Dorit Aviv Omicrono
Dorit Aviv, arquitecta: "con la refrigeración radiante se puede mantener fresca a la gente sin necesidad de enfriar el aire"
Hay opciones de climatización de espacios que no implican recurrir al aire acondicionado o los ventiladores, siendo más amigables con el usuario.
Más información: El mejor tipo de refrigeración es una combinación de aire acondicionado y ventilador
En un mundo que se calienta a pasos agigantados, la búsqueda de la frescura se ha convertido en una carrera de supervivencia.
Hasta ahora, nuestras armas principales han sido el ventilador, que simplemente mueve el aire, y el aire acondicionado, una tecnología que, aunque eficaz, nos ha encerrado en un círculo vicioso: enfriamos nuestros interiores mientras calentamos el planeta.
Sin embargo, una nueva vanguardia arquitectónica propone una alternativa que parece sacada de la ciencia ficción, pero que es tan antigua como el propio sol: la refrigeración radiante.
El sector de la edificación es responsable del 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y la refrigeración es el uso de energía que más rápido crece en los edificios.
Según las predicciones de expertos como Dorit Aviv, directora del Laboratorio de Arquitectura Térmica, la demanda de energía para enfriar se triplicará en los próximos 30 años.
El problema del AC no es solo energético. Durante la pandemia de COVID-19, se hizo evidente que nuestro paradigma actual de ventilación, basado en recircular el aire para ahorrar energía, convierte a los edificios en sitios de rápida transmisión de virus.
Si intentáramos ventilar solo con aire fresco del exterior usando sistemas convencionales, el gasto energético se dispararía más de un 200% en climas como el de Boston. Es aquí donde la refrigeración radiante surge no solo como una opción, sino como una necesidad para crear lo que Aviv denomina "edificios que respiran".
¿Qué es y cómo se consigue la refrigeración radiante?
A diferencia de los ventiladores, que dependen del movimiento del aire para refrescarnos, o del AC, que enfría todo el volumen de aire de una habitación, la refrigeración radiante se enfoca en las superficies.
La clave está en entender que los seres humanos intercambiamos calor constantemente con lo que nos rodea a través de la radiación infrarroja. En lugar de tratar el aire como un vacío que hay que enfriar, la refrigeración radiante utiliza paneles con tubos de agua fría que absorben el calor directamente de nuestros cuerpos.
Sistemas de membranas Omicrono
Sin embargo, esta tecnología siempre tuvo un gran enemigo: la condensación. En climas húmedos, si una superficie se enfría por debajo del "punto de rocío", se llena de agua, como una lata de refresco fría en verano. ¿Cómo han logrado los científicos superar este obstáculo?
El avance fundamental, probado con éxito en un pabellón en Singapur, consiste en el uso de una membrana especial transparente al infrarrojo. Esta membrana funciona como una barrera de vapor que impide que el aire húmedo toque la superficie fría del panel, evitando la condensación. Lo asombroso es que, aunque el aire no pasa, la radiación térmica sí lo hace. Es decir, una persona puede sentir el "frío" radiante del panel sin que el aire de la estancia tenga que estar congelado.
Tres ventajas principales
Este sistema tiene algunas ventajas frente a formas de climatización convencionales. Para empezar, el ahorro energético es radical.
Al desacoplar la refrigeración del aire que respiramos, podemos dejar de enfriar toneladas de aire innecesariamente. En ciertos climas, la combinación de refrigeración radiante y ventilación natural puede suponer un ahorro de energía de hasta el 45%.
Malla Omicrono
Por otro lado, este sistema permite tener las ventanas abiertas incluso en climas cálidos y húmedos. Como el confort viene de la superficie y no del aire estancado, podemos permitir que el aire exterior circule libremente, mejorando drásticamente la salud ambiental del edificio.
Por último, es posible crear una suerte de confort personalizado dado que los paneles radiantes pueden colocarse cerca de las personas, permitiendo crear microclimas específicos sin necesidad de acondicionar espacios vacíos inmensos.
Un cambio de mentalidad
Implementar esta tecnología no solo requiere instalar tubos de agua, sino un cambio de paradigma en cómo diseñamos. Debemos pasar de ver la arquitectura como objetos aislados a verla como mediadores de calor y flujo de aire.
Existen ya prototipos innovadores para distintos entornos. En desiertos, se están probando captadores de viento que combinan la refrigeración por evaporación con membranas de hidrogel y enfriamiento radiante hacia el cielo nocturno.
En las ciudades, esto podría significar el fin de los ruidosos compresores de aire en las fachadas, sustituyéndolos por superficies silenciosas y activas que imitan la frescura de una cueva o de la sombra de un árbol.