Un altavoz portátil en una playa

Un altavoz portátil en una playa Unsplash Omicrono

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Ha entrado en vigor: los ayuntamientos multan con hasta 750 euros por usar el altavoz Bluetooth en la playa

La polémica sobre la prohibición de jugar a la pelota en las playas de Cádiz es sólo un ejemplo de las normas instauradas para garantizar la paz.

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En Cádiz ha saltado la polémica por una nueva ordenanza municipal que prohíbe completamente jugar a la pelota en la playa, además de otras actividades relacionadas, con pena de 750 euros de multa.

Es una medida presentada para proteger la paz y la tranquilidad de los turistas y bañistas que van a la playa para desconectar del ruido de la ciudad, pero que muchos creen que es excesiva al quitar un valioso entretenimiento a los más jóvenes.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esa no es la única norma similar que regula las playas españolas, y que actividades tan comunes como encender nuestro altavoz Bluetooth para escuchar música mientras tomamos el sol pueden repercutir en una cuantiosa multa.

En efecto, aunque no existe una ley nacional contra la música en la playa, en la práctica la mayoría de los ayuntamientos cuenta con ordenanzas y normativas que la prohíben en la práctica, siempre con la intención de hacer de las playas un lugar tranquilo.

Esto es especialmente importante teniendo en cuenta la enorme popularidad que están ganando los altavoces Bluetooth portátiles, algunos de los cuales están especialmente diseñados para ser usados en la playa al estar fabricados con resistencia al agua y al polvo.

Sin embargo, es posible que si conectamos nuestro smartphone al altavoz y empezamos a reproducir nuestra lista de canciones preferidas, nos encontremos con la policía local tarde o temprano.

Muchos altavoces con Bluetooth están diseñados para ser transportados

Muchos altavoces con Bluetooth están diseñados para ser transportados Chema Flores Omicrono

Pero primero, en la mayoría de los casos, los socorristas o informadores de la playa nos avisarán primero de que estamos siendo una molestia para el resto y nos solicitarán que bajemos el volumen o incluso que apaguemos el aparato completamente.

Si hacemos caso omiso a este aviso, entonces entrarán en juego los agentes de la autoridad, ya sea la Policía Local en la zona o la Guardia Municipal, que volverán a avisarnos de que estamos siendo una molestia.

Los agentes municipales son los únicos competentes para medir los decibelios y determinar si estamos superando los límites de contaminación acústica; la percepción subjetiva de cada persona no cuenta en la consideración de si merecemos una multa.

Multas por escuchar música en la playa

Si los agentes lo consideran, entonces se podrá tramitar una denuncia que repercutirá en una sanción económica, que depende en buena medida de las ordenanzas de cada municipio y de los periodos establecidos como veraniegos o de baño.

En la mayoría de los casos, las multas oscilan entre los 100 y los 750 euros, aunque la cuantía depende en buena medida de agravantes como que hayamos subido el volumen en vez de bajarlo cuando nos lo han pedido.

Por ejemplo, en El Puerto de Santa María, la ordenanza que se mantiene activa durante toda la temporada de baño establece sanciones que alcanzan los 750 euros para quienes utilicen aparatos de radio o instrumentos que generen molestias sonoras.

En cambio, en Motril, Granada, la normativa fija sanciones económicas que llegan a los 300 euros. Otros municipios incluso contemplan agravantes como daños ambientales o la reincidencia, como en Málaga, donde si la infracción se considera grave (es decir, hemos hecho otras cosas aparte de poner un altavoz como llevar a nuestro perro), se pueden alcanzar multas de hasta 3.000 euros.

Por todo esto, la recomendación general de las autoridades para disfrutar de la música sin molestar al resto de bañistas es utilizar siempre auriculares, ya sean inalámbricos o por cable, para escuchar la música de nuestro dispositivo.