El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Kyle Mazza Europa Press

Omicrono

EEUU cambia la construcción para siempre: inyecta CO₂ en el cemento para hacerlo un 13 % más resistente en solo 24 horas

Investigadores observan por primera vez cómo el dióxido de carbono transforma el hormigón desde dentro, aumentando su fuerza rápidamente.

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Durante décadas, la industria ha lidiado con un desafío monumental: la fabricación de cemento es responsable de entre el 7 % y el 8 % de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2).

Sin embargo, una reciente y sorprendente investigación liderada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) acaba de darle la vuelta a este escenario, demostrando que este gas no solo puede quedar almacenado permanentemente dentro del material, sino que mejora radicalmente sus propiedades estructurales en sus primeras horas de vida.

La idea de inyectar CO2 capturado en hormigón fresco ya se estaba explorando comercialmente para reducir la huella de carbono de la construcción, pero el gran misterio científico residía en por qué este método mejoraba el rendimiento del material, ya que nadie había podido observar las reacciones químicas internas.

Utilizando microscopía Raman confocal, una técnica avanzada que emplea el reflejo de la luz de un láser para identificar compuestos químicos en tiempo real, el equipo del MIT logró seguir minuto a minuto la transformación.

Descubrieron una secuencia rápida y oculta que redefine la forma en la que fragua el cemento. Al entrar en contacto con la pasta fresca, el CO2 desencadena una fascinante reacción en cadena al reaccionar primero con el calcio liberado por el clínker, transformándolo temporalmente en carbonato cálcico.

El nuevo cemento más resistente ideado por el MIT.

El nuevo cemento más resistente ideado por el MIT. MIT Omicrono

Al quedarse sin calcio disponible, los silicatos de la mezcla se dispersan y forman una red gelatinosa rica en sílice a la que los investigadores bautizaron como gel fantasma.

Cuando el dióxido de carbono termina de mineralizarse, el calcio reaparece y, al reaccionar con la red de sílice previamente expandida, genera silicato cálcico hidratado, el verdadero pegamento que da fuerza al cemento.

A diferencia del proceso tradicional, este material aglutinante se distribuye de forma mucho más homogénea, creando una estructura sin apenas puntos débiles.

Los ensayos de laboratorio confirmaron que las muestras con apenas un 1 % de CO2 inyectado lograron un aumento de resistencia a la compresión del 13 % en tan solo 24 horas, una ventaja competitiva enorme en el sector del hormigón prefabricado y la construcción a gran escala.

Lograr esta dureza temprana permite reducir drásticamente los tiempos de curado, acelerar los ciclos de producción y conseguir importantes ahorros energéticos, además de que una estructura más compacta se traduce en edificios e infraestructuras mucho más duraderos.

Este hallazgo no podría llegar en un momento más oportuno, ya que ante el endurecimiento de las normativas europeas para medir y reducir las emisiones incorporadas en los edificios, comprender cómo interactúa el CO2 con el cemento abre la puerta a crear nuevas fórmulas.

A partir de ahora, se podrían diseñar mezclas que incorporen residuos industriales ricos en sílice, como cenizas o escorias, minimizando el uso de materias primas vírgenes y permitiendo que las futuras plantas de construcción capturen el carbono de industrias cercanas para fabricar materiales de primera calidad.