidad virtual y las plataformas de interacción social. El mercado actual cambia constantemente y presenta múltiples nichos horarios que obligan al productor a conocer exactamente qué cultivar y cómo hacerlo de forma eficiente.

La agricultura ya no consiste únicamente en buscar el beneficio económico, sino en proteger el entorno natural para asegurar la continuidad del propio empleo a largo plazo. El contacto diario con la naturaleza fomenta un profundo respeto por el ecosistema rural, motivando a los profesionales a introducir energías limpias en sus explotaciones agrarias.