Lanzamiento de una bomba MOP desde un B-2 Spirit.

Lanzamiento de una bomba MOP desde un B-2 Spirit.

Omicrono

EEUU cambia las normas con la GBU-57 MOP: una bomba antibúnker de 13.600 kg que podría volver a usar contra Irán

Tras estrenarlas en Irán en 2025, EEUU repone su arsenal de bombas MOP y reafirma su capacidad para atacar instalaciones subterráneas estratégicas.

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En junio de 2025, el mundo fue testigo de un hito militar sin precedentes. Durante la Operación Midnight Hammer, Estados Unidos desplegó por primera vez en combate su arma convencional más devastadora: la GBU-57 MOP.

Con 13.600 kilos de peso y lanzadas desde bombarderos furtivos B-2, estas "súper bombas" perforaron las montañas de Irán para desmantelar las instalaciones nucleares subterráneas de Fordow y Natanz.

Hoy, con el Pentágono reabasteciendo su arsenal de emergencia en 2026, Washington deja un mensaje claro: el arma que reescribió las reglas de la guerra está lista para volver a caer si las tensiones escalan.

Una bomba diseñada para destruir búnkeres

La GBU-57, conocida como Massive Ordnance Penetrator (MOP), es la bomba antibúnker convencional más potente del arsenal estadounidense.

Con un peso cercano a las 30.000 libras (unos 13.600 kg), fue diseñada específicamente para penetrar objetivos extremadamente protegidos: instalaciones militares enterradas bajo capas de hormigón, roca o incluso montañas.

A diferencia de otras bombas guiadas, la MOP no basa su potencia únicamente en la explosión. Su estructura de acero de alta densidad le permite perforar decenas de metros de roca y hormigón antes de detonar, destruyendo instalaciones subterráneas casi indestructibles.

Su uso también está condicionado por la plataforma desde la que puede lanzarse. Solo los bombarderos furtivos B-2 Spirit pueden transportarla, lo que limita su empleo a la Fuerza Aérea de EEUU y refuerza su carácter estratégico.

El primer uso real en combate

Hasta 2025, la bomba había permanecido como un arma estrictamente disuasoria dentro del arsenal estadounidense. Sin embargo, esa situación cambió con la operación militar contra el programa nuclear iraní, cuando Washington decidió utilizarla por primera vez.

Durante la ofensiva, varios bombarderos B-2 lanzaron un total de catorce bombas MOP sobre instalaciones clave del programa nuclear de Irán.

Entre los principales objetivos se encontraban los complejos de Fordow Fuel Enrichment Plant y Natanz Nuclear Facility, dos centros de enriquecimiento de uranio fuertemente protegidos y parcialmente enterrados bajo terreno montañoso.

Las bombas se lanzaron de forma secuencial sobre los mismos puntos, con el objetivo de atravesar las capas sucesivas de roca y hormigón hasta alcanzar las cámaras internas, donde se encontraban las centrifugadoras y otros equipos nucleares.

El uso de la GBU-57 marcó un punto de inflexión en la guerra moderna contra instalaciones subterráneas, ya que durante décadas muchos países habían protegido sus infraestructuras militares y nucleares enterrándolas profundamente para resistir ataques aéreos.

Para contrarrestar esa defensa se desarrolló la MOP, un arma capaz de penetrar capas de roca y hormigón y cuya existencia disminuye la ventaja estratégica que ofrecían los complejos subterráneos.

De hecho, la efectividad de la MOP se potencia al combinarse con el bombardero furtivo B-2, formando juntos una capacidad prácticamente exclusiva de EEUU para atacar objetivos que antes parecían inaccesibles.

Esta combinación única coloca al país presidido por Donald Trump en un nivel estratégico inigualable, porque ningún otro país dispone de aeronaves capaces de transportar y emplear este tipo de armamento con la misma penetración y precisión.

El mensaje del Pentágono 

Tras los ataques de 2025, el Pentágono ha iniciado la reposición de su arsenal de bombas MOP para recuperar las unidades utilizadas durante la operación, asegurando que su capacidad militar no se vea comprometida.

Esto sugiere la necesidad de Washington de conservar abierta la opción de atacar nuevamente infraestructuras nucleares profundamente enterradas si la tensión con Teherán sigue escalando, manteniendo así la presión sobre su programa nuclear.

En un contexto de creciente rivalidad regional y de incertidumbre sobre las intenciones iraníes, la GBU‑57 se consolida como una de las principales herramientas de disuasión militar de Estados Unidos, simbolizando tanto poder como determinación estratégica.